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La Fundación Wetrache hizo varias denuncias por amenazas contra Valquinta

Desde hace 16 años la Fundación Wetrache realiza un trabajo cotidiano junto a niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Su sede está en el corazón del barrio Matadero y, casa por medio, vive Héctor «El Sapo» Valquinta, quien fue denunciado en múltiples oportunidades por amenazas, intimidaciones y otros hechos contra quienes llevan adelante la institución solidaria.
«El tema es que se cree el dueño del barrio, lo que pasó el lunes es gravísimo, pero no es una gresca de vecinos, es una lucha de poder. Hay una cuestión ideológica y nunca nos vamos poder poner de acuerdo con él porque su método es la opresión a través de la violencia y el miedo», asegura María Marta Viglino, fundadora de Wetrache y que conoce y (padece) desde hace muchos años la convivencia con quien hoy, junto a su hermano Héctor, está encarcelado con prisión preventiva por 30 días a raíz del delito de «lesiones y amenazas» contra un grupo de padres, niños y entrenadores del Club Atlético Deportivo Matadero.
Viglino y la Fundación sufrieron una usurpación en septiembre de 2014. La justicia ordenó el desalojo y por el hecho fueron denunciados Jorge Valquinta y Carmen Azucena Peón.
Viglino había detallado en ese momento que los ocupantes eran un matrimonio con sus hijos y otros familiares, totalizando más de una decena de personas y que al ingresar retiraron todo el mobiliario y lo colocaron en el garage. La referente de la Fundación también denunció a Valquinta por agresión y por ello se le impuso una restricción de acercamiento.
«Después de todo ese problema nosotros recuperamos el espacio y no tuvimos grandes inconvenientes, pero está claro que tiene o se siente con cierta cuota de poder legitimada y en el barrio se ha metido con todo y todos: con la escuela, con la posta de salud, con el comedor municipal, con las trabajadoras sociales, con el Salón de Usos Múltiples; con todo lo que es institucional él trata de dañarlo, lo ataca, su ideología y su método es ése», señaló Viglino en una entrevista con LA ARENA.

Más denuncias.
Viglino relató que en sus redes sociales, Valquinta de forma permanente publica textos violentos y amenazantes contra ella y la Fundación. Incluso con advertencias de volver a ocupar el espacio que se ubica en la colectora de la avenida Circunvalación.
«En principio eran solo dichos, escritos, pero se volvieron cada vez más violentos y amenazantes. Yo por eso lo he denunciado penalmente por ‘hostigamiento y amenazas’ y por eso tiene una restricción. Pero no tenemos miedo, él es complicado porque tiene un discurso desordenado, salta de una cosa a la otra, escribe algo y después lo borra, es como muy caótico. Estamos casa de por medio así que así convivimos. Su pareja (Jésica Rosignolo, actual presidenta de la Comisión Vecinal del Matadero) nos filma, nos saca fotos, no sé para qué, pero con ella también hemos hecho denuncias de amenazas», detalló Viglino.
En la Fundación trabajan en distintos talleres y actividades para los más chicos. Ofrecen espacios terapéuticos y también capacitaciones productivas para los adolescentes «que apuntan a que de esa manera puedan pensar en una vida futura».

Respuestas.
«Por supuesto que este año es totalmente atípico y no pudimos hacer lo de siempre a raíz de la pandemia, pero nosotros vamos a seguir, me parece que ya es hora de que acá haya otro tipo de respuesta, desde lo institucional digo, porque está claro que los vecinos se están organizando y hay un cansancio muy evidente por toda esta situación. Lo que pasó el lunes fue gravísimo y se necesitan acciones concretas», reclamó Viglino.
En ese sentido, la referente de Wetrache valoró que en el barrio haya una Escuela de Boxeo, pero lamentó que su responsable, el propio Valquinta, «instigue a los chicos a atacar a otros, están como sometidos, es terrible eso. Muchos son adolescentes y que se vean sometidos a este tipo de hechos es muy grave. El trata de manejar estas cosas a la distancia, por eso manda a otros como su fuerza de choque».
Viglino, en tanto, se mostró esperanzada en que desde los organismos de gobierno correspondientes se genere una respuesta «concreta y directa» sobre la situación que se vive en el Matadero.
«Me parece que está claro que se tienen que tomar decisiones, que nos digan qué hay que hacer porque ya está, no hay posibilidad de llegar a un acuerdo o entendimiento porque demostró miles de veces que su camino es otro», concluyó Viglino.

«Actúen en consecuencia»
La Fundación Wetrache publicó un comunicado en el que se solidariza con el Club Atlético Deportivo Matadero y «repudia los hechos violentos ocurridos en el barrio. Solicitamos que quienes deben intervenir en estos actos actúen en consecuencia, para que quienes se ven perjudicados por tales acciones puedan continuar disfrutando de espacios libres de violencias tal como son nuestros objetivos de trabajo de manera conjunta y articulada con quienes compartimos no solo el mismo espacio territorial sino también los mismos valores».
Además, plantearon: «Exigimos a las autoridades que correspondan que revisen los procesos democráticos que dieron legitimidad a un grupo de violentos que hostigan y amenazan a todas las instituciones del barrio motivados por una ideología de opresión y dominación a través del miedo y la violencia. No permitiremos más estos hechos!!».

Una agresión a operarios
Entre las tantas historias de violencia vinculadas a Héctor “El Sapo” Valquinta vale rescatar una que sirve como ejemplo respecto a cómo se maneja en el barrio. Hace unos años, una cuadrilla urbana de la Cooperativa Popular de Electricidad (CPE) recibió la orden de cortar la energía en la zona donde vive el ex boxeador ya que iban a hacer un arreglo en el servicio de calle.
“Fuimos a arreglar la luz de la calle, justo enfrente a la casa de Valquinta, y cuando llegamos salió la mujer de él y nos empezó a gritar que no le cortemos la luz en la casa y otras cosas. Intenté explicarle que era la luz de la calle, que no le íbamos a cortar en la casa, pero también salió ‘El Sapo’ diciendo que yo había insultado a la señora y directamente me tiró una piña. Después agarró medio ladrillo y me empezó a correr alrededor del camión. En un momento se fue para adentro de la casa y una me vecina me dijo: ‘andate porque éste fue a buscar el revólver’, así que nos fuimos rápido”, recordó el operario de la Cooperativa que le tocó vivir esa desagradable situación.