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«La ópera es el arte por excelencia»

Artista del canto lírico, cabe decir además que resulta una mujer polifacética. Cecynés, también médica y bioquímica, habla varios idiomas y es una persona sumamente orgullosa de la familia que tiene.
MARIO VEGA
La pregunta es recurrente. Son muchos los que creen que algunas manifestaciones del arte -el ballet o la ópera, la música clásica-, son elitistas. Esto es que una minoría -un grupo conformado por unas pocas personas- dispondría de determinados privilegios, como podría ser asistir a algunos espectáculos y conocer determinadas actividades, en este caso de tipo cultural. Entonces: ¿Es la ópera una actividad elitista?
Podría decirse que, considerando que en realidad nació en expresiones que se daban entre el vulgo -entre la gente común de algunos países de la antigua Europa-, no debiera serlo. Que estuvo, y tendría que estar siempre también a mano de las clases menos pudientes, o menos poderosas. Y contestando aquel interrogante se podría inferir que, entonces, no sería elitista.

No todos acceden a la ópera.
Pero la realidad indica que una gran parte de la población no accede a ese tipo de actividad cultural, que es verdad que hay una minoría que tiene el placer de disfrutar de una música que, antaño, se realizaba entre el pueblo y que -visto el éxito que tenía entre la sociedad- fue llevado a los palacios de los reyes y nobles que se empezaron a solazar con ese arte.
Con el tiempo, que se ofreciera ese entretenimiento en cenáculos más o menos cerrados lo fue alejando paulatinamente de la gente «común». En nuestra ciudad hubo en diversas oportunidades, por supuesto, distintas manifestaciones de ballet, y de música clásica, que tuvieron como escenario por lo general el Teatro Español. Aunque desde hace algunos años, más concretamente desde 2007 se empezaron a organizar -en plena Avenida San Martín, frente a la municipalidad- los Conciertos de Navidad, que concitaron la atención de verdaderas multitudes, como para desmentir aquello del elitismo a que hacía referencia antes.

Quién es Cecynés.
Por supuesto hubo otras personas que se ocuparon -y mucho- de difundir la música clásica, entre los que se pueden mencionar (aunque seguro me olvidaré de varias) a Chispita Di Nardo, y Gladys Martino, entre otras.
No obstante cabe señalar que desde hace bastante tiempo hay una destacada soprana que no se quedó sólo en la interpretación, sino que se involucró mucho más allá: se dedicó a la organización de distintos programas y motivó una movida que -en las últimas semanas (ver aparte)- ha sido justamente reconocida.
¿Pero quién es Cecynés Peralta? Seguramente alguna persona que haya escuchado su nombre diría que se trata de una cantante lírica destacada -que actuó en grandes escenarios de nuestro país y de Europa-, pero tal vez no conocerá que es, al mismo tiempo, profesional de la Medicina… y obviamente también una ciudadana comprometida, y además madre y esposa. Así las cosas, Cecynés resulta ser -a su manera- un verdadero personaje de nuestra sociedad.
Últimamente pareciera ser más reconocida, por su condición de artista seguramente, pero además porque ha sido funcionaria municipal del área de Cultura.

La influencia paterna.
Nacida en Santiago del Estero -fiel representante de su tierra: «la condición de santiagueños la lucimos con orgullo», reivindica-, Cecynés acepta hablar de su devenir… al cabo de su historia de vida. Y tiene mucho para contar.
Hija de Francisco, quien «falleció hace poco y era una de los hombres más maravillosos que existió», cuenta que su padre era médico cardiólogo, «mano derecha y amigo personal de René Favaloro. Compartía con él su amor por la medicina social, el trabajo sin descanso dedicado a los demás y la lucha por la igualdad de oportunidades para todos. Ambos, y con mi madre, Lucy, fundaron una Ong (Protección al Enfermo Cardíaco) hace casi cincuenta años y desde entonces pudo operar del corazón y transplantar ya ni recuerdo cuántos miles de niños, fundamentalmente. Pero también adultos de nuestra provincia (Santiago), totalmente gratis, en los mejores centros cardiológicos de Buenos Aires. No sólo les gestionaban las cirugías y atención hospitalaria, sino toda la medicación post-operatoria, controles, estudios, y alojamientos y viáticos para sus acompañantes en la capital. Papá nos repetía que ‘es muy triste estar enfermo y no tener cómo afrontarlo. Es nuestra obligación procurar revertir eso’, y eso me quedó grabado», recuerda.

