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Luis Aguirrezabala, fanático de Macachín

La dirigencia es vilipendiada, y eso también sucede con la de los clubes. Y a veces es injusto, porque hay personas que son probas y honestas y que ponen tiempo y esfuerzo para sostener a una entidad.

MARIO VEGA

Ser dirigente en cualquier institución de que se trate no es precisamente fácil, y a veces tampoco resulta gratificante. Sobre todo si se ocupa un cargo preponderante, como ser presidente de uno de los clubes más importantes de la provincia. Y no es sencillo porque lo normal es que los directivos queden en un lugar de exposición -situación súper multiplicada por las redes sociales- que los tornan en blancos para la crítica fácil. Y no pocas veces sin sustento.
Ser dirigente de un club es tener muchas ganas de aportar, de utilizar bastante del tiempo de cada uno para una causa no siempre bien recompensada ni considerada… Pero al cabo es un gesto de solidaridad, de compromiso social.

No cualquiera.

Es cierto que para sentarse en un sillón dirigencial se requieren condiciones de liderazgo que no todos tenemos. Hay que tener en cuenta que un dirigente es nada más ni nada menos que la representación de un proyecto que se debe llevar adelante, y claramente no es para cualquiera.
Además es posible que se produzcan reproches y se quede en medio de disputas, y hasta se da que se llega a perder dinero que nadie le va a reconocer al dirigente.
Luis Aguirrezabala (58) es el presidente de Atlético Macachín, y pertenece a esa estirpe de hombres que se animan a asumir el compromiso, pero también sabe que nada es eterno y que se necesitan nuevas generaciones que se hagan cargo de lo que viene. Y aunque él esté dispuesto a apoyar quiere dar el paso al costado que permita el advenimiento de los que necesariamente deben hacerse cargo.

La familia.

Es nacido en Macachín, «el lugar donde pienso morirme…», afirma. Y sigue: «Y sí, es un poco el fanatismo que tenemos la gente de estos lugares», completa.
Cuenta que es «hijo de Alberto Aguirrezabala, comerciante, que tiene 85 años. Mi madre María Luisa Miguel era docente y falleció hace unos años. Tengo dos hermanos, María de las Mercedes que vive en Roca y Pablo con quien tenemos una sociedad».
Casado con Ana María García («Chiqui»), tienen dos hijas, Ana Clara de 25 años -ya recibida como maestra jardinera, trabajando-, y Morena de 19 años estudiando para Terapista Ocupacional. «Las dos fanáticas del rojo», dice no sin orgullo. «Mi esposa tiene un gimnasio, y estamos juntos desde 1993», completa.

«El mejor pueblo del mundo».

A Luis lo conozco desde hace algunos años, en mi condición de escriba y él siendo ya dirigente de su amado Atlético Macachín. «Si me preguntás que es Macachín te respondo que es todo para mí, es mi vida. Nací y viviré aquí hasta el último día… aquí nacieron mis hijas, formé un hogar, es el pueblo de mis viejos y mis hermanos. Me mencionan la palabra Macachín… y qué querés que te diga: voy a contarte lo que decía mi amigo el ‘Loro’ Fernández que se fue hace poquito: ‘Vivimos en el mejor pueblo de la Argentina… ¡Qué de la Argentina!… ¡En el mejor pueblo del mundo! Y sabés… yo también creo que algo de eso hay. Y repito, los amigos, la infancia, la adolescencia nos hicieron ser muy fanáticos de este pueblo».
Y aporta un dato más: «Soy socio de Atlético desde mi primer día. Papá era dirigente y un amigo le llevó el carné que me acreditaba como tal», refiere Luis con una satisfacción que se le lee en la mirada.

Los estudios.

