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La mesa del domingo se volvió a llenar

UN PERMITIDO EN MEDIO DE LA CUARENTENA: RUTAS LLENAS Y ALMUERZOS EN FAMILIA

En la casa de la familia Rosas, en la calle Wilde, Zully y Carlos fueron lo anfitriones. Lorena, su hija, llevaba más de dos meses sin verlos. «Desde antes de la cuarentena que no nos veíamos. Se extrañaba mucho», contó. Su aislamiento comenzó los primeros días de marzo, de regreso de Brasil, a donde había ido de vacaciones con su esposo, Juan, y sus hijos, Felipe y Amparo.
Cuando aun no habían pasado los 14 días sin salir de casa por haber estado en un país con circulación del Covid-19, el gobierno nacional anunció la cuarentena obligatoria.
Casi sesenta días después, en La Pampa, ayer se abrió una «ventana» al aislamiento para permitir el reencuentro con los afectos, entre las 10 y las 18, aprovechando el tradicional horario del almuerzo dominical. Marta, Polaco, Yanina, Benja, Lorena, Felipe, Amparo, Zully y Carlos mostraron su alegría y posaron para una fotografía junto a la parrilla. El día fue ideal, con 20 grados al mediodía y apenas una brisa desde el Este.
El humo en la casa de los Rosas fue fácil de encontrar en un contexto en el que no todos se volcaron al tradicional asado. Ya sea por la falta de costumbre o la fiaca, luego de tantos días sin recibir visitas, el precio de la carne o la posibilidad de comprar la comida hecha, no se vio fuego en todas las casas y la ciudad no se transformó en Londres, como algunos preveían, con el humo de los asados reduciendo la visibilidad.

Buscar la comida.
Otra de las postales que se vieron ayer, vinculadas con las nuevas regulaciones de la cuarentena fueron las casas de comida vendiendo bajo la modalidad «take away» y ya no solo con delivery o reparto a domicilio. En varias rotiserías y braserías tradicionales de la ciudad se vieron colas de personas -en su gran mayoría con tapabocas y manteniendo una distancia prudencial entre unas y otras- que eligieron ir a buscar la comida y saltearse el gasto extra del servicio de delivery.
Los vendedores de leña no estuvieron en la Avenida Perón, quizá porque la venta ambulante fue una de las primeras actividades que se cortó con la pandemia y que aun no ha regresado. Sin embargo, un par de hombres se ubicaron a metros de la Rotonda del Avión, en el ingreso norte de Santa Rosa, para vender bolsas de leña, cebollas y papas.
«Por ahora vendimos poco. Vinimos de corajudos nomás, porque no sabíamos si estaba permitido o no. Nos pusimos a las 10.30. La Policía pasó pero por suerte no nos dijeron nada», le contaron al equipo de este diario. En los pocos minutos que LA ARENA estuvo en el lugar, dos automovilistas pararon para comprar leña. Ya era el mediodía y a metros de allí un policía motorizado que vigilaba a quienes caminaban o corrían, acababa de recibir el almuerzo de parte de una patrulla con dos agentes que realizaban el reparto.

Controles policiales.
En la otra punta de la ciudad, en el acceso sur, a la altura del ingreso a Canal 3, los sanguchitos de miga y la gaseosa habían llegado un poco más temprano. Tres agentes del Grupo Especial, de los que usan uniforme camouflado, realizaban uno de los retenes para controlar el flujo vehícular.
En la Ruta 5, los agentes de Policía, en este caso de la Oficina de Accidentología, se ubicaron frente al viejo Autódromo Parque Ciudad de Santa Rosa. «¿De dónde proviene? ¿Hacia dónde se dirige? ¿Sabe que tiene que regresar antes de las 18? ¿Llevan todos el cinturón de seguridad puesto? Muy bien, que disfruten el día», recitaba casi como un verso una agente. Mientras este diario estuvo en el lugar, solo paraban a los autos o camionetas, mientras que los camiones avanzaban.
En cada uno de los operativos, el sistema era el mismo, conos en el medio de la ruta de a tres a cinco agentes con chalecos fluorescentes parando a los vehículos para hacerles las recomendaciones generales. En algunos casos, no hubo pedido de papeles como carnet de conducir y tarjeta verde, solo las recomendaciones emanadas del permiso excepcional que, en medio de la cuarentena, se otorgó para el reencuentro familiar.

Todos a las rutas.
«Hay mucho movimiento», coincidieron los agentes consultados en los retenes que recorrió LA ARENA entre las 10.30 y el mediodía de la víspera. Como nunca durante los casi dos meses de aislamiento social obligatorio, en los autos podían verse familias completas. «Tiene que colocarse el barbijo al bajar la ventanilla para hablar conmigo. Después, durante el viaje en el auto, se lo puede sacar y se lo vuelven a poner para bajar», fue otra de las recomendaciones.
Si bien la cuarentena de los últimos días no es la misma que se vivió a partir del 20 de marzo, cuando el movimiento en las calles era prácticamente nulo, ayer se pudo ver claramente el transitar de personas que iban a una reunión familiar. De hecho, algunas camionetas llevaban sillones plegables y hasta bicicletas en sus cajas.
Además, las personas bajaban de los autos para ingresar a la casa de sus familiares sin el temor de ser objetos de algún cuestionamiento o, en el peor de los casos, alguna denuncia por violación al Artículo 205. Una de las postales la ofreció temprano un vecino que llegó caminando a la casa de un familiar llevando en sus manos la parrilla.