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«La gente está cooptada por los estereotipos»

JORGE NEDICH, SOBRE LA COMUNIDAD GITANA

Jorge Nedich dio una charla sobre los estereotipos que existen en la literatura, en el cine y en la vecindad sobre los gitanos. Lo hizo el 21 de octubre, en un aula de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNLPam. Su familia pertenece a la rama de los Rumanos, de mayor contacto con la sociedad y la escolarización, a diferencia de los Rom Griegos, que son casi la totalidad de los afincados en nuestra provincia.
El escritor mantuvo un extenso diálogo con LA ARENA durante su visita. «Hubo un interés genuino de los participantes de la charla en la UNLPam, se interesaron por el tema y se llevaron mil libros. Yo di un seminario en la UBA y a partir de allí inicié una recorrida por la Argentina llevando mi charla sobre los estereotipos gitanos en la literatura, en el cine y en la vecindad. Cómo se generan, de dónde parten y qué es un estereotipo», explicó.

-¿Y qué es un estereotipo y cuál es el que hay respecto de la gitanidad?
-Entiendo que la gente que está cooptada por un estereotipo no tiene un libre pensar. Reacciona de acuerdo a la información que tiene, la cabeza trabaja con información, no se puede pensar lo que no se conoce y lo que se conoce de los gitanos son los estereotipos. Muchas de las personas que discriminan no han leído dos líneas sobre nuestra historia y nuestras peripecias, las persecuciones, las matanzas permanentes, en todas partes del mundo y también en la Argentina.

-¿Dónde comienzan los estereotipos gitanos?
-Se gestan primeramente en la literatura. Cervantes construye el libro «La Gitanilla» en base a estereotipos. Preciosa es una joven noble que fue raptada por los gitanos, y como es una joven noble y tiene sangre de la nobleza española, durante los quince años que vive en la comunidad, no roba, es limpia, dice la buenaventura pero dice verdades, recita bien, canta bien, es virgen, y los gitanos que la rodean son todos ladrones sinvergüenza, tramposos, sucios, promiscuos… Y no es que Cervantes estuviera faltando a la verdad, eso pasaba y pasa con la comunidad, pero no pasa con todos. Entonces, esa totalización que hace Cervantes, todos son así, menos la sangre española, es una diferenciación muy taxativa y muy falsa, porque no todos los nobles son como Preciosa.

-¿Cervantes es el primero que escribe sobre los gitanos?
-No, es la mayor pluma. Y por ser la mayor pluma en lengua española, ha marcado un precedente, porque no es lo mismo mi palabra o la tuya que la de Cervantes. Es como un fallo de la Corte para el juicio de valor que se puede formar sobre un pueblo. Pero era un hombre que respondía al pensamiento de la época, con lo cual no estoy haciendo un juicio valorativo de Cervantes sino del pensamiento de la época. No discuto tampoco su genialidad, sino que representaba un pensamiento que no ha variado mucho, porque a pesar del paso del tiempo sigue respondiendo a los estereotipos.

Escolaridad.
Nedich fue convocado, entre otras, por docentes de la Escuela 78, del barrio Río Atuel, una de las instituciones que más trabaja con la escolarización de la población gitana. «La 78 viene trabajando hace 20 años con la comunidad, y están avanzando en la educación del pueblo gitano, que es lo único que necesita para poder salir de ese atraso cultural, de pautas culturales anacrónicas: los chiquitos mal vestidos, sucios, descalzos, sin escolarización o vendiendo en la calle, mendigando», sostuvo Nedich.

-¿El Estado ha renunciado a la escolarización de los niños gitanos?
-Honestamente, nunca se ha ocupado. El Estado tiene muchísimos problemas educativos, enormes, y los gitanos no estamos en la lista, no formamos parte de la interculturalidad. Hace 27 años que transito los ministerios, llevando dos hojas, cuatro carillas, ofreciendo esas hojas para los manuales, para que el docente tenga en el aula material de trabajo para evitar el choque de culturas. Sistemáticamente me rechazan esa posibilidad. Paralelamente hay escuelas como la 78 que trabaja maravillosamente y otras donde a los chicos no los quieren y hacen lo posible para que se vayan de la escuela. Hay un ir y venir negativo. A la sociedad envolvente le cuesta mucho aceptarnos en las escuelas como compañeros de trabajo, en un club, un restaurante o un espectáculo. La presencia gitana incomoda, la gente ve los gitanos en la calle y pierde la sonrisa. Yo estoy preocupado y ocupado en establecer nexos que permitan la educación del pueblo gitano, no hay otra cosa que pueda transformar a una persona, no se ha invitando otra herramienta más transformadora que la educación. Y negarle educación a un grupo de argentinos no está bien.

