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Las vacunadoras pampeanas «han estado a la altura»

«Nuestras vacunadoras son excelentes y han estado a la altura de este momento histórico». Así definió al personal que se ha puesto al hombro la campaña de vacunación en la provincia María Angélica Lucero, licenciada en Enfermería e integrante del equipo de Inmunizaciones del Ministerio de Salud.
El Plan que implementó La Pampa se ha caracterizado por su velocidad y su eficacia. Sin embargo, detrás de los datos fríos están los y las vacunadoras de todas las localidades, que no solo han garantizado la aplicación sino que han logrado obtener un excedente de los frascos de 15.675 dosis, permitiendo que más personas sean inmunizadas.
Esto ha llamado la atención de más de una persona e incluso de otras provincias. Para conocer en detalle, Lucero dialogó con LA ARENA y explicó cómo se ha logrado alcanzar este escenario y cómo se lograron rescatar los excedentes en los 102 vacunatorios pampeanos.
«Las vacunas, como otros medicamentos, se presentan en multidosis -más de una en el frasco- que pueden ser 5 o 10, o en frascos de monodosis», contó. En el casos de las vacunas, los laboratorios «por una cuestión de exactitud de dosis siempre pone un excedente, en el caso de las monodosis es apenas 0,2 milímetros y no alcanza para nada».
En el caso de los frascos multidosis, este excedente ronda entre un 20 o 30 %. En La Pampa estaban al tanto de esto debido a que contaban con la experiencia de la vacuna contra la fiebre amarilla. Sin embargo, la vacuna contra el Covid-19 era desconocida.

El primer caso.
La primera vez que se detectó un excedente fue en 25 de Mayo. «Cuando vimos eso se nos planteó ¿qué hacemos con esto? Uno sabe que lo que hay de más es igual al resto del contenido, es vacuna. Vimos que pasaba el mismo problema en Estados Unidos con Pfizer y la FDA hizo una autorización para usar ese excedente, lo mismo pasó en Europa con AstraZeneca/Oxford y la Agencia Europea de Medicamentos también autorizó el uso», comentó.
Sin embargo, esta primera experiencia fue con la Sputnik V, donde en un frasco de cinco dosis «salían seis». Las autoridades decidieron utilizar este excedente por varias razones: «Primero porque lo que hay adentro (del frasco) no es otra cosa que vacuna, segundo porque ante la escasez mundial de producción y la necesidad de tener más personas inmunizadas». Estos argumentos fueron más que suficiente y La Pampa avaló su uso. «Después Nación se expidió y dijo que es de buen vacunador, está dentro de las buenas prácticas, usar el excedente», destacó Lucero.
En ese sentido, aclaró que el excedente siempre es de un mismo frasco. «No es que juntamos un poquito de cada frasco. Si da la dosis, se coloca, sino no se coloca. Esto para evitar todo tipo de contaminación», remarcó.

«Son excelentes».
Lucero señaló que la posibilidad de aprovechar el excedente está relacionado a los tipos de jeringas, donde la dosis que se coloca es de 0,5 centímetros cúbicos. Esto se debe a que hay algunas que son desmontables, mientras que otras «que se bloquean al momento de inyectar para evitar el reuso, es muy exacta y no deja líquido en el ‘cono’, que es la que engancha la ‘camisa’ de la jeringa con la aguja». En el caso de las desmontables, en el cono «queda un excedente de líquido que no entra en el cuerpo» y es «desperdiciado».
«Nosotros trabajamos con lo que nos da Nación, que nos dá de ambas. Entonces, depende también del material que uno pueda aprovechar un 20 o un 30 %».
Pero no solo se trata del material a utilizar, sino la mano que hay detrás y que permiten aprovechar el excedente para tener más población vacunada. «Nuestras vacunadoras son excelentes», destacó Lucero y remarcó que «son personas que se han venido capacitando desde hace muchos años».
Y no solo se trata de una «buena práctica de vacunación». Para Lucero han asumido con responsabilidad el desafío, debido a que nunca se ha realizado una campaña tan grande como esta. «Hemos hecho muchísimas campañas, pero las características de esta son únicas, es histórico este momento», afirmó.

Esperanza.
«Siempre decimos, cuanto más vacunados mejor. Es mejor usar un excedente que tirarlo a la basura», así definió Lucero la estrategia que lleva adelante La Pampa. En esa línea, destacó «la eficiencia» de los y las vacunadoras. «El recurso es capacitado desde siempre, con Covid-19 fue una capacitación más intensiva que empezó en octubre», comentó.
«Hay una cuestión que me ha emocionado en los últimos tiempos, que es que han asumido la actividad como propia», subrayó y reveló que en las comunicaciones internas se refleja «la alegría y el entusiasmo». También la ansiedad, debido a que constantemente preguntan cuándo llegan más vacunas. «Son incansables, y tienen una actitud impresionante para vacunar».
Lucero se emocionó cuando recordó pequeñas historias que se van registrando a medida que avanza la campaña. Las largas filas, las personas que llegan acompañadas por un familiar que capta el momento con su celular. «Hay gente que llora de emoción cuando va a vacunarse, son cosas que uno no ve con la vacunación común».
Con respecto a las largas colas que se generan en los vacunatorios, confesó que «dan espíritu» porque demuestran que «se está haciendo el trabajo y la gente lo puede palpar». De todas maneras, reconoció que ha sido complejo «el tema de los turnos, pero porque nunca vacunamos con turno. Siempre fue a demanda, esta vacuna por un tema de organización necesario tuvimos que dar turnos y sin embargo la población lo aceptó, lo asumió y lo espera».

