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La cálida voz de Marcela Eijo

Ha sido docente del área de artística, actividad de la que se retiró hace poco. Es una de nuestras mejores intérpretes, y está muy bien considerada tanto en nuestro ámbito como fuera de la provincia.
MARIO VEGA
Ciertamente dentro de nuestro cancionero hay cantantes que tienen una larga y trascendente trayectoria. Artistas que hace décadas transitan los escenarios para deleitar con el espectáculo que brindan… y no caben dudas que una de las más distinguidas es Marcela Eijo… y si la mencionamos a ella no se puede dejar de mencionar a un músico fantástico… que no es otro que Fede Camiletti, con quien conforma un dúo que va más allá del quehacer artístico.
«Sí, estamos juntos hace 25 años», expresa sonriente (¿siempre está sonriente Marcela?…). Es la impresión que me da cada vez que la veo.

Extensa trayectoria.

Dueña de una voz cálida y transparente, viene incursionando hace muchos años entre el tango y el folklore y, hay que decirlo, siempre mostrando la calidad de su repertorio.
Si bien la escuché cantar en numerosas oportunidades, no conozco demasiado a Marcela en lo personal… esto es sobre su cotidianeidad, de cómo es la vida de la artista cuando las luces se apagan, y sólo quedan los ecos de los aplausos después de una actuación.
Aunque sí conocí bastante a su papá, Roberto Eijo, un verdadero personaje.

Cantar y ser feliz.

Siempre sostuve que cantar -hacerlo bien- es una gracia que la naturaleza no nos brinda a todos los humanos (y puedo dar fe de esto). Y sí, están las personas que resultan bendecidas por ese don y supongo deben ser muy pero muy felices con lo que hacen. Creo que de haberme tocado habría contribuido a que mi vida fuera más linda… aunque no tengo demasiados motivos para quejarme. Pero cantar hubiera estado bueno…
En el caso de Marcela Eijo -si es siempre como se muestra cada vez que tuve la oportunidad de verla- se me ocurre que debe ser muy feliz… más allá de los avatares a que nos somete la vida a cada instante. Y de esta angustia que nos ha atrapado desde hace más de un año frente a una realidad que jamás hubiéramos imaginado.

La música, central.

Me recibe en su amplia casa de Venezuela 1356 para charlar -bien desde lejos, guardando la distancia social-, con esa amplia sonrisa que muestra su rostro todo el tiempo… Me da la impresión que le encanta conversar y relacionarse, y que es positiva y alegre… Y si mal no recuerdo su papá era de lucir continuamente una sonrisa en banderola. Casi como un documento de su personalidad. Y pienso que Marcela es en ese sentido parecida.
En la charla enseguida uno cae en la cuenta que la música es central en su vida… Sí, porque obviamente antes que todo está la familia… pero si se habla de las actividades que una persona desarrolla en su transcurrir, en el caso de Marcela pasa esencialmente por las melodías, por la cadencia de una canción y el sonido mágico de un instrumento.
Y si a su lado está Fede Camiletti, el combo pasa a ser completo…

El trío y los nombres…

La escuché tantas veces cuando formaba parte de ese trío que no tenía nombre -o en realidad eran tres nombres: Marcela Eijo, Fede Camiletti y Alejandro Mecca, en el orden que el presentador los ubicara-, que por supuesto sé de su valor y su calidad como artista. Aunque en su sencillez -que es una característica de su personalidad- Marcela nunca se la creyó y conserva la humildad de sus inicios, aunque haya recorrido ya un largo camino, y que en ese transitar resultara galardonada tantas veces…

La familia.

Hija de Roberto Eijo y Consuelo Amelina Pico -«Chingolo» le decían- los dos nacidos en Buenos Aires y ya fallecidos, tiene una única hermana, Liliana. «Ella es cuatro años mayor y es mamá de mis dos sobrinos, Mauro y Matías, que me hicieron tía abuela de Fausto (5) y Libertad (3 meses), y Liliana como mamá es trabajadora social», precisa.
«Con Fede estamos juntos desde hace 25 años», sigue diciendo y en tanto Camiletti ultima detalles en otro sector de la vivienda, ella empieza a contar sobre su vida.

