La gente en las calles de América Latina

Nelson Nicoletti – Se puede observar con claridad que el recurso de la movilización popular ha diseñado el mapa de la participación en las ciudades de America Latina. Por razones muy peculiares o por motivos más obvios -como las elecciones- los países del cono sur han sumado al paisaje de su vida real y cotidiana, masivas manifestaciones en apoyo a objetivos comunes, luchas solidarias, reclamos sectoriales o exigencias de género.
Recientemente en las elecciones de Paraguay y luego en las de Colombia, amplios sectores partidarios se instalaron en vigilias interminables para garantizar el escrutinio, (“para que no nos roben la elección”) ratificando con la presencia física una determinación que ya habían tomado con su voto y que sim embargo necesitaba de este subrayado…por las dudas. Este hecho viene reiterándose en cada elección en la región. Y parece que no es un exceso de desconfianza, sino que existen indicios de manipulación y prácticas tramposas para modificar la voluntad ciudadana expresa en las urnas. De hecho los candidatos que van de punto -contra la banca- tempranamente piden a sus seguidores que militen con su presencia hasta el último minuto para resguardar sus votos.
Mirando las luchas que desarrollan distintos grupos de ciudadanos en sus países, también se advierte que no hay reclamo que no se sustente en la pelea de la calle, en el grito al aire libre y por supuesto con su correlato en las “redes”. Los estudiantes chilenos que vienen peleando por la gratuidad de la enseñanza superior, han montado gigantescas manifestaciones que no consiguen conmover a Sebastián Piñeira. Los campesinos uruguayos, que reclaman un trato justo para sus economías agrarias, tampoco consiguen interesar al Gobierno para echar mano a la reforma de la tierra fiscal y permanecen en un status casi medieval.
Ni hablar de Brasil, donde se está registrando la mayor y más duradera concentración popular de los tiempos modernos en el país, para apoyar la nominación a Presidente del candidato obrero, preso hoy del poder económico, financiero, mediático y militar de ese país. Lula Da Silva, que recorrió las extensas rutas del país estos meses, reafirmó su vínculo de afecto y esperanza con los sectores mayoritarios que de todas maneras quiere votarlo a Presidente.
En Venezuela se experimentó recientemente la increíble postal de ver las calles partidas por el medio entre oficialistas y opositores. La movilización llevada a límites extremos desbordó a los consecuentes militantes de siempre. Tan exacerbada ha estado la sensibilidad social, que nadie se quedaba en casa. Para apoyar o para protestar. Cuesta saber si es bueno o peligroso… porque cuando los carriles propios de la democracia son insuficientes para contener las aspiraciones o reclamos de una sociedad, se está frente a las puertas de un problema grave. También se puede observar a Argentina muy movilizada. Los partidarios de la despenalización del aborto, como sus detractores, llenaron el centro de Buenos Aires. En el Recinto la discusión de los legisladores eran una expresión de aquella realidad de las calles. Todo muy civilizado y respetuoso. Sin embargo, con los trabajadores de paro, la economía que complica la manutención de amplios sectores de la sociedad, el FMI dirigiendo las finanzas, los sindicatos despreciados por el Gobierno y la definitiva aparición del rostro cruel del más salvaje capitalismo, realmente no se puede esperar tolerancia infinita con las gentes en las calles. La fervor colectivo del reclamo puede encender las alarmas ante el autismo de un gobierno cínico y ausente.

* Parlamentario del Mercosur