La historia olvidada de los esclavos Ranqueles

El domingo 19 de agosto, diferentes comunidades de la Nación Ranquel, autoridades del Consejo de Lonkos de La Pampa y demás referentes, visitaron la Comuna de San Pablo en la provincia de Tucumán, localidad que tomara ese nombre a raíz del antiguo Ingenio San Pablo fundado en 1832, propiedad de Jean Nougués. Ingenio que funcionara como principal centro de confinamiento de indios del Chaco a partir de 1875 y de ranqueles entre los años 1878 y 1882, condenados a trabajos forzados en condiciones infrahumanas de esclavitud.
El predio histórico que ocupó ese ingenio azucarero alberga actualmente al Campus de la Universidad San Pablo.
La delegación de Lonkos Ranqueles encabezada por el presidente del Consejo Pedro Coria y en compañía de las autoridades comunales secretario general Sergio Romero, la secretaria de Comunicación, Jimena Lencina, y la arquitecta Verónica Lombardelli del Colegio de Arquitectos de Tucumán, recorrió las instalaciones abandonadas, los hornos, las cuadras en donde se condenaba a las familias ranqueles al hacinamiento, los antiguos solares donde se ubicaba el cementerio, la vieja represa y el casco principal de la casa de los Nougués.

Los señores del azúcar.
Durante las postrimerías de la primera etapa de la Campaña del Desierto, el general Roca dispuso con venia del presidente Nicolás Avellaneda y la connivencia del generalato la desintegración del pueblo ranquel mediante la separación de niños, adolescentes, personas de avanzada edad y hombres activos a los cuales les tocó el traslado hacia el Tucumán para servir como mano de obra barata a los señores del azúcar, por lo general grandes empresarios y terratenientes tucumanos que aportaban dinero a la campaña presidencial de Roca, ya que resultaba comprovinciano y conocido íntimo de aquellos.
Para ese entonces, la viuda de Nougués Josefa Lucinda Romero Urrea, a cargo del ingenio, traslada la administración a su hijo Luis Francisco Nougués, quien en continuas tertulias junto con el gobernador Martínez Muñecas, dejó entrever a Roca la problemática del mercado azucarero, ocasionada por la falta de brazos y de adaptación de los aborígenes chaqueños al rudo trabajo de la zafra.

Primer contingente.
En 1878 resuelven aceptar la sugerencia de Roca que consistió en trasladar a sus campos y a costo propio, indios ranqueles ya concentrados en la reserva de Las Totoritas (Villa Mercedes, San Luis), Fuerte Sarmiento (Córdoba) y posteriormente aquellos alojados en la isla Martín García, para utilizarlos en reemplazo de los chaqueños, bajo un contrato laboral vergonzoso que jamás se cumplió.
De esta manera, a fines de 1878 un primer contingente de 335 ranqueles (familias completas, niños y chusma) fue trasladada de Mercedes a Sarmiento y de ese mismo fortín a pie hasta el Tucumán, traslado que vigilado por soldados del Ejército Argentino, significó una marcha tortuosa en la cual fallecieron niños y ancianos que no soportaron tal peregrinación ni la silenciosa y mortal viruela.

Trenes nocturnos.
En 1876 llegó el ferrocarril a San Miguel de Tucumán y dos años más tarde se terminó la Estación San Pablo, por lo que las remesas siguientes que salieron de Villa Mercedes y desde Martín García, previo viaje en vapor hasta Rosario, fueron enviadas en trenes de carga precintados hasta las tierras mismas del ingenio, con custodia de personal del Ejército y hombres contratados por los dueños de los ingenios, por lo general se enviaban estos trenes en horarios nocturnos y a resguardo de la prensa y de la comunidad eclesiástica que estando al tanto de tales traslados, hizo llegar algún que otro y tibio comunicado a modo de queja que bien, o fue silenciado con el otorgamiento de grandes extensiones de terrenos por parte del Estado, o de “increíbles donaciones” de parte de los varones del oro dulce.
El confinamiento fue cruel y no adoleció de maltratos y castigos corporales a la usanza medieval, desde latigazos, estaqueos, jornadas de más de quince horas, mordeduras de mastines de los capataces, alimentación miserable, instalaciones deplorables, enfermedad, aislamiento y muerte.

La muerte en el confín.
Según Osvaldo Bayer y otros revisionistas, más de 1.300 ranqueles pasaron por el ingenio San Pablo, Bella Vista, los campos zafreros de los Colombres, los Márquez, Padilla, Salvigni, Vázquez, Posee, los López y los Zabaleta y solo el 30 por ciento regresó a su tierra natal tras el levantamiento de los ingenios el cual permitió que ese porcentaje de gente que permanecía confinada escapara.
El resto falleció durante su confinamiento ya sea por la magra alimentación, el cólera, los duros castigos y la tortura de los encargados y los que con el correr de los años lograron su liberación, se asimilaron en los alrededores del ingenio.
En 1882 se instalaron las primeras máquinas de vapor, esta tecnología hizo que mermaran los traslados desde el sur y se siguieran trayendo indios del norte chaqueño solo para la caña y ya al finalizar el siglo XIX, a raíz de las continuas denuncias, cesó esta práctica generalizada de esclavitud.

Volver a casa.
La delegación Ranquel hizo entrega de una placa recordatoria por sus mártires al vice-delegado y el secretario Sergio Castro obsequió al Pueblo Ranquel un “Lapacho Rosa” para ser plantado definitivamente en La Pampa, a modo reivindicatorio de un regresar de aquella gente a su tierra natal.
Luego del recorrido y del reconocimiento del lugar, se realizó una emotiva ceremonia en el lago de la represa y un minuto de silencio en homenaje a los ranqueles allí fallecidos, que terminó entre lágrimas apagadas y emocionados abrazos de todos los presentes.
Fue un regresar mudo con el alma tranquila, acompañados de newenes y a sabiendas que después de 140 años, aquellos hermanos ranqueles regresan a casa.

Encuentro de pueblos
La visita de la delegación al Ingenio San Pablo se inscribió en la participación de los integrantes de la Comunidad Ranquel de La Pampa en el XXII Encuentro Nacional de Pueblos Indígenas, que tuvo lugar en la localidad de Alberdi, Tucumán. El gobierno provincial informó que la comunidad ranquel provincial contó con el apoyo del Consejo Provincial Aborigen (CPA), y de su presidenta, la ministra de Desarrollo Social, Fernanda Alonso. Aclaró luego que, como política pública, apoya la difusión y el reconocimiento de la cultura del pueblo ranquel a través del CPA.