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La primera bodega del norte pampeano

ACONDICIONARAN UN CONTENEDOR GIGANTE EN EL ACCESO A PICHIHUINCA

Un contenedor gigante albergará en Pichihuinca la primera bodega del norte pampeano. «Ya fue adquirido y estamos esperando que llegue» dice Horacio Larregui. El municipio acopió «los elementos y materiales necesarios: cajones de cosecha, una moledora despalilladora, la bomba de trasvase y una prensa, ambas de acero inoxidable, una encorchadora y herramientas como refractómetro y mostímetro». Será instalada en la entrada del pueblo y en su interior habilitarán «también un área de degustación y salón de ventas».
Plantaron 200 vides en 2016 y el éxito de su primera cosecha (2020) confirmó las aptitudes de su tierra y clima para vitivinicultura. El año pasado unos 370 kilos de uva hasta Santa Rosa, para que Ricardo Juan vinificara en Quietud. Obtuvieron 350 litros de buena calidad («un excelente Malbec, dicen los que saben») y resolvieron implantar una hectárea con 2.500 nuevas vides.
Pichihuinca aspira a desarrollar sus vinos como un atractivo turístico Además de duplicar su vendimia (obtuvieron casi 700 kilos), este año se registraron en el Instituto del Vino y desarrollaron su primera temporada turística, con la isita de una decena de contingentes pampeanos, que recorrieron el circuito y confirmaron sus condiciones.

Ocho paradas.
«Fue una gran satisfacción recibir turistas, en plena pandemia. Desde diciembre hemos tenido visitas permanentes. Para una localidad pequeña que recién inicia la actividad resulta muy reconfortante». Larregui fue convocado como referente de Turismo en diciembre de 2019: «pero llegó el virus y tuvimos que seguir trabajando puertas adentro», recuerda.
Aprovecharon para diseñar un circuito con ocho paradas, que bien puede comenzar por el viñedo. «Recorremos túneles de producción hortícola (tomates, lechuga, albahaca, acelga, zapallos) y las dos hileras que produjeron nuestras primeras botellas de Malbec». Cruzando una calle se llega a la nueva plantación, con otras 2.500 vides.
Una parada posterior podría ser «la reserva natural urbana de caldenes, donde estamos terminando de demarcar senderos. Ya colocamos cartelería, instalamos un punto digital y estamos implantando especies autóctonas, con la respectiva identificación de código QR, para que los turistas puedan acceder a toda la información desde su teléfono».
A 20 minutos de viaje, los médanos de Loboucó aguardan con sus ojos de agua, remanso ideal para reposar antes de visitar los tres antiguos hornos donde antaño convertían caldenes en carbón para locomotoras. En camino de regreso está el viejo aserradero donde aún funcionan perfectamente las mismas máquinas centenarias que rugían en tiempos de la tala indiscriminada.
De nuevo en el pueblo, sorprende la postal del balneario, una visión pintoresca con su pileta descomunal, cascadas y palmeras. Exhibe buen mantenimiento y cuenta con parrillas, mesas y sanitarios impecables. «Y para terminar el tour, el mejor sitio es nuestra Casa de Cultura, donde exhibimos artesanías locales y es posible degustar un buen vino», concluye Horacio. Y suena como una invitación.