miércoles, 23 septiembre 2020
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La pasión por «Gauchito» Gil

Orlando Van Bredam, escritor, ensayista y docente, es autor de los libros «Colgado de los tobillos» y «El retobado: vida, pasión y muerte del Gauchito Gil». Allí se habla de la historia de Antonio Plutarco Cruz Mamerto Gil Núñez, de quien se cumplieron 142 años de su muerte. «Junto a la Difunta Correa, el Gauchito es de los santos locales el más querido y con mayor cantidad de santuarios que tiene a lo largo de todo el país, desde Ushuaia a La Quiaca», explicó el escritor en dialogo con Radio Noticias.
«Mi historia con el Gauchito surge en el año 1992, viajábamos con mi familia desde el Colorado (Formosa), hasta Gualeguaychú (Entre Ríos) y a mitad de camino, nuestro auto se rompe, frente al santuario de Antonio Gil. Se quemó la junta del auto, y toda la gente del lugar, incluido el mecánico, me dijeron que el auto se rompió porque al pasar frente al santuario no le toqué bocina, ni hice ningún gesto a favor del Gauchito», explicó el escritor.
«Cuando me empiezan a contar las historias me interesó mucho, porque como escribo, siempre estoy atento. Lo misterioso fue que el día que me arreglan el auto, me dicen: ‘ahora tiene que ir a agradecerle al Gauchito en el santuario, retirar una cinta roja y ponerla en el espejo para que lo proteja y el auto no se le va a volver a romper’. Yo no le hice caso y cuando salí del pueblo el auto empezó a recalentar», recordó Van Bredam.
«Vuelvo al mecánico a que revise el radiador, me dice ‘pero usted no buscó la cinta roja’. Yo me reí, le dije que conozco curanderos de personas, pero no de autos. Él se sintió avergonzado y me dice, permítame y me llevó al santuario. Pusimos la cinta en el auto y nunca volvió a fallar el motor del auto».

Investigación.
Van Bredam, señaló que «a partir de ahí comencé a investigar, durante ocho años, tratando de entender quién era, qué había echo Antonio Gil. Gran parte del libro tuve que imaginarla, estudiar el contexto histórico. Imaginé como había sido ese siglo XIX en el que Antonio Gil, había sido uno de los tantos gauchos asesinados en nombre de la justicia, aunque en realidad fue el acto más injusto que pueda haber ocurrido».
«Antonio Plutarco Cruz Mamerto Gil Núñez había nacido a 12 kilómetros de Mercedes, en una familia conocida, muy humilde. Fue un gaucho como cualquiera, que por hambre seguía a un caudillo, que usaban a los peones para defender sus tierras. Gil advirtió enseguida toda la mentira que había y cuando lo quieren llevar a la guerra decide desertar. Y eso era intolerable, porque el desertor era el peor ejemplo para el resto», resaltó Van Bredam.

Retobado.
«Lo terminan matando por retobarse al poder. El mito nace a partir del 8 de enero, en que lo llevan a Goya para que lo encarcelen y el juez decide que no hay méritos para encerrarlo. Cuando el patrón de estancia se entera, lo manda a degollar. Entonces lo cuelgan de los tobillos como a un cordero y lo degüellan, pero antes le dice a su verdugo, que ‘con sangre de un inocente, se puede curar a otro inocente'».
«Mucho tiempo después, su verdugo se entera que su hijo está muy enfermo, grave y se acuerda de esa frase. Regresa al lugar donde había asesinado a Gil, y encuentra sangre fresca. Este es el primer milagro, con esa sangre persigna al hijo y a las pocas horas se sana. Ese hecho en sí mismo resume el mito de Antonio Gil».

La iglesia.
Van Bredan señaló que la relación de la iglesia con Gil fue cambiante porque «primero lo negaban por considerarlo un bandido rural, cosa que está mal porque Gil nunca robó nada». Asimismo dijo que «algunos curas luego impulsaron la beatificación de Antonio Gil. Al margen de eso, todos los 7 de enero se realiza en la capilla de Mercedes, una misa en honor del alma de Antonio Mamerto Gil, señal de que existió, porque algunos han querido decir que nunca había existido».