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La respuesta del macrismo: papelón

MIENTRAS EL PUEBLO CHILENO CONTINUA CON SU REVUELTA

Un fantasma recorre la región. Se trata de la crisis del neoliberalismo que años atrás se impuso en Latinoamérica gracias a los triunfos de la derecha en países como Argentina, Chile, Brasil, Ecuador y Colombia.
El último levantamiento popular se registró días atrás en el país vecino de Chile, que se desató luego de un aumento en el precio de los boletos del subterráneo. Sin embargo, las razones son más complejas y están relacionadas con la profunda desigualdad que se vive allí.
Días antes, el gobierno ecuatoriano decretó el estado de excepción por 60 días y movilizó a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional para frenar las propuestas ante la eliminación del subsidio a los combustibles. Esta medida se adoptó en el marco de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional donde se prevén recortes en el gasto corriente y una reforma tributaria, aumentando los impuestos indirectos y reduciendo los directos, entre otras medidas.

La chispa.
Todo comenzó como una protesta de estudiantes que evadían pagar los pasajes del Metro de Santiago en protesta contra el aumento a 30 pesos del transporte público. Sin embargo, esa pequeña chispa se propagó y culminó en una revuelta popular y masiva en todo el país, donde la gente salió con carteles y cacerolas. «Esto no es por $30 en pasajes. Es la gota que rebalsó el vaso», se podía leer en una pancarta.
La protesta, claramente, es en contra del gobierno y el sistema político neoliberal que rige en el país.
La respuesta del presidente Sebastián Piñera no se hizo esperar y es un calco de lo que ocurre en el resto de los países gobernados por la derecha: Estado de Emergencia y militarización de las calles. A su vez, impuso un toque de queda en Santiago y sus zonas de influencia. Para muchas personas, se trató de un dejavú de lo que ocurrió durante la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet.
El presidente fue claro al emitir su mensaje y manifestó que su país estaba «en guerra» con un «enemigo poderoso e implacable»: el pueblo. Su discurso podría adaptarse a la realidad de Argentina, Ecuador y otros países del continente donde la población enfrenta en la calle la implementación de programas de ajuste y políticas que benefician a solo un pequeño sector.

Papelón oficial.
El temor de los gobiernos neoliberales, que advierten un posible fin de ciclo, se puede observar a través de las declaraciones de sus representantes, y los de Argentina no son la excepción.
Las declaraciones, emitidas por dos funcionarios y un candidato oficialista a pocos días de una elección, no son más que otro papelón en el escenario internacional. El canciller argentino, Jorge Faurie, salió a hablar sobre el caso de Chile y denunció la existencia de una acción coordinada promovida por la Venezuela para desestabilizar a los gobiernos de la región. En ese proceso, incluyó las recientes manifestaciones con incidentes producidos en Ecuador, Chile y la Argentina.
«Hay gente organizada, métodos calcados para actuar y generar situaciones de extrema violencia y generar un caos institucional para desestabilizar a los procesos políticos», aseguró Faurie en diálogo con radio La Red.
El ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Mauricio Macri, según replicó Infobae, siguió con su teoría conspirativa y sostuvo que la avenida 9 de Julio se transformó en «un campo de entrenamiento» para este tipo de grupos violentos. Y lo que sucedió días atrás frente al Consulado de Chile en Buenos Aires demuestra que hay «como un manual» para enfrentar a autoridades y a medios periodísticos de una manera muy peculiar.
«En esa brisita que llaman hay claramente una intención de intervenir y estar presentes en la vida institucional, política y social de nuestros países. Nos amenazan con un huracán bolivariano y el huracán bolivariano nos va a traer hambre, pobreza, falta de libertad y dictadura», afirmó Faurie. La desesperación es palpable.

El candidato.
Miguel Angel Pichetto, el candidato a vicepresidente de Juntos por el Cambio, no se quedó atrás e insistió en que detrás de las protestas en Chile existe una estrategia de desestabilización internacional orquestada por Nicolás Maduro. Como no podía ser de otra manera, incluyó en la iniciativa a Cuba.
«Hay un proceso de desestabilización en la región con injerencia venezolana-cubana. La dictadura militar en Venezuela, en sociedad con Cuba, está avanzando en otros países de Latinoamérica», sostuvo Pichetto.
Por su parte, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, defendió la represión ordenada por el presidente chileno Sebastián Piñera y definió como «insurreción cuasi terrorista» a los manifestantes
«¿En Chile qué hay acaso? Un intento de hacer caer ese gobierno. ¿Qué, cuándo gana la derecha no la dejan terminar?», manifestó la ministra, lo cual también es revelador de la preocupación que existe por los levantamientos populares.

Desesperación.
La marcha atrás del gobierno ecuatoriano en las medidas y la situación que atraviesa Chile alarmó a los gobiernos neoliberales que encarnan Lenin Moreno, Jair Bolsonaro, Iván Duque, Sebastián Piñera y Mauricio Macri.
Los levantamientos populares están poniendo un freno a las políticas que intenta implementar la derecha en la región. A esto se suma la imposibilidad de intervenir en Venezuela, donde el pueblo chavista resiste, y las elecciones presidenciales en Bolivia, donde Evo Morales obtuvo una importante victoria y se encaminó a la reelección.
Este escenario se completa con los comicios que se llevarán a cabo este domingo en Argentina. Los resultados de las PASO expresaron el cansancio y la bronca de la población, lo que se tradujo en la derrota de Mauricio Macri ante el candidato opositor, Alberto Fernández.
Por estos motivos, los ojos del mundo están sobre la región, atentos al desenlace en Chile y a las elecciones de Argentinas, donde el neoliberalismo podría recibir su estocada final.

«Los de abajo se revelan»
José Caro es un hombre que nació en Chile y hace 45 años tuvo que mudarse desde Temuco a la ciudad de Santa Rosa, donde actualmente reside junto a su esposa. En diálogo con Radio Noticias, explicó que tomó la decisión de radicarse en la Argentina porque «a un año del golpe de Estado de Pinochet, la situación socioeconómica en Chile era para nosotros bastante precaria. Yo ya tenía en vista casarme con mi actual señora, y los horizontes no eran los mejores así que decidí venir a la Argentina por referencia de una familia que estaba radicada acá en Santa Rosa».
Consultado por la situación que atraviesa su país natal, Caro afirmó que le «duele ver enfrentarse hermanos contra hermanos, no es nada lindo. Y que un hermano mate a otro menos todavía».
A su vez, explicó que en Chile «la situación siempre fue el pobre muy pobre y el rico muy rico» y que esa realidad «no ha variado» en los últimos años. En ese sentido, explicó que la distancia entre las dos clases sociales «siempre fue muy notoria».
Finalmente, sostuvo que «los de abajo se están revelando» y que «están haciendo oír su reclamo», porque «la situación no da para más».