Un esfuerzo invisible
Lucero remarcó que el trabajo realizado en La Pampa se hizo de manera correcta, con «responsabilidad y a tiempo. Acá llegan las vacunas y no las tenemos más de 48 horas. Un cargamento se agota en 72 horas».
Sin embargo, alcanzar esta eficacia llevó tiempo y paciencia. Al inicio hubo un «sin saber» por las pocas dosis que llegaban. Pero la llegada de las vacunas se aceleró fuertemente en los últimos meses y los y las vacunadoras «estuvieron a la altura, colocar más de cinco mil dosis por día fue impresionante. La vez que llegaron 14.400, que fue el más grande, fue una emoción bárbara poder mandarle a todas las localidades».
«Porque también es difícil. Hay una población anotada que es amplia, vamos viendo en el sistema y entregamos proporcionalmente, pero sabemos que no cubrimos toda la población. Eso es un tema que lo sufren más los vacunadores, porque se ven en la puerta con la gente y a veces las personas comprenden y otras no. Ellos se enfrentan a eso día a día, y a pesar de esas cuestiones, han estado realmente a la altura y continúan. Son maravillosos, han demostrado su capacidad en esta campaña, más que nunca porque siempre han sido exitosas las campañas», agregó.
Por otro lado, resaltó «el refuerzo de la cadena de frío en toda la provincia, porque tenemos un ultrafreezer que es un lujo y no todas las provincias tienen». Gracias a esto se pudo llegar a todos los puntos de la provincia sin perder ni una dosis.
En el interior también hay un esfuerzo que es invisible. Lucero mencionó como ejemplo el caso de Paloma, que se encuentra en Victorica. «Organiza su zona y su cercanía, que es Carro Quemado, Loventué, Telén y Luan Toro. Ella trata de distribuir los recursos, y si se presentaban menos personas para recibir la dosis, ella lograba llegar con el tiempo para que la gente se vacuna. Es impresionante la logística y eso no se ve, pero es maravilloso».

«Uno regala vida con la vacuna».

La pandemia está dejando en el personal de Salud muchísimas experiencias, algunas tristes y otras más esperanzadoras. Así lo consideró Lucero, quien reconoció que «hay historias muy tristes dentro de la terapia», pero el avance de la campaña de vacunación «es esperanzador porque es como si uno regalara vida, y la gente a veces dice que uno le regala vida con la vacuna».
De todas maneras, el proceso de aprendizaje fue arduo, particularmente con la cadena de frío. «Teníamos cero experiencia», confesó.
Por estos motivos, se hicieron «muchísimos simulacros antes de empezar la vacunación, de cuánto tardábamos aplicando, cuántas personas podíamos vacunar en toda la provincia y promediábamos el tiempo que tardábamos en poner cinco dosis». Después llegó el tiempo de estudiar los envíos al interior, aspecto por demás complejo en relación a la cadena de frío.
A esto se le sumó la época. «En pleno verano nos tocó», recordó y explicó que había que asegurar que las vacunas llegaran con la temperatura adecuada. «Eso fue emocionante, aunque el primer día fue un estrés porque no sabíamos si eso iba a llegar».
El Ministerio de Salud hizo una fuerte inversión en equipamiento y acondicionó camionetas para que hacer los envíos. Luego, se trabajó en la preparación de los cargamentos en conservadoras. «Hay un tiempo de diez minutos para preparar eso, no puede excederse, en ambientes fríos, tenemos ropa especial», comentó y señaló que luego resta estar atentos a que lleguen con la temperatura adecuada.
«Eso ha sido un tema y un aprendizaje para todos. Ahora ya lo vivimos diferente, ya sabemos cómo manejarlo y sabemos que va a llegar. Antes yo no sabía, a pesar de los simulacros. Dejábamos las conservadoras con el hielo y el termómetro y veníamos a las 20, a las 22, a las 5 de la mañana, para ver si resistía», agregó.
Luego había que pensar en el territorio y sus condiciones. «Todas esas cosas la fuimos midiendo y salió bien. No perdimos dosis, eso es muy importante, no perdimos cadena de frío», resaltó.
«Eso ha sido un gran mérito de todos, primero de contar con los recursos. Si no se cuenta con los recursos milagros no se puede hacer, y después la responsabilidad de cada uno que estuvo esperando en la puerta las vacunas, los choferes que controlan durante el viaje. Es un hermoso trabajo y un gran aprendizaje», concluyó.