Los vecinos se quieren recluir

SEGURIDAD COMUNITARIA

Un incidente provocó que se reflote un proyecto de antaño sobre “Seguridad Comunitaria”. Los lugareños quieren dejar de tener miedo y anhelan poder dormir en paz.
Algunos vecinos de un sector de la ciudad tienen miedo. Quieren recluirse un poco más adentro de sus barrios recluidos. Tienen miedo, y les gustaría formar un cuerpo compacto, cual falange de la antigua Grecia, para que ningún virus se inocule. ¿Será posible, a esta altura, que ningún virus se les escurra? Después de sesudas reuniones vecinales, encontraron una respuesta, que, sin embargo, sigue siendo una expresión de deseo. Se llama: “Seguridad Comunitaria”.
No se trata de la tentadora y gregaria consigna de “justicia por mano propia”. No, esto es un poco más sofisticado. Se trata de un sistema que incluye palmeras altas, bocinas estruendosas, un puñado de reflectores y cámaras de seguridad, un manual de “Contingencia”, llaveros delatadores, pastos cortados obligatoriamente al ras, y, por supuesto, conexión entre todos los vecinos organizados. Una película de Stephen King.
Antes de detallar el funcionamiento del sistema, aparece la primera pregunta: ¿Por qué estos vecinos no se arman un country, y ya? ¿Por qué no mejor erigir monumentales muros, alzar bloques gruesos de cemento, y ya? Tal vez exista una ordenanza, u otra cuestión municipal que lo impida, pero igual, creo, el tema, en el fondo, tiene que ver con la emoción: es muy aburrido levantar paredes, aislarse y nada más; por otro lado, construir una especie de gran ratonera y estar atento, expectante, para ver quién cae, suministra al espíritu una cierta exaltación; en definitiva, contribuye a sentirse vivo.

La gran ratonera.
Hace un tiempo vivió en esos barrios un hombre muy querido, que casualmente era experto en Seguridad. Había trabajado en países como Ecuador y tantos otros; pero un triste día tuvo que partir. Afortunadamente, antes colocó unas cuantas semillitas que luego florecieron, se marchitaron, y desde ahí, dieron origen al nuevo niño bautizado “Seguridad Comunitaria”.
“Lo novedoso es la utilización de alarmas comunitarias: se ponen en la cuadrícula del barrio de una zona central, donde se unen cuatro manzanas, se pone una palmera, y se coloca una bocina de alarma con cuatro reflectores alumbrando para todas las calles. Esa alarma cubre 100 metros a la redonda. A cada vecino se lo identifica y se le da un llaverito con los botones de pánico”, me explica un hombre con expresión de pánico pero, al mismo tiempo, con ese brillo en los ojos que refleja el anhelo de obtener un elemento que le ahuyente, por fin, su miedo eterno.

El manual.
“Cuando sucede algo hay un manual de ‘Contingencia’, donde se aprieta el llaverito y se le avisa a la policía, y a su vez se le dispara a los vecinos a la redonda, con el nombre, apellido y la dirección perfecta de la persona”, desarrolló el amable vecino.
¿Por qué se les revela a los vecinos la “dirección perfecta” de la persona, si ya se le notificó a la policía? ¿Para qué quisiera saber antes el resto del barrio, si los policías van en camino? Un diputado diría: “Un escalofrío recorre mi cuerpo”.

La charla siguió.
Sobre las sillas que estaban bajo el techo de un salón que pertenece al club de un barrio, la charla continuó. Junto a dos miembros del Ministerio de Seguridad, uno vinculado a Inteligencia, y otro Coordinador de un área -que tomaban nota pero al mismo tiempo advertían “acá no suceden delitos serios”-, estaban sentados los breves vecinos que asistieron al encuentro.
“El complemento de esto es cubrir con cámaras de seguridad todo el perímetro, de tal manera que empiece a disuadir…”.
Estaban preocupados por el último incidente que había ocurrido: una persona dejó el maletín en su camioneta y, pese a tener lo vidrios polarizados, un “malviviente” rompió el cristal y se dio a la fuga.
“Queremos tener todo más alumbrado, sumado a instar a los vecinos a que tengan los pastos cortados”.
¿Y qué tiene que ver el pasto?, ingenuamente se le pregunta.
“Porque los chorros se inmiscuyen hasta en los yuyos”, contesta otro.
Entonces de pronto surgió la confrontación: “Pero tenemos enfrente a los del… que son los primeros que incumplen y no limpian ni cortan el pasto. Ahí se juntan, van a tirarse, se drogan y todo”, y uno no lo duda, porque al mirar alrededor, el sitio, con sus marcados desniveles, parece un lugar bastante acogedor. (NYC)