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La calesita, abandonada y destruida

UNA MUESTRA DE LA DESIDIA

En Santa Rosa supo haber algunas calesitas -no muchas- en distintos puntos de la ciudad; y la última que se conoció funcionando es la que se ubica en el parque recreativo Don Tomás, aunque hoy la desidia ha llevado a que esté prácticamente destrozada.
En algún paseo quedan todavía pequeñas plataformas circulares -e esas que se giraban a mano, empujados por una persona- pero tampoco funcionan.
La calesita, conocida también como carrusel, o tiovivo -seguramente muchos que puedan leer estas líneas la tendrán presente- no es otra cosa que una armazón rotatorio con asientos para los pasajeros.

Un grato recuerdo.
Cómo no recordar el colorido de esos «asientos» con formas de caballos de madera, o de otros animales. Hubo algunos que se movían hacia arriba y hacia abajo de manera de simular el trote del caballito. En tanto el carrusel giraba y giraba una música pegadiza acompañaba el momento que los chicos tanto disfrutaban.
La sortija era un aditamento extra en el juego: se trataba de un instrumento metálico insertado en una pieza de madera con forma de calabaza que el calesitero agitaba ante los manotones de los niños que querían atraparla. El pibe que la agarraba tenía derecho a una vuelta más en la calesita.

Hubo algunas pocas.
Hay que decir que las antiguas calesitas tenían además otros animales con formas de elefantes, cerdos, perros o conejos. En los primeros tiempos se movían tirados por caballos, cuando no por el esfuerzo humano.
La calesita fue siempre una gran atracción para los más chicos, y en Santa Rosa hubo algunas ubicadas en distintos lugares. Seguramente el lector podrá sumar más a las que aquí se puedan mencionar. Las hubo en la esquina de Rivadavia y Sarmiento (frente mismo al parque infantil José R. Oliver), también en un terreno que se ubicaba en plena avenida San Martín al 200 -hoy hay una serie de comercios allí-; y también hubo una instalada en la calle Quintana donde ahora hay un espacio donde se celebran cumpleaños de chicos. También algún parque de diversiones que llegaba cada tanto a Santa Rosa solía tener alguna.
Hoy las calesitas están prácticamente desaparecidas, y las pocas que quedan o no funcionan o no son tenidas en cuenta por casi nadie.

Los nuevos juegos.
Hay que admitir que estos tiempos de tecnología y electrónica, basados sobre todo en aparatos de computación e internet -tablet, juegos electrónicos y todo lo que tienen dentro los teléfonos celulares-, desplazó casi completamente aquellos entretenimientos que -a los que ahora somos mayores- resultaban una grata atracción.
Ante esta parafernalia aparece casi antiguo hablar de determinados esparcimientos que ahora se pueden ver muy triviales. Hoy aquellos juegos aparecen insignificantes ante muñecos que hablan, tosen o se ríen -que parecen casi robots-, o frente a los ya muy difundidos videojuegos.
Los chicos ya no juegan a las figuritas, ni a la bolita, ni hablar de hacer girar un trompo o tan siquiera disfrutar de un lindo «yoyó». Ya no les interesan, quizás porque ni siquiera llegaron a conocerlos. ¿Con las calesitas sucederá lo mismo?

¿Se puede arreglar?
Lo cierto es que en el Parque Recreativo Don Tomás, desde hace años, hay una calesita instalada. Funcionó algún tiempo concesionada, pero después de diversas roturas casi fue abandonada y nadie más se encargó de ella. Una lona cubrió su estructura por mucho tiempo, pero en los últimos meses el deterioro se hizo más evidente. Los que nunca faltan hicieron lo suyo y entraron a romper: la lona, los juegos, y todo lo que pudieron.
¿La Municipalidad dejará que eso siga pasando, o tomará alguna medida para ver si se puede recuperar? ¿tendrá alguna respuesta para esto?
Por de pronto el trencito que corría por la estrecha trocha en el mismo parque funcionó algunos días, pero rápidamente salió de servicio. El geiser que un día quiso instalar el ex intendente Néstor Alcala permanece tirado detrás del gimnasio de boxeo.
¿Alguien le puede decir al jefe comunal que algunas cosas son buenas, necesarias, y no tienen un costo demasiado alto? Quizás sería bueno que así sea.

Un entrenamiento para el combate.
El primer carrusel o tiovivo de que se tiene información es el que aparece en un bajo relieve del Imperio Bizantino hacia el año 500 de nuestra era, que muestra un grupo de personas dentro de cestas suspendidas de un poste central. La palabra carrusel tiene sus orígenes en el italiano garosello y español carosella («pequeña batalla»), usada por los cruzados para describir un ejercicio de entrenamiento para combate y un juego común entre los jinetes turcos y árabes hacia el 1100. En cierto sentido este dispositivo puede ser considerado un mecanismo para el entrenamiento de la caballería; reforzaba la preparación de los jinetes para la batalla al atacar con espadas de madera a muñecos que representan al enemigo.
Los cruzados descubrieron este método y llevaron la idea a sus señores y reyes en Europa. Allí el carrusel se mantuvo en secreto dentro de los castillos, siendo usado para el entrenamiento de los jinetes; los carruseles no eran mostrados al público en general.
Para la caballería turca y árabe se construyó un carrusel en 1689 como aparato de entrenamiento: consistía en caballos de madera suspendidos de vigas soportadas por una columna central. Los jinetes apuntaban con lanzas tratando de ensartar anillos ubicados alrededor del tiovivo movido por hombres, caballos y mulas.
Pasados los años se construyeron pequeños carruseles para juegos que se ubicaron en jardines privados de la realeza.

La Calesita del Parque Recreativo Don Tomás. Abandonada y destrozada