Hizo la primaria en la escuela nº 27 «donde mi madre era docente, y el secundario en el Manuel Belgrano de Macachín. Después me fui a estudiar a la Universidad Nacional de La Plata, me recibí de Arquitecto y enseguida nomás el regreso… a Macachín, claro. ¿Dónde sino? Empecé con un estudio privado y a su vez incursioné en la docencia y todavía doy clases, creo que hasta el año que viene que me jubilo», precisa.
Nacido en 1962 no fue a Malvinas porque tuvo prórroga universitaria «y no tenía instrucción militar, pero estuve cerca de haber sido convocado», agrega.

Aquella juventud.

Tiene los mejores recuerdos del secundario, «algo espectacular porque coseché muchos amigos… con Edgardo Vicente nos criamos juntos, con Dani Rodríguez y tantos. Cuando pibes nos dejaban andar por allí hasta que terminaba la transmisión de la propaladora… Salíamos de la escuela 5 y pico y nos íbamos a jugar al fútbol y andar de un lado al otro. A las 7 y media se escuchaba una música típica y era el momento de volver», evoca.
Y sigue Luis: «¿Las primeras salidas? Eran un mix… a Salinas y Rolón y boliches en Macachín y Riglos… y mirando para atrás uno recuerda que andábamos en autos siendo menores, tomábamos… y aunque siempre tratamos de ser prudentes tuvimos que tener una cuota de suerte porque nunca nos pasó nada», reconoce.

«Era peligroso».

Ahora cae en la cuenta que fueron peligrosas aquellas salidas nocturnas cuando muchachos: «Lo sentimos de esa manera cuando un hijo sale por las noches… cuando vemos lo que le sucede a algunos. Y es cierto que uno hizo ese tipo de cosas y era de verdad peligroso», admite.
En esa época trabajaba en el negocio con su padre: «En los veranos con 3 ó 4 amigos nos íbamos de vacaciones. Nos daban el auto y éramos 4 ó 5 que viajábamos a Mar del Plata con Julio Fernández, Edgardo Vicente, ‘El Nene» Maceo… los amigos de toda la vida», evoca.
Los mismos amigos que saliendo de un boliche un sábado de madrugada agarraban para Buenos Aires a ver a River… «éramos fanáticos, y volvíamos a la noche», añade.

«Hormigonera Macachín».

Trabajó en su estudio de Arquitectura desde 1988 que se recibió hasta no hace mucho. «Fue hasta que mi hermano Pablo se recibió de ingeniero y me propuso poner una hormigonera… le dije que lo acompañaba aunque estoy ya más para el chau… pero él es joven y tiene ganas. Hace más o menos seis años pusimos una empresa que se llama ‘Hormigonera Macachín’. ¡Porque qué nombre le íbamos a poner!», sonríe. Incorporaron herramientas y maquinarias y hoy le dan trabajo a ocho personas. «Con los vaivenes de estos tiempos la vamos llevando… La verdad es que somos muy tenaces, peleamos mucho por eso y de a poquito vamos viendo una luz en el futuro», se esperanza.

Casa Aguirrezabala.

Luis explica que si bien existe un comercio -con varias sucursales- que se llama Casa Aguirrezabala, ya no pertenece a la familia. «Mi viejo siempre tuvo almacén y luego cambió y fue a artículos del hogar, donde trabajábamos con mi hermano. En el 2001 Macachín sufrió una inundación muy grande y la economía del país estaba derrumbada, con lo que el negocio se vino muy abajo… no lo perdimos, pero era una lágrima tras otra. Era todo muy triste, y cómo será que ese año sólo vendimos dos televisores, pero igual se mantuvo el plantel de 4 ó 5 empleados… había que aguantar, y después fue mejorando. Papá se puso en sociedad con un muchacho de apellido Chaparro que hoy es el dueño, si bien el local de Macachín sigue siendo de mi viejo. El nuevo dueño le dejó el nombre ‘Casa Aguirrezabala’, y luego empezó a abrir sucursales en otras localidades y fuera de la provincia también», precisa.

La vinculación con el rojo.

