Los pequeños ahorristas de La Pampa y el desconcierto

QUE HACER ANTE LA ESTAMPIDA DEL DOLAR

Quien tiene pesos a través de un plazo fijo le terminará empatando a la inflación al cabo del primer semestre, contra un dólar que a la misma fecha rendirá algo más que el triple que si es que todo va bien.
JUAN PABLO VIETA
Al tiempo que la volatilidad cambiaria muestra su peor cara con un dólar imparable que aun parece estar lejos de encontrar su punto de equilibrio, subyacen un sinfín de especulaciones respecto de las implicancias que tiene dicho fenómeno sobre el nivel de actividad.
Claro está que a la cabeza de estos razonamientos se encuentran aquellos que aluden al impacto directo del salto devaluatorio en la góndola, algo que si uno se remitiera al 2,1% que arrojó el índice de precios al consumidor que releva el Indec para a mayo, mes en el cual el mercado de cambios operó bajo tensiones permanentes, se puede concluir que todavía lo peor no ha pasado.
Es que no hace falta más que sentido común para concluir que nuestras exportaciones no son ni más ni menos que lo que comemos, y en consecuencia siempre que ajuste el precio del dólar también lo hará el importe expresado en pesos de esos saldos exportables, ya que ningún oferente de este tipo de mercaderías va a priorizar abastecer el mercado interno a perdida cuando bien puede colocarlo en el exterior a un precio superior.
Cabe representar lo dicho con el siguiente ejemplo: en las ofertas que publica en su revista Supermercados La Anónima para todas las sucursales pampeanas, y que están vigentes durante el mes de junio, se puede apreciar una botella de aceite tipo mezcla (soja y girasol) de 900 centímetros cúbicos marca Ideal, propiedad de la mega compañía alimentaria de la familia Perez Companc Molinos Río de La Plata S.A, a un precio de $19,90.
No es casualidad que desde hace ya unos días, curiosamente a partir del preciso momento en que el dólar comienza a subir de manera preocupante, esa botella de aceite a ese precio ya no se consiga. Pasa que justamente el desabastecimiento viene como resultado del salto devaluatorio, ya que a ese valor y tratándose de una mercadería comoditizada que cotiza en un mercado transparente a nivel internacional, difícilmente la mercadería se pueda reponer.
Esto mismo se replica a muy pequeña escala en una infinita cantidad de pequeños comerciantes bien atomizados que construyen sus expectativas sobre la base de la información a la que acceden, que en principio proviene de la cotización del billete verde que se viene publicando constantemente en el ángulo inferior derecho de cada señal televisiva de noticias.

Ahorristas.
Ahora bien, el problema de la delicada coyuntura por la que atravesamos no se termina en la devaluación y la góndola sino que continua con las pésimas señales que vienen recibiendo los ahorristas que aún confían en el peso, algo que podría hacer que esta escalada del dólar no tenga fin prácticamente.
Y vale abordar en este sentido el estereotipo del ahorrista pampeano, más tradicional y adverso al riesgo que cualquier otro que bien tiene inclinación por adquirir cuotapartes de un fondo común de inversión, o invertir en acciones y títulos públicos a través de una cuenta comitente propia o administrada por una sociedad de bolsa.
La cosa entonces se resume aquí a la pelea que se libera entre el dólar versus el plazo fijo, enfrentamiento que al cabo del año viene ganando por escandaloso nocaut el preciado billete verde.
En efecto, mientras el dólar acumula un salto del 51% desde principios de año, quien apostó por una colocación a plazo fijo solo tiene para contar las migas frente a tremenda ganancia. Si sirve de consuelo, tampoco aquel que haya invertido en acciones o títulos públicos puede siquiera acercarse a semejante rendimiento.

La Pampa.
Si nos circunscribimos al ahorrista que opera con el Banco de La Pampa, el más representativo si se tiene en cuenta que la entidad en cuestión absorbe el 70% del total de los depósitos que administra el conjunto de bancos que operan en la Provincia, no hay nada bueno para decir.
Cuando en aquel fatídico 28 de diciembre se modificó la meta de inflación y consecuentemente se relajó la política monetaria al bajar la tasa de interés de referencia al 26,75%, la tasa que retribuyen las colocaciones a plazo en el BLP a más de 150 días llegó a pagar 23,3% anual, para luego subir hasta el actual 27,8% en momentos donde la tasa que fija el Banco Central se ubica en el 40%.

Empate.
Esto quiere decir que aquel que se quedó en pesos a través de un plazo fijo le terminará empatando a la inflación al cabo del primer semestre de este año, contra un dólar que a la misma fecha rendirá algo más que el triple que eso si todo va bien.
Si bien predecir el comportamiento futuro de la divisa norteamericana es tan complejo como hipotetizar acerca de quien jugará la final de este Mundial, es justamente la endeble posición en la que queda el tenedor de pesos lo que daría la pauta que el precio de equilibrio del dólar debería estar por debajo de los $28 – $29.
Si el ahorrista en pesos, que es el que provee el insumo fundamental para que prolifere el crédito, cae en la cuenta de que el mejor negocio que puede hacer pasa por dolarizar su tenencia, entonces la cosa se va a complicar mucho más de lo que vemos hasta aquí.