La familia santarroseña que ya ganó

UNA MANERA PARTICULAR DE VIVIR EL CHOQUE MUNDIALISTA ENTRE ARGENTINA Y FRANCIA

En la casa de Marie y Jorge no se respira fútbol. Forman parte de la minoría a la que un gol, un penal errado o un remate en el palo no le cambia el humor. Jorge dice ser “en sus orígenes” hincha de Boca, pero sólo por llevarle la contra a su familia de Independiente. Marie recuerda que su padre “odiaba” el fútbol y que, por lo tanto, para ella pasó prácticamente desapercibido en su niñez.
Casi nada los acerca al deporte que apasiona a multitudes en Argentina, el país en el que viven juntos desde hace más de una década. Sólo un Mundial, como a muchos, les despierta algo de interés y puede llegar a reunirlos frente al televisor para ver un partido. Esa ‘rareza’ ocurrirá hoy, cuando Argentina y Francia se enfrenten por los Octavos de Final de Rusia 2018. Será un choque especial para la familia, que terminará la jornada con una sonrisa gane quien gane.

A dos puntas.
Marie Oudot nació en Besanzon, casi en la frontera con Suiza, y como muchos franceses su destino adulto fue París, ubicada a unos 330 kilómetros de su ciudad natal y en la que se afincó para estudiar y trabajar. Allí conoció a Jorge Oyhenart, oriundo de General Acha, que había cruzado el océano para realizar un postdoctorado en su especialidad y luego trabajar en una empresa del rubro.
El amor los unió y el destino laboral los trajo a Santa Rosa, donde se casaron hace 12 años y formaron una familia que hoy también componen las pequeñas Camila (9), Inés (7) y Sara (3), todas con la doble nacionalidad, al igual que sus padres.
Marie es profesora de francés y tiene su propio instituto en la capital pampeana. Jorge es genetista, biólogo molecular y trabaja en la Universidad Nacional de La Pampa. A ninguno de los dos le interesa el fútbol, pero el Mundial los ha movilizado de alguna manera, especialmente de cara al partido de hoy.

Un solo corazón.
“Los chicos en el instituto me preguntan, ‘¿profe, para quién hinchás?’, y yo les contesto con otra pregunta: ¿si ustedes vivieran en otro país, para quién hincharían?”, dice con una sonrisa Marie para dejar en claro que en Francia está su corazón. “Aunque cuando juega Argentina quiero que gane Argentina”, aclara mientras toma mate como un rioplatense más.
“La verdad es que no somos futboleros para nada, pero el Mundial siempre despierta algo de interés”, agrega la única francesa con residencia permanente en Santa Rosa, ciudad a la que llegan cada año estudiantes de intercambio y en la que también suelen vivir otros galos, aunque repartiendo sus meses con sus ciudades de origen.
“Lo que pasa es que los argentinos viven el Mundial de una manera muy especial”, destaca hasta sorprendida, y enseguida hace la comparación con los franceses. “Allá es diferente. Incluso antes del Mundial que ganamos en 1998, como locales, no le daban mucha importancia. Recién a partir de ahí los franceses empezaron a mirar los mundiales de otra manera, con otra pasión”, recuerda.
Y en el mismo sentido, diferencia la relación de los argentinos con sus símbolos patrios con la que tienen los franceses, que cantan su himno (La Marsellesa) y hacen flamear su bandera casi con exclusividad durante los mundiales. “El Mundial hace aflorar ese patriotismo que allá no se ve en los actos escolares, como acá. Sólo a los jugadores vemos cantar el himno con la mano en el corazón, no se ve en otros momentos”, asegura Marie, que no conoce a la mayoría de los jugadores de su equipo.
Para Jorge la Selección también es algo ajeno, extraño, tanto como tener a un periodista en su casa preguntándole por cosas de fútbol, justo a él y en el día de su cumpleaños número 48.
A un lado, sobre la mesada, reposa la torta, mientras las niñas se impacientan esperando el momento de cortarla y cantar el ‘que los cumplas feliz’. Unos minutos después comenzará el festejo, que se prolongará hoy sin importar el resultado del partido. “Cualquiera que gane, ganamos”, coinciden los francoargentinos, quizás los únicos santarroseños que, pase lo que pase, estarán felices después del mediodía.