Se entusiasma cuando habla de Atlético. «Y qué querés… si me crié ahí, fue mi lugar de toda la vida. En 1990 fui presidente por primera vez. En ese momento tuvimos de entrenador a Alberto Mario Jorge, a quien le guardo el mayor de los respetos. Nos hicimos amigos y siempre destaco su conducta intachable, y la de su esposa y su familia. Alberto es una gran persona y tengo gran afecto por él», dice.
Hubo tiempos que fueron muy complicados para la entidad roja. «Alguna vez estuvo a punto de rematarse y se formó una comisión normalizadora, con un grupo con el que se pudo salir adelante. Una gran mano nos dio el abogado Alejandro Menéndez, que evitó la quiebra total, y como socio creo que hay que agradecerle eternamente», destaca.

El presidente.

Fueron mejorando las cosas, hasta que llegó 2014. «Ahí empezamos a trabajar en una subcomisión de fútbol y le propusimos a Nando Garmendia que era el presidente que se despreocuparan del fútbol, que nosotros nos hacíamos cargo… después en 2016 vino una asamblea, los que estaban en la comisión directiva se apartaron y asumimos nosotros y yo de presidente… Otra vez».
«Y ciertamente tengo que agradecer el apoyo que tuvimos. Fuimos mirando adelante y nos tocó organizar los actos del centenario de Atlético Macachín, que fue una fecha clave y un momento único en la vida de nuestro querido rojo», expresa.

Visitas ilustres.

Se regocija Luis al recordar algunas visitas «ilustres. Pudimos tener charlas con el Mago Capria, el profe Signorini (preparador físico de Maradona), Quique Hrabina (ex Boca). Y daba gusto charlar con ellos, porque fueron abiertos y era hermoso que nos hablaran de Diego, o de Carlos Tevez… Todo eso quedó marcado en la historia de nuestro pueblo», se entusiasma.
Personajes como Luis, que se desviven por los colores de un club, no dejan de soñar con cosas por concretar: «Y es así, soñamos con un Atlético Macachín engrandecido, más allá de los logros deportivos, que son lindos pero son puntuales. A mí me gusta que queden obras… sí que se recuerde un equipo, o un jugador, pero hay que crecer y que a la par de un campeonato vengan una tribuna, un techado, un piso bueno, un buen vestuario… en el fútbol pampeano tenemos que mejorar esas cosas», razona.

Algo cambió para bien.

Luis Aguirrezabala está complacido de que algunas cosas han cambiado. «Hoy hay muy buena relación con dirigentes de otros clubes, más allá de las rivalidades… con la gente de All Boys, de Atlético Santa Rosa, de Doblas, y con todos los de la Liga Cultural. Porque somos rivales en la cancha pero antes o después nos llamamos por teléfono, nos consultamos, compartimos reuniones».
En Macachín está el Centro Vasco que tiene algunos deportes. «Los que hacen ellos nosotros no… no interferimos, y siempre tuvimos muy buena convivencia», aporta.
Y agrega: «No hace mucho estuve mirando un clásico de Macachín en Doblas sentado en la tribuna de ellos. Son cosas buenas, y en eso hemos progresado… y no quiere decir que uno es menos hincha del club, al contrario. Pero aprendimos que en lo deportivo cada uno defiende lo suyo, pero en lo institucional nos tenemos que ayudar, porque las mezquindades llevan al no progreso», deja el mensaje.

Políticas de estado.

A Luis le gusta la política, pero no se enrola… «Lamentablemente en este país todo es un River-Boca, y en política pasa más o menos lo mismo: el que está del lado del gobierno de turno te dice que todo va bien; el que está en contra lo ve todo mal», reflexiona.
«Me apasiona la política, pero no la partidaria. Entiendo que en todo hacemos política… incluso conduciendo un club. Soy de los que piensan que si alguien hizo un metro de asfalto el que viene tiene que hacer otro metro, y no romper el que había hecho el anterior. Nunca estuve involucrado en política partidaria ni lo estaría… pero sí trabajaría para mi pueblo, y por otra parte siempre colaboré y lo voy a seguir haciendo… Pero creo en las políticas de estado», completa.