Mamá escritora.
Su mamá, Lucy, profesora de Literatura y Latín, escritora, y docente «de alma, acompañó a mi padre en todas sus quijotadas, siempre a su lado, siempre con energías y fuerzas. Son mi mayor orgullo», reafirma.
Tiene tres hermanos: Pedro, médico cardiólogo como papá, se dedica a la Investigación Científica, y es Director de Investigaciones cardiológicas de uno de los laboratorios mundiales más importantes. No vive en el país hace casi quince años. Pablo, médico veterinario, sigue en Santiago con su familia; y Roberto, el menor, músico, compositor clásico, concertista de guitarra, docente, con un currículum impresionante, hoy desarrolla su carrera en Santiago, donde está con su familia», señala.

La ópera y River…
El esposo de Cecynés -«El Gaucho», como se lo conoce, y con quien compartimos el «fulbito» de los sábados; y también la pasión por «el más grande» (River, obvio)- es Pablo Gómez Luna, médico oftalmólogo. «Me apoyó y alentó siempre en mi carrera, y pese a que no es un enamorado de la ópera sino de River Plate, siempre está. Pablo dice que él sólo en la cancha puede cantar!», se ríe.
Como es fácil suponer sus hijos constituyen su mejor capital: «Claro… son nuestro orgullo: Luciana es estudiante de Medicina y Francisco de Licenciatura en Finanzas, y cursan en Buenos Aires».

Cecynés, políglota.
Le gusta explayarse sobre sus primeros años: «Mi vida en Santiago fue tranquila pero muy llena de cosas. Mi padre sostenía que era una obligación sacarle fruto a los talentos que cada uno podía tener, y que sólo había que descubrirlos. Así, a los siete años me inscribieron en el Conservatorio Provincial, donde cursé toda la carrera -Música es una carrera de diez años-, e iba al colegio: a la mañana, volvía a almorzar y partía al Conservatorio. Todos los días», evoca.
Fue en su casa donde le inculcaron la importancia de manejar idiomas: «A los 7 empecé a estudiar inglés, a los 12 francés, a los 18 alemán y a los 21 italiano. Los terminé y hoy hablo con fluidez todos esos idiomas. Ahora miro para atrás y pienso que de no ser por esa visión de mis padres, quizás no hubiera ingresado después a la carrera lírica fuera del país, ya que música e idiomas son condiciones sine qua non para entrar».

Estudio y más estudio.
Además estudió danzas clásicas y -como no podía ser de otra forma siendo santiagueña-, danzas folclóricas, lo que le permitió siendo estudiante en Córdoba formar parte del Ballet Oficial de Cosquín: «Bailé tres temporadas y puedo decir que amo la danza», amplía.
En la Docta estudió primero Bioquímica, pero hizo dos carreras más: se graduó como Licenciada en Química Farmacéutica (ambas de la Facultad de Ciencias Químicas) y como Doctora en Hematología, de la Facultad de Ciencias Médicas.

Dos trabajos en Córdoba.
Gracias al promedio obtenido en Bioquímica, le ofrecieron dos trabajos: uno como voluntaria en el Hospital Rawson, el hospital de enfermedades infecciosas de Córdoba, en su departamento de Hematología y otro a cargo del servicio de Hematología de una clínica privada. «Era la oportunidad de devolverle a la sociedad lo que la sociedad había invertido en mi formación académica; y mi padre me pidió que aceptara entrar gratis en el hospital, que él se iba a encargar de que no me faltara nada. Por eso trabajé en el Rawson, como voluntaria, durante cinco años, en una época cuando recién salía a la luz la problemática del HIV y nosotros trabajábamos siempre con material infectado, sin demasiada información…», explica.

