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La Pampa llora a Edgar Morisoli

EL POETA Y ESCRITOR FALLECIO A LOS 89 AÑOS

A pesar de su extensa trayectoria y de los premios que recibió, Edgar siempre actuó con humildad y con compromiso. Conciente de la necesidad de una entidad para la actividad cultural, eso lo llevó a ser uno de los miembros fundadores, en 1983, de la Asociación Pampeana de Escritores (APE), entidad de la que fue el primer presidente. En consonancia con su relación con la defensa de los ríos pampeanos, también integró la Fundación Chadileuvú.
En tanto, desde el área cultural consideraron que sus producciones son «un gran aporte al conocimiento de la historia, modos y paisajes pampeanos».
«La poesía, narrativa y producción general de Edgar Morisoli son consecuentes, con su propia vida militante y sencilla, muestra de ejemplo de cómo ser un buen vecino, un buen ciudadano y hermoso habitante de nuestra provincia», sostuvieron.

Poeta relevante.
Entre los fundamentos de la declaración de interés, se destaca que Edgar Morisoli es uno de los poetas pampeanos más relevantes del siglo XX y principios del siglo XXI, y que conforma uno de los pilares fundamentales en la construcción de cierta «pampeanidad». Muchos de sus poemas han sido musicalizados y han trascendido los límites provinciales.
Su obra está profundamente vinculada a la «pampeanidad»: sus trabajos de los años ’59 al ’74 «Salmo Bagual»; «Solar del Viento»; «Tierra que sé»; y «Al Sur crece tu nombre»; describen una realidad cabal del Sur y Oeste pampeanos.
En sus escritos también se encuentran los seis textos que integran «Obra callada», describen el período más oscuro y sangriento de nuestra historia, sin dejar de lado el amor y la narrativa de los desiertos de La Pampa occidental y el drama de nuestros ríos.
Obras como: «Cancionero de Alto Colorado», «Bordona del otoño / Palabra de intemperie»; «Hasta aquí la canción»; «Cuadernos del rumbeador; La lección de la diuca»; «Última rosa, última trinchera»; junto a «Un largo sortilegio» y «Tabla del náufrago»; rescatan el paisaje, construyen una épica de héroes anónimos que pueblan La Pampa, y su escenario de «despojos, genocidios y grandes éxodos, pero también de resistencias populares».

Distinciones.
El poeta fue distinguido a lo largo de su carrera con diversos premios y galardones. En mayo de 2013, la Universidad Nacional de La Pampa decidió distinguir su trayectoria y le entregó el título de Profesor Honorario de nuestra Casa.
En la medida destacó su presencia entre la militancia relacionada con la tenencia y colonización de la tierra, con la problemática económica, social y ambiental, especialmente hídrica en la Provincia de La Pampa, y un permanente compromiso con los derechos humanos, así como una participación constante en la vida de la Universidad Nacional de La Pampa.
Durante su larga trayectoria recibió entre otros reconocimiento el premio «Perito Augusto Tapia en Ciencia, Técnica y Cultura», del Consejo Profesional de Ciencias Naturales de La Pampa (2004) y el premio «Testimonio», otorgado por el Gobierno de La Pampa (1997).
Fue nombrado miembro de honor por la Fundación Argentina para la Poesía en representación de la Provincia de La Pampa. Además, recibió el Tercer Premio Nacional de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación, por el libro «Cancionero del Alto Colorado» (2005), declarado «Mayor Notable Argentino» por la Cámara de Diputados de la Nación. En 2012, recibió el reconocimiento «Maestro de vida» que entrega anualmente Ctera.

La última despedida, con aplausos
Un centenar de personas le dieron la última despedida al poeta y escritor Edgar Morisoli, en el ingreso al Cementerio Parque. A pesar del frío, la jornada comenzó desde las 17, hora en la que escritores, músicos y artistas se acercaron a la sala velatoria de la Cooperativa Popular de Electricidad (CPE) para acompañar a sus familiares y darle el último adiós a don Edgar.
Ante las pautas dispuestas en el protocolo sanitario vigente, implementado por la pandemia de Covid-19, no hubo velatorio ni cortejo fúnebre. Sin embargo, sus seres queridos decidieron trasladarse hasta la puerta de ingreso del Cementerio Parque, donde aguardaron por sus restos. Allí, el momento se vivió con en un clima de profunda tristeza y muchos, por un momento, olvidaron los protocolos y se abrazaron para compartir el dolor que representó semejante pérdida. «Se nos fue el viejo», lamentó uno de los presentes, con lágrimas en los ojos.
A su vez, para despedirlo, los y las presentes le transmitieron un cálido aplauso. De esta manera, homenajearon la vida y la obra del poeta y escritor, que pasó a ocupar un lugar en la historia de la cultura de la provincia de La Pampa.

