domingo, 26 septiembre 2021
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La Tota, por el camino del Toto

HISTORIAS DEL FUTBOL NUESTRO: DEBUT EN EL ALBO, CON GOL INCLUIDO

Viernes 22 de abril de 2011. Estadio Mateo Calderón. Se juegan 13 minutos del primer tiempo entre Atlético Santa Rosa y Deportivo Che Guevara, por la sexta fecha de la Zona Norte del Torneo Oficial de la Liga Cultural de fútbol. Roberto Cornejo recibe la pelota en tres cuartos de cancha, cerca de la línea lateral derecha, la baja con el pecho y encara en diagonal hasta el borde del área, donde con un enganche hacia el centro deja parado a Luis Guzmán y saca un remate de zurda al primer palo, sorprendiendo al arquero Oscar Grandón y desatando el grito de gol de su parcialidad.
El Toto, en el día de su debut absoluto en la Primera División del Albo, el equipo que lo había visto crecer antes de desarrollar una extensa carrera en el fútbol nacional e internacional, se da el gusto de anotar un gol y encaminar lo que sería victoria (2-1) para el club de sus amores. Habían pasado diez años de su debut en San Lorenzo (25 de noviembre de 2001), también con un gol para la victoria 1-0 ante Rosario Central en el fútbol grande de AFA.
Sábado 11 de septiembre de 2021. Estadio Nuevo Rancho Grande. Se disputan 7 minutos del complemento entre General Belgrano y Atlético Santa Rosa por la fecha inicial del Torneo Desarrollo de fútbol femenino, el primero bajo la órbita de la Liga Cultural. Lorena Aliberti Peralta ejecuta un tiro libre desde el ataque izquierdo del Albo y Liliana Cornejo, que había ingresado en el complemento, le gana a todas en el área para convertir de cabeza y levantar a la bulliciosa hinchada visitante.
La Tota, en el día de su debut absoluto en la Primera División del Albo, uno de los diez equipos que le dan vida a una jornada inicial histórica para las futbolistas culturalistas, se da el gusto de marcar el segundo gol de su equipo (fue empate 2-2) y lo celebra de cara a su familia. En la tribuna está el Toto, que diez años después de su primer gol en la Primera del Albo -y veinte después del primero en el Ciclón- revive las sensaciones de aquel estreno propio, ahora en la figura de su hermana.

Toto y Tota.
Roberto y Liliana crecieron jugando a la pelota en el Fonavi 34. El Toto se formó en Atlético Santa Rosa y cuando era un adolescente se sumó a las filas de San Lorenzo. Después llegaría una larga trayectoria en el país (también jugó en Gimnasia y Esgrima La Plata) y el exterior (pasó por México, Perú, Colombia, Chile y Nueva Zelanda), pero fue en el Ciclón donde sorprendió con su frescura, enganches y gambetas.
Su hermana siguió jugando en el barrio, siempre entre los varones, pero se fue alejando a medida que crecía y no encontraba un espacio para desarrollar su pasión. A los 16 años el Toto la llevó al Ciclón y la santarroseña deslumbró con sus jueguitos, pisadas y manejo de ambas piernas; incluso al plantel masculino de Primera, que la bautizó como la Tota. Pero por cuestiones familiares volvió a Santa Rosa, al año siguiente fue mamá (de Daniela) y el sueño de ser futbolista, como su hermano, se fue desvaneciendo.
Después llegarían Benjamín y Martina, sus otros dos hijos, y una vida de madre que la alejó definitivamente de las canchas. Continuó jugando con familiares y amigos, principalmente al fútbol 5, pero la posibilidad de competir oficialmente ya no figuraba entre sus objetivos.
Este año, con sus hijos ya más grandes, vio una puerta abierta para volver y se fue a probar a All Boys, que buscaba armar su plantel de Primera División de cara al primer torneo de fútbol femenino en la historia de la Liga Cultural. Empezó a entrenar en el Auriazul, pero un par de semanas antes del inicio del torneo cambió de vereda. Este sábado, a los 35 años, jugó por primera vez por los puntos, de manera oficial, y marcó uno de los goles de Atlético Santa Rosa en el empate 2-2 ante Belgrano.

El debut.
«Estaba nerviosa, con muchas ganas de entrar», cuenta la Tota sobre su espera entre las suplentes del Albo, y confía que cuando en el inicio del complemento le tocó ingresar a la cancha, confirmó el presentimiento que arrastraba desde los días previos: «Sabía que iba a hacer un gol, y cuando llegó el tiro libre fui confiada a cabecear pensando en que lo hacía».
«La felicidad de meter el gol fue enorme. Había esperado mucho tiempo para esto y se me vinieron muchos recuerdos encima. Estaba mi familia en la tribuna, una pareja de vecinos que siempre me apoyaron… Fue una sensación hermosa», se emociona Liliana, «Eli» para la familia.
«Se dio completo el debut. Esperé hasta que mis hijos se hicieron grandes, vi que ahora estaba la posibilidad de jugar y me animé. Nunca es tarde para cumplir los sueños», cierra la Tota, quien agradece por el apoyo a familiares y vecinos, y anima a las nuevas generaciones de futbolistas: «A todas las chicas que empezaron les digo que lo disfruten y que le den para adelante, porque esto recién empieza».

La felicidad del Toto.

«Estoy muy feliz como hermano porque ella se crió conmigo jugando al fútbol y es algo que ama», cuenta Roberto Cornejo al hacer referencia a su hermana Liliana. «Me hubiera gustado que tuviera la posibilidad en San Lorenzo, pero era muy chiquita y no se le dio por cosas de la vida. Por suerte ahora tiene esta chance de jugar y eso me pone feliz», agrega el Toto. Y recuerda una anécdota de ambos en el Ciclón: «Yo estaba entrenando con la Primera, se va la pelota afuera y ella, que estaba mirando, empieza a hacer jueguitos… Terminó todo el plantel haciendo una ronda y aplaudiéndola. Ahí le empezaron a decir la Tota».