Sumando actividades.
Como no quería que sus padres la siguieran manteniendo, tomó también el trabajo en la clínica privada, como encargada del servicio de Oncohematología… «seguía estudiando esa especialidad así que iba a la mañana al Rawson, al mediodía me compraba un café y un sándwich e iba comiendo eso en el colectivo, rumbo a la clínica, donde pasaba mi tarde. Y a la noche: ¡al teatro! Había ganado por concurso un cargo como soprano en el coro Polifónico del Teatro del Libertador, donde tenía ensayos de 9 a 11 de la noche».
Sus días en Córdoba eran el Rawson, Facultad, clínica y teatro. «Volvía agotada, y feliz…», evoca.

La vida en Santiago.
Evoca sus primeras salidas, «los cumpleaños de 15, después el boliche… En aquella época se salía a las 11 de la noche y volvíamos a las 2:30 de la mañana. Mi padre me buscaba y su auto volvía repleto de mis amigas porque sabían que ‘Paco’ las dejaría en la puerta de sus casas», sonríe con la remembranza.
Al ser su madre escritora su afición por la lectura se dio casi naturalmente: «Su biblioteca era un mundo fascinante donde podía encontrar de todo; pero también me gustaba ir a pescar con mi familia, al Río Dulce, o al Dique en Termas de Río Hondo. Y los picnics con amigas en el Parque Aguirre eran lo más!!!!», casi se entusiasma.

Conociendo a Pablo.
Cacynés tiene muchísimo para contar, y lo hace con gusto: «Ya graduada de mis tres carreras, hice un impasse para dedicarme a la cuarta: el arte lírico, y después de rendir una audición, partí a Milán… Fue cuando vine a Argentina al casamiento de una amiga que conocí a mi marido… pero yo me volvía al día siguiente, al otro lado del océano… era una época en la que no existía internet, ni Skype, ni Messenger, ni siquiera los celulares», amplía.
El noviazgo, como era en ese tiempo, se prolongó por vía epistolar: «Cada carta era una eternidad entre que iba una y llegaba la otra. Un día decidí dejar todo allá y volver. Y nos casamos… Mi sueño era formar mi familia», completa.
Si bien era cierto que para ambos era mejor Buenos Aires para sus carreras, Pablo siempre le dijo que «su corazón estaba en Santa Rosa, y que se iba a instalar aquí como fuera, que esta provincia era su lugar en el mundo. Me lo avisó antes de casarnos así que sabía que mis ilusiones de una carrera en el canto lírico se iban a esfumar. Pero igual acepté», reconoce.

Santa Rosa y el retorno a cantar.
Al principio le costó mucho acostumbrarse a vivir aquí, sin conocer a nadie: sin familia, sin amigos y sin trabajo, y encima «no había un entorno operístico al que pudiera integrarme».
Los primeros años se dedicó a la dirección Técnica de Farmacias, para el Colegio Farmacéutico «y obviamente a mi familia, y claro que disfruté mucho a mis hijos… pero llegó un instante en que estuve triste, y Pablo se dio cuenta: ‘estás triste porque te falta la música’, me dijo, y aunque lo negué era verdad», rememora. «Tenés que volver a cantar», le sugirió su esposo.
Y retornó a la ópera, que había abandonado años atrás en Italia. «Con el apoyo incondicional de mi marido volví a audicionar en Europa.

Cantando en Europa.
Y enumera: «Entré a la Accademia Nazionale di Santa Cecilia, en Roma, Italia, la cuna más grande de la ópera, un sueño para mí. Luego el Conservatorio à Rayonnemnt, en Niza, Francia, y la Universidad Mozarteum, en Salzburgo, Austria, para el Alto Perfeccionamiento en Canto Lírico, donde entré por una audición en la cual me informaron que era la primera argentina en los últimos catorce años. Simultáneamente estudiaba con la Maestra Alejandra Malvino, docente de Técnica Vocal del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Fueron años de mucho sacrificio ya que iba y volvía de Buenos Aires en el día. Mis hijos eran muy pequeños y no quería dejarlos».

