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«La UCR no puede dejar que asuma Agón»

OPINION DE UN RADICAL

Hoy más que nunca, cuando vemos cómo se derrumba la confianza en nuestros representantes, ver asumir un cargo legislativo de una persona con clara «inhabilidad moral» deja a todos los correligionarios muy mal parados frente a la sociedad.
JUAN JOSE REYES
La marcha de la política pampeana, ya sea en sus dos principales ciudades o en pequeños pueblos depende del grado de honestidad de quienes la integran y que debiera impregnar a todas las esferas comunitarias. Son pocos los hombres que han pasado por el derrotero de la política local y han salido indemnes de tal situación. Por dos de ellos en el recuerdo, el Vasco y Pacheco, íconos del radicalismo lugareño debieran haber germinado nuevas generaciones de políticos honestos.
Al parecer, los radicales no hemos aprendido nada de aquello. Ver a un pillo auténtico con inhabilidad moral que se «borró» de la presidencia de la Convención -pero que seguro ocupará su banca en diciembre y cobrará sus emolumentos- por miedo al escrache por «ladrón, estafador y usurpador de títulos», cambió la cara de muchos dirigentes del centenario partido en un sábado parecido al de la obra «El jardín de los suplicios».
Un libro de Roberto Arlt -Aguafuertes porteñas- decía: «Si usted quiere ser diputado, no hable en favor del trigo, del petróleo, de impuestos; no hable de fidelidad a la Constitución, no hable de defensa del obrero, del empleado y del niño. No; si usted quiere ser diputado, exclame por todas partes: -Soy un ladrón, he robado… he robado todo lo que he podido y siempre».
En otra novela, Octave Mirbeau -El jardín de los suplicios- escribió: «Todos los sinvergüenzas que aspiran a chuparle la sangre al Estado en el presente y el futuro, tienen la mala costumbre de hablar a la gente de su honestidad. Hablan tanto de ello, que no hay metro cuadrado en el suelo donde se quisiera escupir, que no se escupiera de paso a la honestidad».
Aquellos valores y el altruismo de decir la verdad, ser decente, recatado, razonable, justo y honrado es uno de los principios universales, imprescindible para poder construir la convivencia humana y establecer una buena relación entre las personas. Sin embargo Agón sembró esta mancha que debió soportar la Convención radical del sábado pasado.

La estafa como atributo.
La honradez se cimienta sobre la ética personal. Ni las intenciones egoístas ni la ceguera dogmática son buenos consejeros. Por eso, el que es honrado no abusa ni de la confianza ni de la debilidad de los demás. En el año 2008 Mauricio Agón, diputado electo por la UCR dentro del frente Cambiemos, fue condenado por la Justicia pampeana por estafador, falsificador de instrumento privado y por el ejercicio ilegitimo de una profesión en 12 oportunidades.
Se hizo pasar como contador cuando era estudiante. Delinquió y estafó pero logró la suspensión del juicio a prueba (probation). Una de las principales víctimas de aquellas maniobras fue Norma Niestempski, quien en la puerta del Comité de la UCR bregó el sábado para que los convencionales lo expulsaran del radicalismo. La ex dueña del conocido comercio Caprice Bijou, que se vio forzada a cerrar al ser víctima de una gran estafa, pues su falso contador nunca pagó IVA, Ingresos Brutos, contribuciones patronales y personales que la familia propietaria le daba religiosamente en mano.

Rechazo.
Los coletazos de aquel certero golpe a la credibilidad de una persona que será investida el 10 de diciembre como legislador electo de La Pampa genera cada vez más rechazo e indignación, inclusive dentro de sus propios dirigentes que tuvieron que soportar tamaña afrenta y vergüenza. Todavía resuena el tintineo metálico de golpes y frases desgarradoras de una de las víctimas: «Le pido al radicalismo que hagan algo de corazón para que Agón no asuma. Se lo pido de corazón, de rodillas, como mamá, abuela, ciudadana y persona. Que no represente a los ciudadanos a quienes hizo tanto daño. Basta de impunidad, basta».
Hoy más que nunca, cuando vemos cómo se derrumba la confianza en nuestros representantes, más cuando se pone de manifiesto que la honestidad es la base de la confianza ciudadana y que ella pasa inexorablemente por dar ejemplo, ver asumir un cargo legislativo de una persona con clara «inhabilidad moral» deja a todos los correligionarios muy mal parados frente a la sociedad.