Los hijos.

Marcela tiene dos hijos… «Yanina, hija de un primer matrimonio, es profesora de matemática, hace sesiones de Reiki, toca la guitarra, da clases de canto, comenzó a estudiar astronomía y hace varios años está radicada en La Plata. Con Fede tenemos a Manuel, de casi 18 -los cumple este lunes-, que está viviendo hace poco en Córdoba, estudiando Física… y claro, también le gusta cantar, tocar la guitarra criolla y eléctrica y escribe sus propias canciones. Manu en 2019 presentó en el ATTP el cd ‘Inmortales’ que grabó junto a Federico y está subido a Spotify», completa.
Roberto, el papá de Marcela, fue el kinesiólogo matrícula n° 1 en Santa Rosa; y curiosamente su mamá Consuelo tenía la matrícula n° 1 como Asistente Social. «Así que orgullosa de tener como padres a los pioneros en su profesión», completa sobre su familia.

Distintos barrios.

Sigue diciendo que si bien nació en Capital Federal, desde pequeña vivió en Santa Rosa: «Primero en una casa en Juan B. Justo y Villegas; luego en Don Bosco 70, y de ahí tengo muy presentes los carnavales, junto a los Fernández, Revilla, Mattei, Cortada…y las guerras de agua y los disfraces», y no puede evitar una sonrisa ante el recuerdo. Más tarde en Villa del Busto… tiempos de juegos, de patinar en el Parque Oliver, y los veranos ir caminando hasta la Quinta de Las Monjas para pasarla muy bien».
Su adolescencia transcurrió -cuando los padres pudieron concretar el sueño de la casa propia-en Villa Elvina, en la calle Sucre. «En esa época calles de tierra, pocas casas, en un barrio que se fue habitando de a poco…».

Estudios y trabajo.

Hizo la primaria en la Escuela N° 2, y la secundaria en el Normal: «Cursé los 5 años y me quedaron materias… así que pasado un tiempo hice 5° nuevamente, ahora en el Nocturno Ayax Guiñazú, cuando estaba ubicado en la Escuela 74 en la Avenida Uruguay. Después de pasar por el Normal trabajé con mi papá en la ‘Ortopedia Rivadavia’, en Gil 584 (antes en Avenida San Martín 190). Más tarde estudié en Bellas Artes donde me recibí de Maestra Especial en Artesanías», indica.

Marcela y la música.

En su narración no omite detalles, y recuerda todo perfectamente. «En casa se escuchaba mucha música, la radio. Los fines de semana Mochín Marafioti, o en el tocadiscos; y luego los casetes. A papá le gustaba mucho el jazz, : Oscar Alemán, Glenn Miller… y a mamá la música clásica, las zarzuelas; y con mi hermana tenemos gustos parecidos: Serrat, la Negra Sosa, León Gieco, Víctor Heredia…. Pero también me gusta escuchar a Susana Rinaldi, Jairo, Queen, Ana Belén, Opus 4, Cuarteto Zupay…». Como se ve un amplísimo espectro que contribuyó a su formación musical.
Muy jovencita aún cantó en el coro provincial dirigido por monseñor Lazzaleta… «y bailaba folclore en las clases que dirigía Guito Gaich en el hall de la Municipalidad. Ya me gustaba mucho cantar, pero como siempre fui tímida lo hacía pero en casa. Ah! Y de muy chica también tomé clases de piano», expresa.

Marcela y el canto.