«Opera aquí no…».
Como en Santa Rosa no había una movida entendió que «si quería cantar y mostrar qué era la ópera iba a tener que abrirme camino… Tuve frenos y detractores, además de funcionarios de Cultura de turno a los cuales recurría para presentar un proyecto cultural y/o no me recibían, o me decían en la cara: ‘lo que vos haces no nos interesa aquí’, ‘olvídate de la ópera, aquí solo va el folclore’. Pero crecí escuchando a mi madre decir ‘a mí no me van a vencer’, que eran palabras de inmigrantes que tuvieron que hacerle frente a una Guerra Mundial… Igual me di cuenta que a la sociedad santarroseña sí le interesaba la ópera».

Actuando con Fuya.
Y sigue narrando: «Luego de un par de recitales con el querido Fuya Muñoz al piano, en 2003 fundamos la Asociación Cultural Pampa, una ONG que se dedica desde entonces a promover la cultura, en todas sus disciplinas, en nuestra ciudad. No sólo se presentan espectáculos artísticos de jerarquía, sino que se pudieron llevar artistas de nuestro medio a participar de perfeccionamientos en Europa en algunos casos, y en diferentes ciudades de Argentina en otros. La Asociación costeó capacitaciones, talleres y clases de muchos artistas pampeanos: músicos y cantantes folclóricos, bailarinas clásicas y españolas, actores y técnicos de iluminación y sonido artístico. Y en 2009 fundamos Ópera de La Pampa, a través de la cual presentamos por primera vez en nuestra ciudad una Orquesta Sinfónica profesional completa, con la producción de ‘Don Pasquale’. A partir de allí llevamos presentadas más de una treintena de producciones de óperas, zarzuelas y conciertos temáticos, además de un programa de Formación de Espectadores que fue premiado por el Fondo Nacional de las Artes, el cual año a año apoya su realización.

«La ópera es emoción pura».
Cecynés se extrema porque se entienda que la ópera nació de representaciones que hacía la gente común, y que después llegó a cenáculos que se los apropiaron y la alejaron de lo masivo o de lo que podría considerarse popular. «Es verdad que armar un espectáculo requiere mucho dinero, porque se mueve mucha gente… pero en la ópera está todo el arte que pueda gustarle al público», reafirma.
«Una vez un músico de la Banda me dijo que la ópera no tenía emoción… Me resultó increíble esa afirmación, porque si algo tiene es que es capaz de hacerte reír, llorar y entristecerte. ¡Es pura emoción!», enfatiza en el final.
La santiagueña que adoptó Santa Rosa para su vida y la de su familia, sabe que está ante un propósito complicado, pero tiene valores y la convicción necesaria para afrontarlo. Por eso dan ganas de decirle: ¡Adelante Cecynés!, ¡siempre adelante!!!

“Traer el Colón a Santa Rosa”.
“Gracias Nena… siempre quise escuchar una ópera, pero nunca pude viajar a Buenos Aires y visitar el Colón… y ahí me di cuenta que valía la pena ‘traer’ el Colón a Santa Rosa…”, dice Cecynés con un brillo en la mirada. Como recordando aquel momento en que esa señora mayor la abordó después de una producción de “La Traviata”.
Es que acceder al coliseo más importante de Buenos Aires tiene un costo mínimo –una entrada– de unos 7.000 pesos, lo que obviamente lo transforma en inalcanzable para la mayoría de la gente.
Fue por eso que Cecynés hizo oídos sordos a algunas voces que de alguna manera parecían reprocharle que organizara los Conciertos de Navidad –desde 2007 hasta hoy–, que congrega en pleno centro de la ciudad –al aire libre– a miles de personas. Unas 2.000 sillas, y alrededor de 5.000 personas escuchando le llenaron el alma en cada oportunidad para esa fecha… Pavarotti, Plácido Domingo, y algunos otros cantantes líricos se habían presentado antes frente al Obelisco de Buenos Aires, con un éxito impresionante. ¿Por qué no recrearlo en Santa Rosa?

