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La evisceradora de cuerpos

TRABAJA EN LA MORGUE JUDICIAL DE SANTA ROSA

Para la mayoría, trabajar en contextos que rodean a la muerte es algo inimaginable. Pero para Lorena García Laborde, es un espacio de trabajo. Un lugar apasionante donde la medicina forense y la judicialización de cada caso, se convierte en un expediente y en su medio de vida.
Lorena es Instrumentadora Quirúrgica, Técnica Evisceradora, pampeana por adopción y trabaja en la Morgue de Santa Rosa.
Según le contó a este medio, su función es recibir el cuerpo, constatar la documentación con la identidad para entonces comenzar el trabajo de preparar el instrumental. «No es como en las películas ni como una operación. Es otro tipo de procedimiento mucho más agresivo. Preparamos el cuerpo y esperamos a que venga el forense y junto con él, realizamos la autopsia».

Tabú y prejuicios.
Sin lugar a dudas la muerte es un tema tabú pero trabajar con ella, es aún más. Lorena contó que cuando se presentó al concurso para ingresar a la morgue del Poder Judicial, eran siete postulantes, de las cuales cinco, eran mujeres.
Por aquel entonces relató que la pregunta que le hicieron fue: ¿Y cómo va a hacer para pasar un cuerpo de una camilla a otra? «Por una cuestión de fuerza, estaban negados a tomar una mujer porque es un trabajo frío. Pero sin embargo en ese momento les dije: ‘Ustedes quédese tranquilos que yo lo voy a poder llevar. Solo denme la oportunidad’. No es cuestión de fuerza sino de ingenio. Uno no siempre está solo». Y así fue que logró convertirse en evisceradora de la justicia.
«Otra pregunta recurrente es ‘¿y vos qué hacés en la morgue?'». «Mi respuesta es que una vez que te ponés el mameluco la vestimenta de protección con guantes, máscaras; entrás en un rol profesional. Es muy interesante resolverle el dolor a una persona y a la vez darle el último adiós con la familia».
Según contó Lorena, sintió menos discriminación como evisceradora que como instrumentadora quirúrgica. «Si te ven mujer chiquitita o con modales, surge el preconcepto de que no vas a poder con el cuerpo por ejemplo».

Curiosidad.
«De chica siempre me dio mucha curiosidad la muerte. En aquel entonces no había series o películas policiales y el tema de los cuerpos y los cadáveres siempre llamaron mi atención».
La primera experiencia que tuvo con una persona fallecida fue hace muchos años, en un cementerio en compañía de su papá que era amigo del sepulturero.
«Tenía 10 años, pero quería ir a verlo. Papá me dijo: ‘Si después soñás, hacete cargo’. Por supuesto estaba el cuerpo totalmente descompuesto, ya no quedaba nada. Siempre quise estudiar medicina, pero con estas dos carreras yo me siento muy completa».

Un día normal.
La rutina de trabajo comienza a las 7 de la mañana hasta las 15. «Llegamos, acondicionamos la morgue, confirmamos que las cámaras estén en funcionamiento, tiene que congelar a cierta temperatura, confirmar insumos y pedirlos. Allí hacemos las autopsias y fuera de la morgue también hacemos las exhumaciones en cuerpos de más de 20 ó 30 años. Cuando por ejemplo hay un caso de filiación, vamos con un fiscal y realizamos la autopsia, extrayendo una pieza ósea de un hueso largo para extraer el ADN».

Los cuerpos hablan.
Puede parecer un cliché pero para García Laborde, los cuerpos hablan. «Ves los rastros del sufrimiento y de dolor, incluso algunos lloran. En el caso por ejemplo de los suicidios, se trasluce que hubo mucha angustia, el cuerpo lo expresa en la autopsia. Es más, ese dolor, se siente hasta en el ambiente», reveló.
Después explicó que trata de no involucrarse emocionalmente con cada caso y autopsia que realizan. «Te preguntas qué le pasaba a esta persona que no pudo resolver su pendiente y llegó a eso. Quién fue que no lo escuchó o por qué no busco ayuda. Uno trata de no involucrarse con el fallecido pero al principio es muy difícil. Y si no te desvinculás, te lo llevás a tu casa y realmente no está bueno. En el caso de los suicidios te dejan cartas y las encontrás cuando le sacás la ropa al cuerpo, es bastante duro».
Otro aspecto que resaltó la profesional, es que con el paso del tiempo, cambió la perspectiva que tenía sobre la muerte. «Te ponés un poco más fría, porque realmente estés menos impresionable que cualquier persona. Pero valorás mucho más la vida porque sabés lo que puede pasarte. Tenés como una conciencia distinta solo por estar del otro lado».
Lorena también aclaró que no mira la cara de los fallecidos porque trata de no quedarse con esa imagen.

Seguridad.
En materia de seguridad, la profesional explicó que en tiempos de pandemia se toman medidas mucho más exhaustivas. Cuando son autopsias criminales que se hacen con Covid positivo, el riesgo es mucho mayor.
«Tenemos que contar con elementos de bioseguridad, porque es necesario presuponer que cualquier cuerpo puede estar infectado. No hay un estudio pos mortem que nos certifique que el cuerpo ya no tiene el virus o que no contagia. Hoy se hacen autopsias mínimamente invasivas para evitar manipular las secreciones».
El mensaje de Lorena para todas las mujeres es mostrar que se trata de una profesión sumamente interesante y que promete aventuras porque ningún día, ningún cuerpo, es igual a otro. Solo hay que animarse.
«A la muerte no hay que tenerle miedo, hay que tenerle respeto y tratar de no llamarla haciendo imprudencias», concluyó.