Tiene muy presente cada instante que la ha relacionado con la música. «Sí… en 1989 leí en LA ARENA que Gladys Martino dictaba clases, y empecé con ella. La pianista que nos acompañaba era Adelma Keller y nos presentamos en diferentes escenarios: el Teatro Español, el Auditorio del Colegio Médico, y en General Pico. A veces acompañada por músicos como Mónica Figueroa, Nilda Romero y Roberto Sessa».
Al mismo tiempo formó parte de un Coro de Cámara que dirigía Gustavo Fernández Mendía, con el que participaron en los «Octubre Coral», y en los encuentros de «Canciones Navideñas», junto a compañeros como Lily Susvielles, Sisi Gallo, Cachu Marín y Piche Pérez.

La novicia rebelde.

Fue en 1992 que Gladys Martino le propuso participar de una grabación para una obra de teatro, «La novicia rebelde», que dirigían Martín Etcheverts y Javier Mecca. «Acepté… tenía que grabar la voz de La Novicia, sobre una base musical realizada en Buenos Aires. Se grabó en los estudios de Guillermo Mangano y fue una experiencia hermosa. Me resultó muy raro cuando se estrenó la obra en el Teatro Español, porque lo primero que se escuchaba era mi voz…», dice aún con cierta emoción al mencionar lo que aquella circunstancia le provocó.
Más tarde habría de conocer a Ana Santa Juliana con quien entabló «una linda amistad… me contó que cantaba en el ‘Grupo Belén’, que necesitaban una voz femenina y me invitó. Allí conocí a Juan Montalvo, Laura Ré, Gabriela Sevillano, Gabriela Etcheverry, Javier Mecca, Roberto Roldán, Alejandro Mecca, Marcos Bustos, y sin saber que nos depararía el destino también a Federico Camiletti…», vuelve a sonreír.

Cantando en todos lados.

Decía al principio que el repertorio de Marcela Eijo fue transitando entre el tango y el folklore. Y así se presentó en el Festival de Tango de La Falda, junto a grandes figuras como por ejemplo Rubén Juárez.
En tanto en el folklore, junto a Federico Camiletti y asesorados por Héctor Urquiza grabaron ‘Agua de todos’, un compilado de obras tomadas del Cancionero de los Ríos, compartiendo con invitados de valía como Juani De Pián, Guito Gaich, Laura Paturlane, Juan Iñaqui, Guillermina Gavazza, Edgar Morisoli y Lalo Molina, entre otros.

Con otros músicos.

Marcela -dicen sus colegas- es participativa y siempre responde ante las diferentes propuestas realizadas por otros músicos pampeanos con quienes ha compartido el camino. Como Javier Villalba, Delfor Sombra, y con Roberto Yacomuzzi en su disco «Las cantoras-Médanos y Luna».
Es convocada frecuentemente en nuestro medio para aperturas y cierres de jornadas de diferente índole; y se ha presentado además en distintos sitios santarroseños y en localidades del interior de la provincia. También en la Casa de La Pampa, en la Feria del Libro, en el Senado TV, en el programa Tardes Federales (Radio Nacional), y en grandes escenarios como Cosquín, Neuquén y Rosario.

La vida y el canto.

Como quedó dicho, ha sido acompañada por Federico Camiletti, con quien lograron un trabajo muy interesante a la hora de la interpretación de la canción popular, en sus diferentes estilos con piano y voz. Y quienes conocen su obra -un repertorio amplio y diverso- sostienen que quizás una de sus mejores interpretaciones sea «Confesión del viento», obra de Roberto Yacomuzzi y Juan Falú.
No es nada rogada para cantar… y mientras el fotógrafo le pide que en el estudio de grabación entone algunas estrofas -con Fede en el teclado-, arranca con «Uno», y verdaderamente es toda una delicia. «Me gustan muchas, pero si me dejás elegir -señala- te digo ‘Decíme cómo está’, un tango-canción de Carmen Guzmán y Mandy». Y canturrea… «tantas madrugadas caminando por Corrientes, tanta gente trasnochando por sus calles, tantas charlas en esas mesas con cafés interminables… decíme, Buenos Aires ¿cómo está?’. De verdad me gusta muchísimo», afirma.
Y vaya si encierra nostalgia esa letra que refiere a otro tiempo no tan lejano, cuando no se había desatado aún la pesadilla y se podía caminar libremente por las calles. «Ya volverán esos tiempos… tengamos esperanza», pide casi en un susurro Marcela.

