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La derecha reaccionaria juega al límite

PUNTO DE VISTA

La derecha ha tenido siempre un protagonismo nefasto en la historia de la Argentina. En los años 30 con el voto condicionado a través de gobiernos oligárquicos. Luego mediante golpes de Estado tutelaron los destinos del país. Hasta se infiltraron en gobiernos de origen popular para consumar su proyecto, o mejor dichos sus negocios.
Con el advenimiento del Macrismo se dio cuenta que podía actuar según las reglas democráticas. Pudiéndose aglutinar en una identidad que estaba dispersa. Sin embargo el tremendo fracaso, los lleva nuevamente a una postura nuevamente beligerante-
Deberíamos considerar a la derecha reaccionaria como categoría política. Reaccionario supone la existencia, al menos, de un orden a conservar, una postura estratégica que busca neutralizar o eliminar a dicho proceso revolucionario o sus logros
Los últimos acontecimientos de un sector de la oposición política al gobierno de Alberto Fernández sorprenden por su agresividad y fanatismo. Quien la define de manera magistral es la filósofa argentina Esther Díaz: «existe una reacción de la derecha como hacía mucho que no se veía. Está llevando adelante acciones de estudiantina criminal inédita. ¡Ahora militan! Hace solo cuatro años hacer militancia era grasa. Actualmente la grasa militante de derecha «tomó las calles».
La transgresión en pandemia la compraron los irresponsables: desde elegantes señoras tirando huevos a un móvil periodístico hasta mediáticos despotricando contra las medidas sanitarias, pasando por legisladores pergeñando cual teenager avivadas virtuales en pleno congreso nacional. La derecha ahora «tiene onda». Además, es anticiencia y alimenta un nuevo oscurantismo: terraplanistas, anti-aislamiento, negadores del cambio climático, extremistas religiosos, sectarios, quemadores de barbijos, desmentidores».
A esto se suma declarantes bizarros como El Dipy, sobre quien la militante social Mayra Arena sostuvo «es el pobre que le queda cómodo al rico». Todo ello amparado y amplificado por un sistema mediático cómplice e instigador de un clima destituyente.
Este cuerpo constituye el dispositivo ideológico que a pesar de su elemental base argumental no deja de ser efectivo.
Esta descripción no es novedosa, lo relevante es como se enfrenta en esta batalla cultural.
En este caso el campo popular debe agotar todas las herramientas para superar, como decía Arturo Jauretche, la colonización pedagógica.
Si bien hay voces que se involucran de manera clara como el gobernador Sergio Ziliotto, junto a otras y otros dirigentes políticos y sociales, y la militancia de manera espontánea, pero no alcanza.
Se deberían involucrar mucho más, funcionaria/os y dirigentes tanto a nivel nacional, provincial y municipal. Superar la comodidad de su quinta administrativa o política y ser predicadores de la esperanza como expresaba Néstor Kirchner.
Por otro lado también es urgente activar las voces a través de las instituciones políticas que están dormidas tales como organizaciones partidarias y sociales, unidades básicas, sosteniendo de manera militante el proyecto y las acciones del gobierno popular
Como reflejara recientemente en LA ARENA, el lingüista estadounidense Noam Chomsky quien expresó «el destino de la existencia de la humanidad frente a la derecha reaccionaria depende de lucha que demos», afirmando: «Entremos en pánico ahora y actuemos».
Miguel Tanos