-¿Qué realidad encontró en La Pampa?
-El 60% de la población gitana acá en La Pampa es analfabeta. Más del 40% no tiene documentos. Entonces, esto tiene que ser resuelto por la vía de la educación. Y a veces estos casos se judicializan y es peor el remedio que la enfermedad. Los chicos van a anotarlos a una escuela y por ahí no los anotan porque no tienen documentos, y la verdad es que deberían cursar y después tramitarles el documento. Y por ahí la escuela no está preparada para tratar con la problemática gitana, porque el chico gitano habla una lengua, que es el romanés, y tiene una segunda lengua que es la española, con la cual se comunica y hace las operaciones básicas que hace uno cuando va a otro país y por ahí tiene una práctica limitada del inglés. Y si analizamos que históricamente ha sido un pueblo ágrafo, que se ha negado a la escolarización y que le han negado también la escolarización, entonces es un pueblo que no está preparado para cursar. Por ahí quieren ingresar chicos a primer grado que tienen ocho o nueve años. O chicos que tienen 13 y se establecen los plurigrados, y están todos metidos ahí y luego los van llevando a sus respectivas aulas y es un esfuerzo muy grande para ellos, porque cuando están juntos, protagonizan y avanzan, pero cuando están separados no pueden establecer vínculos, son maltratados, y los chicos se apagan y no arrancan más. Entonces vuelven a las casas y vuelven a la rutina que es nefasta y es un círculo vicioso del cual no pueden salir.

-¿La comunidad gitana sufre esta discriminación en otras sociedades?
-El único destino que tiene el gitano es el comercio. No hace otra cosa. No puede ser empleado, porque nadie lo va a emplear. Y cuando hace otra cosa aparece el rechazo, el menosprecio o la violencia, que le impide desarrollarse. Entonces, el gitano necesita trabajar en este medio, o en cualquier otro, recibirse, ejercer su profesión, ser un trabajador especializado… No tiene por qué estar condenado a comprar y vender autos o estar en la calle. El gitano cree que su destino es ese, estar en la calle, porque lo han convencido de eso, que no puede ser vecino de nadie. Y volviendo a Cervantes. Lo que hace Cervantes cuando pinta de manera tan negativa al gitano, cuando escribe que no puede hacer nada bueno, lo que hace es decirle a la sociedad: «Miren, los gitanos no pueden ser buenos esposos, no sirven para marido, amigos, padres, las mujeres son promiscuas, infieles, sucias… Están afeadas por esa realidad que ensucia sus vidas, no sirven para nada. Además Cervantes arranca La Gitanilla diciendo que los gitanos nacieron para robar, que las ganas de hurtar no se les quita sino con la muerte. En tanto, está proponiendo que es una cuestión genética, que nacen con esa cuestión. Todo un juicio de valor. Entonces, hay que volver sobre eso y resignificarlo.

Kusturica y el cine.
Nedich sostiene que en el cine, un caso claro de estereotipación de la gitanidad, es el de la película «Tiempo de gitanos», de Emir Kusturica. «Es el máximo cineasta que se ha ocupado de la etnia y lo ha hecho con una estigmatización acalambrante. En esa película hay tres ejes narrativos: Perham es un adolescente gitano que quiere casarse con una gitana y no puede hacerlo porque es pobre y la madre no quiere dársela en matrimonio porque él no tiene plata. Después hay un corruptor de menores que recluta niños gitanos, los alquila, y los lleva a mendigar de Yugoeslavia y a Roma. Así le lleva una hermana a Perham. Y el tercer eje es un tío de Perham, que es un jugador empedernido», explica.
Perham va a rescatar a su hermana pero el corruptor lo convence de que trabaje para él y gane el dinero que le permita casarse con la gitana. Así, Perham pasa de ser el héroe que iba a rescatar a su hermana para convertirse en un rufián. «Cuando el espectador ve eso, se indigna enormemente con la comunidad gitana, pero un corruptor de menores no es un patrimonio cultural de la comunidad gitana, como tampoco lo es un ludopático, ni Perham, un adolescente atrapado en un círculo vicioso. Pero puesto dentro de la gitanidad, rinde mucho más. Con esto lo que él hace es estigmatizar, porque el gitano no hace nada positivo».