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La recompensa en forma de sonrisa

DIA DE LAS Y LOS TRABAJADORES

El merendero “Arco Iris” de Toay nació en mayo de 2018 por iniciativa de María Susana Guevara. Una persona sensible que hace magia ayudando a los que menos tienen.

Arco Iris funciona en un garaje de una vivienda del barrio San Cayetano de Toay. Y no, no es un simple merendero, es un refugio, es una contención y es amor para los que más necesitan.

En diálogo con LA ARENA, Marisu, como muchos la conocen, explicó que comenzó con este proyecto hace cuatro años. “Un lunes a la noche le dije a mi esposo, el sábado vamos a abrir un merendero”.  “Fue una idea que tuve en mi cabeza durante toda mi vida. Quizás fueron las situaciones que uno pasó de chico y entiendo que de grande se puede ayudar y hacer algo por los vecinos”, resaltó. “No tenía ni el espacio, ni los insumos, ni sabía cómo lo iba a hacer, pero sentía que tenía que llevarlo adelante”.

En ese entonces Marisu se desempeñaba como empleada doméstica por hora en diferentes domicilios. “Tenía siete trabajos, pero aún así quería que los sábados fueran para dedicarme de lleno a mi merendero”.

A principio contó, por supuesto, con el apoyo de su familia, también de sus empleadores que la ayudaron en esta cruzada por los que menos tienen. “Ese primer sábado cayó uno de mis patrones con una camioneta llena de alimentos que había juntado en su trabajo. Cuando creí que no tenía nada, vino él con toda la mercadería”.

A partir de ese sábado ningún día iba a ser igual para Marisu. Abrió las puertas de 16 a 20 horas. “Al principio fui casa por casa y anoté los nombres de cada nene, mientras las mamás me contaban su situación y lo que necesitaban”. Su trabajo no finalizaba con servir una merienda porque cada ropa, cada útil escolar o cada alimento donado que llegaba a sus manos, era entregado a la familia que lo precisaba. “Ese primer día había alrededor de 38 niños, incluso llegué a tener hasta 50 chicos”.

La ayuda.

Siempre hay una mano tendida cuando el objetivo es por y para el otro y así sucedió con el merendero Arco Iris. “Un año el Centro de Diagnóstico por Imágenes, Diagnosis, fue nuestro padrino. Y nos ayudaron muchísimo. Pudimos conseguir shows de títeres, profesor de Educación Física que venía a jugar y también charlas preventivas de distintos profesionales de la salud para las mamás del merendero, etc.”.

Otro gran gesto fue el de Sergio Bertello, que cada sábado, durante tres años, donó de su panadería tres bandejas de facturas fresquitas. “Hoy recibimos ayuda de Pan Caliente que colabora en cada merienda con panificados para los chicos”, destacó.

Pero la ayuda viene de muchos lados y en múltiples formas. Quien quiere ayudar, lo hace hasta con su tiempo y sus herramientas. Ese es el caso de Teresa. Ella era una mamá que mandaba sus seis hijos al merendero y que hoy se sumó acompañando a Marisu a preparar cada comida de Arco Iris. También Silvia y el Flaco, que ofrecen sus conocimientos de albañilería y han reacondicionado el garaje donde ella y Teresa hacen de comer.

Además, apuntó que cada semana necesita materia prima para cocinar y dar la merienda: carne, leche, pollo, papas, galletitas, jugos, verduras, cebollas, frutas. “Yo preparo las comidas bien completas y sabrosas. No porque sea solidario vamos a cocinar soso, sin gusto. Cualquiera sea la ayuda viene bien. Algunas pocas verdulerías nos dan los cajones con hortalizas que ya no están a la venta, los supermercados cuando tienen paquetes con alguna falla me los donan y acá se cocina todo y se hace la comida, porque todo suma”.

Siempre llega.

En su garaje, Marisu tiene freezer y horno industrial y una amasadora, herramientas útiles que ayudan cuando hay que cocinar para tanta gente. “Sería bueno contar con una mesada grande, eso tendrá que esperar”, indicó.

Ella habla de cómo paulatinamente todo se fue dando de manera milagrosa, casi como un acto de fe. “Sinceramente no sé bien cómo funciona pero siempre que no tenemos los víveres, llega alguien y nos tiende una mano”.

