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Las mascotas y la pandemia

"UN PERRO CON BARBIJO ES COMO TARZAN CON MEDIAS"

Dicen que una imagen vale más que mil palabras… El perro parado en la puerta de su casa, como dudando… ¿salgo o no salgo? La duda del animal trasuntada en una foto, testimonio que a veces suele ser más elocuente que una descripción verbal, o escrita como en este caso.
¿Intuyen las mascotas lo que está pasando en estos tiempos de pandemia?
«Están desorientados, algo perciben. El perro está tal vez un poco raro -el gato también-, porque por lo general están de 8 a 10 horas solos, y de golpe la familia está en la casa», dice mirando la foto el médico veterinario Rodolfo Casal.
El profesional -más de 20 años de veterinario-, al ser consultado explica que «si una persona deja habitualmente el portón abierto, el perro sabe salir, dar una vuelta y regresar a casa».
En estos momentos de cuarenta «es un problema el tema del paseo cotidiano, porque hay que respetar las disposiciones del gobierno, y tengo entendido que uno lo puede sacar en la misma cuadra un rato. Es verdad que a veces puede aparecer más paseando el dueño que el perro… pero bueno: todo perro pasea para hacer sus necesidades, distenderse. Es igual que nosotros y tiene que distraerse».

Con collar y correa.
Casal recordó que cuando se saca el perro a «dar la vueltita no tiene que ir suelto, sino con collar y correa… De soltarlo porque se conoce que no se va a ir, el dueño tiene que estar expectante, pero indudablemente el animal tiene que tomar un poco de aire».
Agregó que «los hemos metido en casas y departamentos y es un animal caminador… como que desciende del lobo, que puede recorrer hasta 30 kilómetros en un día. Pero lo cierto es que nosotros lo hemos troquelado a nuestras costumbres».
El profesional señaló que no se trata de que lo sacamos y «le damos una vuelta a la laguna y está bien. Es mejor salidas más frecuentes y más cortas en su duración… siempre respetando las reglas, viendo que no haya gente en las veredas, sin generar conflictos».
En estos días que la familia se queda más en casa, pidió que se les preste atención a las mascotas: «Hay que acariciarlas, jugar con ellas. Lo otro importante es racionarles un poco la comida, reducirle la ingesta por lo menos en un 25-30%, porque sino cuando vuelva la normalidad van a estar un poco pasados de kilos. Cuando están excedidos les pueden aparecer problemas cardíacos y también sufren sus articulaciones».

Gatos.
«¿Si los animales se estresan? Puede pasar si se los maltrata, porque en realidad se acomodan a todo: cariños, paseos, mimos… están adaptados a nuestros quehaceres y se la bancan. Ahora mismo deben estar un poco raros por alteraciones de nuestras conductas. Y sucede igual en perros y gatos», afirmó.
Sobre los felinos, Casal dijo que «una persona no se da cuenta hasta que tiene uno, el gato es muy perceptivo, muy compañero, está atento a todo, pero a su estilo. Lo percibe todo, y no precisa que alguien lo saque: se va solo. Me ha llamado la atención que por las noches, cuando regreso a mi casa, los veo en las calles. Es rarísimo, pero al no haber casi perros en el centro ellos ganan esos espacios».

Los veterinarios.
Rodolfo Casal señaló que las veterinarias «siguen atendiendo: así como los médicos no pueden darle la espalda a las personas, tampoco nosotros a los animales, que merecen el mismo respeto que el humano».
Advirtió que hoy en día las mascotas pueden sufrir el exceso de pesticidas, que se están utilizando en las fumigaciones por la presencia de mosquitos. Y eso mismo sucede en las viviendas, donde se manejan compuestos químicos en demasía, «porque a veces no se leen los prospectos» con las indicaciones en su aplicación.

Barbijos no.
Preguntado sobre si se le deben colocar barbijos a los perros -algunos se los ponen cuando los sacan a la calle-, el veterinario utilizó una expresión muy gráfica: «Ponerle barbijo a un perro es como ver a Tarzán con medias».
Pidió no exagerar en los pretendidos cuidados que a veces no hacen más que perjudicar al animal: «He visto que a algunos perros que andan en las calles alguien, con buena voluntad claro está, les pone una suerte de pulovercitos… eso en realidad termina siendo perjudicial, porque con el rocío o la lluvia se mojan y les pueden provocar una neumonía», cerró.