Un privilegio.

Nos vamos de su casa y me quedo pensando… Y sí, claro que sí… cantar y hacerlo estupendamente es todo un privilegio. Y entonces aquellos que tanto aman ponerle su voz a una canción, cómo no lo van a hacer cada vez que se lo pidan… como hace ella.
Porque quizás sea eso, la posibilidad de poder interpretar un tema, lo que explique que se pueda andar por la vida con una sonrisa dibujada en el rostro todo el tiempo… Sí, tal vez sea eso.

Un tema premonitorio

Podría decirse que hubo en la vida de Marcela Eijo y Federico Camiletti algunos momentos que los marcarían para siempre… «Me invitaron a cantar en el cierre de la academia de danzas de Andrea Santamarina, donde bailaba mi hija Yanina. Le propuse a Federico si quería acompañarme; aceptó y el 18 de noviembre de 1995, sobre el escenario del Teatro Español, me acompañó: hicimos ‘El día que me quieras’ y ‘Honrar la vida’. Esa iba a ser la primera vez», precisa.
Ya en el verano de 1996 comenzaron a ensayar junto a Alejandro Mecca y el 8 de mayo de ese mismo año, en el «Café de Sonia», interpretaron canciones latinas, algo de tango y ellos dos (Mecca y Camiletti) hicieron música instrumental. «Era actuar los miércoles, viernes y sábados por las noches, en distintos pubs y parrillas… viajábamos a Trenque Lauquen, a un pub que era en la estación de trenes. Mientras yo continuaba dando clases en la Escuela 205 de Toay», sigue.

Premio en Festival de Tandil.

En 1998 se encuentran con Carlos Urquiza, que junto a José Wagner habían ganado un Pre-Cosquín, con el Dúo Distancia. Ellos hablaron con Fede para que los acompañe con el piano en Cosquín, en enero del 1999. «Como fui a acompañarlos me dieron ganas de participar en algún concurso, y como en febrero se hacía ‘El festival de la sierra’ en Tandil ahí fuimos: el Dúo Distancia y yo. Me acompañaban Carlos y Ramiro Urquiza y Federico… y ganamos el primer premio en Voz Femenina y fuimos premio Revelación del Festival», rememora.
Obviamente resultó un acicate… «Volvimos felices, con ganas de presentarnos en el Pre-Cosquín, y en octubre de ese año en Eduardo Castex hicimos folclore y tango. Me acompañaron en folclore, Carlos Urquiza y Gustavo Rojo en guitarra, Marcos Bustos en batería y percusión, y Federico en piano; y en tango sólo Fede… Ganamos en los dos rubros y no lo podíamos creer», relata.
Fue en enero de 2000 que tomaron parte del Pre-Cosquín: «Pasamos a la final en los dos rubros, y ahí quedamos… una experiencia inolvidable. De ahí salió la oportunidad de ir a cantar a Oberá, Misiones, a la Fiesta del Inmigrante, de actuar en Canal 7 en el programa ‘Sin Estribo’; y luego en ‘Telefood’, donde conocemos a Víctor Hugo Morales. Y también cantamos en la entrega de ‘Los Martín Fierro del interior’ que se realizó en el Casino Club de Santa Rosa, y se transmitía en directo por Canal 7», puntualiza.
Y es un breve resumen, porque si tuviera que mencionar grabaciones y actuaciones no alcanzaría con un libro… Y todavía -después que esto pase-, tienen con Fede otros muchos sueños por concretar. Por supuesto.