La soledad del pibe que vende banderas

PUNTO DE VISTA

¡Qué pena el pibe que vende banderas y todo tipo de artículos celeste y blancos! Ahí está, estoico ya desde el viernes, con su improvisado puesto en ese estratégico lugar de la ciudad que es la intersección de Perón y Uruguay, sin dudas el más transitado. Pero entre el clima, la crisis que en nos ha sumergido el gobierno del cambio y lo que transmite y juega el equipo seguro que no va a ser fácil.
Definitivamente, tendremos que empezar, parece, a acostumbrarnos a este tipo de situaciones futboleras, los mejores tiempos han pasado y tal convenga poner un poco más los pies sobre la tierra y adaptarnos a las realidades. Y en esa realidad de hoy, sospechamos, al pibe que vende banderas las cosas no le irán del todo bien. No es un deseo, es lo que nos parece un baño de realidad.
Argentinos y futboleros, afectos somos a guiarnos por las emociones y las sensaciones. Hasta antes del partido frente a estos limitados pero muy honestos islandeses, y desde la conformación definitiva de la lista transitando toda la previa, tuvimos la idea de que ante la consumación de los hechos lo que quedaba era poner al fichas a lo que hay. Terminado el tiempo de la polémica, no quedaba otra que apostar a la camiseta defendida por los que el técnico eligió, incluso apostar por el mismo Sampaoli enterrando al menos todas las dudas que el proceso viene generando y no despeja desde el arranque mismo. O acaso más atrás, desde que Argentina cedió en la final de cuatro años atrás en Brasil.
Ahora, una vez pasados los primeros 90 para nosotros, esa “tregua” que nos habíamos otorgado se rompió de una manera fea, tal vez todavía no la peor pero sí fea. En el verde césped moscovita el equipo evidenció que el cuerpo técnico falló en el análisis previo, que erró la formación y el planteo inicial y que durante el trámite tuvo mucha lentitud de reflejos para leer la realidad y apelar a las soluciones a modo de cambios. De nombres, de funciones y de estrategia.
El resultado es la prueba. Islandia, su técnico, sin tener más que vagas referencias de un rival como Argentina (¿qué video ver si este once jamás fue visto?), acertó mucho más que los nuestros teniendo todas la posibilidades. Islandia hizo lo que cualquier observador de fútbol podía predecir que haría y pese a eso Argentina le dio todas las herramientas que necesitaba para ser exitoso.
De arranque se vio que sobraba un volante de marca. Y que faltaba uno de manejo. Que jamás tuvo el equipo desborde por afuera a pesar de que jugó Salvio de “4” para hacer esa función. Tagliafico, que tiene esa virtud, no lo intentó. Con Messi hasta triplicado en la marca, el equipo no tuvo alternativas, salvo algunos intentos de asociación de Meza con el capitán. Ver a Agüero bajar hasta casi la mitad para tratar de tomar contacto con la pelota, o a cualquiera que juegue de “9”, es todo un síntoma. Y hay una pregunta que puede ser común a dos grandes asuntos. ¿ A que juega Argentina y en ese planteo de Sampaoli a que juega Di María ? que no gravitó en la marca, en la recuperación y muchos menos en la creación del juego de ataque.
Mientras el pibe que vende banderas sigue firme, la temperatura interior empieza a subir a medida que pasan los minutos y uno ve cómo Sampaoli no ve y cómo los islandeses, sí ven que el negocio está a punto de concretarse. Es más, si uno no tuviera corazón celeste y blanco y estuviera en una butaca neutral, estaría pensando en que con un cacho más de atrevimiento pudieron por lo menos quedar más cerca de la hazaña.
El partido se fue y dejó un punto. Preguntas acerca del arbitraje, del VAR (que parece estuvo cerrado) y de algunas cosas más preocupantes. Al menos si seguimos pensando que estamos para pelear arriba. Una vieja máxima del fútbol asegura que los grandes jugadores aparecen cuando el equipo más los necesita. Ayer no se vio, como -la verdad- tampoco se vio ese equipo rodeando al gran jugador.
Nos sobra experiencia en esto. Sabemos que no hay mucho margen para más pasos en falso. El tema no es haber perdido dos puntos, el asunto es no encontrar el camino. Tal vez debamos bajar las expectativas y más fríamente reconocer que tal vez no estamos para lo que creemos que estamos. Por ahí, el pibe que vende las banderas entiende un poco más el porqué de tanta soledad, aunque haya elegido tan bien la esquina más transitada. (Herues).