viernes, 24 septiembre 2021
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Lonquimay fue marcando un camino

Lonquimay acumula una larga experiencia en el tratamiento de residuos urbanos.
El destino de nuestra basura resulta una problemática global, afecta a pueblos y ciudades y requiere una respuesta con perspectiva ambiental. Hace un año La Pampa anunció un abordaje integral y coordinado para clasificación, tratamiento y destino final de sus residuos. Y Lonquimay, que viene marcando un camino desde hace casi dos décadas, será una de las cabeceras en este plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (Girsu).
Si bien su ejecución comenzó con una primera partida de recursos enviada recientemente desde el Ministerio de Ambiente de la Nación, «las obras todavía no iniciaron». En Lonquimay ya avanzaron «con todos los trámites y estamos listos. Será una fuente de empleo directo, generará un movimiento económico importante y estamos muy expectantes».
La Planta de Tratamiento de Residuos se ubica a unos 500 metros del acceso, separada del pueblo por algunas chacras y en sentido contrario (hasta ahora) al avance de la urbanización. El Girsu provocará la ampliación de sus instalaciones e incorporará más maquinarias, herramientas y vehículos. «Hoy trabajan seis personas en la clasificación y tratamiento de residuos, cifra que podría duplicarse y hasta triplicarse» con la nueva planta, destinada a concentrar y tratar la basura de una docena de localidades circundantes.
Residen casi 2.000 personas en este pueblo y la mayoría practica la separación hogareña desde hace unos 20 años. Cada mañana sale un camión municipal «con dos recolectores que disponen la primera preclasificación entre seco y húmedo» cuenta Pablo Hernández (34), director de Ambiente local. Una vez en la Planta, la basura orgánica irá a parvas de compostaje y los materiales secos terminarán compactados y clasificados en alguna de las 13 opciones para almacenarlos (papel, cartón, vidrios, plásticos, metales). Ahora el municipio está colocando tachos diferenciados en los espacios públicos y adquirió dos contenedores campana («herméticos, livianos y de gran capacidad») que rotan por distintos sectores.
El municipio también levanta restos de poda y los vecinos ni siquiera deben avisar: hay un equipo con «tractor, carrito y chipeadora», que recorre las calles «recolectando ramas y procesándolas en el camino». Un servicio parecido implementaron para desechos de construcción. «dejamos un volquete durante 24 horas y después lo retiramos, sin costo. Así podemos mantener bien limpio el pueblo».
Los materiales reciclados se almacenan hasta su comercialización. Hernández calcula que «el año pasado se vendieron más de 60 toneladas de reciclados no metálicos», mientras que en el primer trimestre de 2021 «ya comercializamos unos 20 mil kilos (sin contar metales), por un total aproximado de 286 mil pesos».
Pronto comenzarán los trabajos que convertirán a Lonquimay en centro de acopio y tratamiento para una amplia zona. Para Pablo Hernández: «es un reconocimiento a la tarea desarrollada por los vecinos durante muchos años y distintas gestiones. Nuestro municipio nunca abandonó este programa ni dejó de generar conciencia ambiental. Y eso nos enorgullece».