No elitista.
Pero no faltó quien le señalara a Cecynés que le estaba haciendo “un daño a la ópera… porque es para un cierto nivel de gente, y vos la estás bajando al pueblo”. Y claro, si era justamente lo que ella pretendía: que las personas se acerquen, que conozcan… “Si me lo guardara para mí, entonces sí la transformaría en elitista. Porque la realidad es que esta música es universal… y bastó ver la semana anterior cuando en el Teatro Español se presentó ‘Mozart va a la escuela’, con juegos interactivos y canciones donde los chicos participaron de un modo muy especial durante dos horas…”, se entusiasma.
Impulsó, como organizadora, que los pampeanos podamos ver y escuchar en nuestros propios escenarios óperas con artistas de los mejores teatros del país, como el Colón de Buenos Aires o el Libertador San Martín, de Córdoba.
Admite que en la Asociación Cultural Pampa han contado “con el apoyo de áreas del Estado e instituciones privadas que siempre nos ayudaron. Desde que trajimos una orquesta sinfónica completa para hacer Don Pascuale, hubo otras muchas producciones, siempre con elencos de calidad. Cada vez se movilizan unas 80 personas desde la misma puerta del Colón a Santa Rosa, y obviamente hay que hacer frente a costos de traslados, alojamientos y diferentes gastos…”. Cecynés no quiso decirlo, pero una movida de ese tipo demanda unos 700 mil pesos que, claro está, no pueden ser cubiertos con el valor de las entradas. Allí es donde surgen las colaboraciones, y una de las principales es del Instituto Oftalmológico Cortina, –y también, cabe inferir– del propio bolsillo de las organizadoras, entre las que están la propia Cecynés, pero también Nora González, Mirta Viola, Delia Braun y Victoria Castillo, entre otras.

Dos distinciones.
No hace mucho Cecynés recibió dos distinciones. Al cabo una caricia al alma, como para considerar que lo que hace realmente vale la pena. La Asociación de Críticos Musicales de Argentina le otorgó el premio como mejor interpretación de soprano por el protagónico que realizó el año pasado en la obra Los Cuentos de Hoffman en Buenos Aires; y además fue designada Miembro de Honor del Consejo Internacional de Artes de la Unesco que está representado en 173 países de todo el mundo.
”¿Cómo funciona? Alguien te postula y se consideran los antecedentes profesionales y laborales, y cómo ha impactado el trabajo del postulante o la postulante en la sociedad donde vive”, explica. Y ha hecho muchos méritos para esas distinciones… y vaya si vale la pena tratar que lo que nació del pueblo vuelva, de modo tal que muchos más sean los que puedan disfrutarlo, que la ópera no quede reducida a que pueda ser conocida por pocos…”. Aunque la tarea no sea precisamente fácil.

“Todas las disciplinas”.
“Cuando compruebo que en la platea alguien suspira, se emociona, o llora, o se ríe, o se le dibuja una sonrisa, doy gracias por poder transmitir esos sentimientos”, reflexiona Cecynés, desmintiendo absolutamente a aquellos que piensan de otra manera en cuanto al canto lírico.
Agrega que “la ópera es el arte por excelencia. Es capaz de reunir bajo una sola batuta todas las disciplinas artísticas existentes: canto, música orquestal, coro, actuación, baile, directores, vestuario, escenografía, una historia atrapante –sobretitulado en diferentes idiomas–, y ofrece la posibilidad de reír, llorar, entristecerte…. todo eso en dos horas y media, dirigidos por una sola batuta. ¿Alguien puede decir que eso no es mágico?”, concluye.