Lugar de encuentro.

“Antes de la pandemia el merendero abría todos los sábados de 16 a las 20, eran las 21 y los chicos no querían irse…” Incluso relató que  los adolescentes de 14, 15 y 16 años se acercaban, ponían su música y se quedaban en ronda charlando entre ellos, pero antes la ayudaban a atender a los más chiquitos y servir la leche, después ellos se quedaban tomando mate.

“Esa esquina es el lugar de encuentro también de los jóvenes, ellos esperan que yo abra las puertas para sumarse. Entonces hablé con la asistente social de Toay, Silvina Guardia, y le dije que tenemos que ayudar a los adolescentes, porque me piden abrir el merendero y ahora no se puede por toda esta cuestión sanitaria, no se puede lamentablemente”. En este sentido, Marisu deja claro que no todo pasa por la comida en Arco Iris, también por la hermosa contención de los jóvenes que se sienten parte de un espacio que han hecho propio. 

Apenas comenzaba el 2020, una maestra de la Escuela 62 le comentó a Marisu que había chicos que no cenaban desde el viernes a la noche. “Imagínate mi desesperación. En ese momento la martillera Daiana Domínguez me dijo que me iba ayudar y que en su casamiento iba a pedir alimentos en vez de regalos. Trajo tanta mercadería que recién hace muy poquito se nos acabó, ¡imagínate lo que nos duró!”.

Después, el Flaco y Silvia empezaron a juntar alimentos. El primer sábado consiguieron cajones de pollos. Después venían todos los domingos hasta que llegó el coronavirus y ya era más complicado transitar por la avenida Perón.

“Siempre se puede”.

Durante los meses de aislamiento, el merendero siguió ofreciendo la leche. “Compré tuppers individuales con vasitos térmicos y se los regalé a cada nene. Entonces venían y se llevaban torta y la leche, respetando los protocolos sanitarios. Se las entregaba a través de la reja y cada cual tenía su ración”.

Otro aspecto que resaltó es que durante ese tiempo, no funcionaban los comedores municipales, sin embargo la comuna de Toay les donaba al merendero los insumos del comedor municipal que estaba cerrado.

“Venía gente de todos lados, gente con hambre que no tenía trabajo. Yo no sé de dónde sacaba la fuerza, pero hacíamos almuerzo y merienda. No existe no tener ganas, siempre se puede”, indicó.

Ahora prepara el almuerzo de los sábados, vienen y retiran.  “El sábado yo existo para mi merendero. Me levanto a las 7 de la mañana, desayunamos con mi esposo, lo llevo a su trabajo en Santa Rosa y me voy a recolectar las facturas y el pan. Mientras Teresa ya va empezando a hacer los primeros pasos de la comida”.

Que la magia ocurra.

Marisu quiere que su proyecto, el cual tiene redactado en una carpeta, sea más amplio. “Quiero que no se quede en merendero, quiero que sea un comedor, tener la tranquilidad que habrá comida para todos. Quiero que vengan a hacer la tarea, a jugar, a festejar el Día del niño, de la Familia y Navidad. Me gustaría contar con otra comodidad para los chicos”, se ilusionó. “Sueño con conseguir un terreno, construir un SUM vecinal, hacer la cocina, la cancha de fútbol y que sea representativo y abierto a toda la comunidad”.

Ella no quiere que su merendero sirva como bandera política ni que vayan a cortar las cintas y se olviden después de una campaña. “A mí me ayuda la gente común, incluso gente que no es adinerada, pero tiene ganas de colaborar. Esa es la gente que se compromete conmigo. El político solo estará en las elecciones. Solo quieren sacarse fotos y después se olvida”. Y agregó que hay personas que la ayudan desde hace cuatro años con lo que pueden.

En el marco del día del Trabajador, el Merendero saludó a todos los trabajadores y trabajadoras, a las familias que se acercan y al Club Leo de Santa Rosa, otra institución que colabora. Y los invitó a sumarse el próximo 23 de mayo donde se hará un gran Locro Popular. “Quienes quieran comprar una porción y quieran ayudar pueden contactarse con nosotros al (2954) 336071”.