Las letras pampeanas están de luto
Las letras pampeanas están de luto. La peor noticia llegó en las primeras horas de la mañana. «Hoy falleció el Edgar. Pero Morisoli es inmortal», escribió su nieto, Juan Galo Santamarina en las redes.
La tristeza inundó la provincia, la que adoptó como tal a pesar no de haber nacido aquí, la que defendió a través del arma más poderosa que tuvo: la palabra. Edgar Morisoli, a sus 89 años de edad, falleció ayer.
Sintetizar su vida, su obra y su accionar, es imposible. Mucho se ha escrito sobre él por lo que decir algo «nuevo», en estos momentos, también es difícil. Sin embargo, su inmensa humanidad, su aporte a la lucha por los derechos humanos fue tan grande que merece el intento.
Edgar nació un 5 de noviembre de 1930. Con 26 años, cruzó al territorio pampeano en 1956 desde Campana (Provincia de Buenos Aires) donde estaba trabajando.
Su llegada a La Pampa fue obra del destino. Pronto a terminarse el contrato que tenía, buscaba trabajo en los avisos del diario. La situación era apremiante, estaba casado con Margarita Monges -su compañera de toda la vida-, tenía un hijo y otra en camino. De esta manera, halló un aviso de La Pampa donde se anunciaba la búsqueda de profesionales, entre ellos agrimensores como él, para los estudios sobre aprovechamiento integral que se estaban realizando en el Río Colorado.

«Me había hechizado».
Edgar se contactó y le dijeron que «sí», pero tenía que ir a conocer la zona. De esta manera, él, Margarita, su hijo y la beba viajaron inmediatamente, cruzaron el río y llegaron hasta La Adela. Allí se radicó, luego se fueron trasladando por la vera del Colorado a Colonia 25 de Mayo. Fue así que de a poco empezó a echar raíces en la provincia que nunca más abandonó.
No faltaron motivos para querer irse. Con los años vinieron los sangrientos golpes de Estado y las dictaduras militares. En más de una oportunidad lo echaron de la administración pública. «En total estuve 16 años cesante por razones ideológicas», ha contado en más de una oportunidad.
Sin embargo, don Edgar se vio «hechizado» por la Comarca. Por estos motivos, insistió en quedarse en La Pampa, este territorio tan presente en su escritura.

«Tiempo Litoral» y los ríos.
La escritura estuvo ligada a Edgar desde siempre, incluso durante sus años en Acebal, que en aquellos años era un pequeño pueblo de Santa Fe. Esa etapa de su obra la denominó «Tiempo Litoral».
Al llegar al territorio pampeano, continuó con una producción ligada íntimamente a los ríos. Su conexión con los recursos hídricos estuvo básicamente desde el comienzo. Gran parte de su vida estuvo entrelazada con ellos.
Por estos motivos, la causa relacionada a los ríos, por la que luchan los y las pampeanas por encima de cualquier diferencia, encontró en Edgar un incansable luchador, que estuvo presente siempre, desde la palabra y desde la acción.

Más vivencia que imaginación.
Hace poco tiempo nomás, con motivo de la presentación de su libro «Un ademán de sol», afirmó que no concebía la vida sin la poesía. También, confesó: «Me siento y me sentiré hasta el fin dionisiaco y utópico. La poesía, la pulsión poética, es lo único que nos revive y nos salva de convertirnos en víctimas cómplices de tanto escepticismo, tanto desengaño y tanta angustia como los que corroen el mundo contemporáneo. La poesía restaura la belleza del mundo frente a los embates del odio y la arrogancia del poder, creedme, la poesía cura los agravios del alma».
Las experiencias diarias, los momentos vividos, eran su fuente de inspiración. A pesar de que consideraba que su frontera a la hora de escribir era su imaginación, destacaba que toda su escritura era el resultado del diario vivir. Más vivencia que imaginación, resumía. Su obra, en la que mantiene vivos en la memoria aquellos héroes anónimos que la historia intentó olvidar. Esa concepción lo llevó a transformarse en el escritor y referente cultural que todos y todas despiden por estas horas con profundo dolor y eterno agradecimiento.

«Un hombre comprometido»
Las redes sociales se llenaron ayer de emotivas despedidas y palabras de adiós para Edgar Morisoli. Personalidades de todos los ámbitos sumaron su voz y una de ellas fue la de la senadora pampeana Norma Durango, quien lo calificó como «una de las grandes figuras de las letras» pampeanas y patagónicas.
Durango publicó en su Facebook unas palabras de despedida junto a una foto del 2013, cuando le otorgó una distinción y homenaje a Edgar Morisoli como «Personalidad destacada de la cultura».
«Hoy nos toca despedir a Edgar, qué tristeza! Se va una de las grandes figuras de las letras pampeanas y patagónicas. No fue sólo un poeta o un escritor valiosísimo, fue sobre todo un hombre comprometido con el mundo y particularmente con nuestra tierra pampeana y nuestros ríos. Edgar Morisoli, amigo de mi padre y una persona cercana a mis afectos, la vida nos mantuvo cerca siempre, no podría decir ahora todo lo que hicimos juntos desde la Subsecretaría de Cultura y en la APE, pero si recordar que todo lo compartido queda en mí. Saludo a JuanPa y a Moira y a sus familias. Descanse en paz querido poeta, tan nuestro», escribió la legisladora.