El riesgo de ser dirigente.

No puede dejar de referirse a la pandemia. «Es un problema mundial que lo condiciona todo, y no va a ser fácil salir. Por eso no es el mejor momento para decir qué vislumbramos para el país. Pero hay que tener ganas de salir adelante… conocí alguien que decía que uno es joven en la vida mientras tenga proyectos… y para mí es así», reafirma.
«Y en lo personal puedo decir que los proyectos siempre están, aunque hay que entender que las instituciones se ponen cada vez más difíciles… Hay que evitar que se apaguen, y es necesario que la juventud se involucre. Es verdad que hoy ser dirigente es correr muchísimo riesgo, porque cualquier cosa que se organice, peleas que se puedan dar dentro del club, un accidente… cualquier cosa que suceda uno es responsable, y por eso nadie quiere involucrarse», analiza no sin razón.

Todo cambia.

Luis cuenta que «en la escuela un chico de 15 años me preguntó: ‘Profe… ¿usted se iría del país?’. Y le contesté que con 58 años me quedo a pelearla. Y si bien antes hubiera defendido a muerte que no hay que irse algo cambió: con la globalización hay otra apertura. Tengo hijas adolescentes y si mañana una de ellas me dice que se va del país por ‘equis’ razón la voy acompañar. Me va a doler pero la acompañaría porque es su futuro y no podemos ser egoístas en eso», y no puede evitar emocionarse.
Dice Luis que no es demasiado ambicioso «en lo material, pero sí está bueno tener un trabajo, darse algunos gustos, disfrutar con la familia. Pero no es que quiero hacer fortuna», define.

Lo que viene.

Dice que por supuesto le gustaría «ver un país más justo, con gente con menos mezquindad, más amable, más dada. Y mi aspiración es ver a mis hijas realizadas, que les vaya bien en lo que emprendan», se ilusiona.
Se ríe con ganas cuando le digo que es un próspero empresario. «No me considero empresario, y en lugares como estos resulta difícil. Te digo que soy un tipo sencillo… después vienen los títulos que quieras y puedo ser arquitecto, presidente del club, gerente de ‘Hormigonera Macachín’… pero antes que todo para la gente que me conoce desde siempre soy nada más que Luis Alberto Aguirrezabala», le pone la firma. Sí, nada más ni nada menos que Luis, el fanático de Macachín…

Entre los deportes y los asados en el club.

«Quería contar una anécdota referida a mi viejo, Alberto Aguirrezabala… vino del campo con 15 años después de fallecer su padre, y con mi abuela pusieron un mercadito. Papá cuenta que en ese tiempo iba en bicicleta a vender naranjas los días de partidos en Macachín. El viejo fue después muchos años dirigente también… así que cómo no vamos a ser fanáticos», narra Luis.
Manifiesta que al fútbol no era bueno, pero sí hizo otros deportes y alguna vez jugó campeonatos de pelota a paleta, de paddle, e incursionó en el automovilismo. Sonríe en la evocación: «Teníamos dos autos de rally entre amigos, ‘Chelito’ Sierra, ‘El Negro’ Orozco y Juancito Otero. Por dos o tres años corrimos el Rally Bonaerense… Lo bueno es que no lastimamos a nadie porque íbamos despacito… ¡Era imposible a esa velocidad!», dijo en tono de confesión.

Pecado de juventud.

No quiere dejar de mencionar un pecado de juventud de quien fue uno de los mejores jugadores de la provincia. «En La Plata formaba parte del Centro de Estudiantes Pampeanos… se hacía el campeonato universitario con otros ‘ventipico’ de centros de todo el país, ahí donde ahora está el estadio Único. A veces íbamos sin dormir los domingos a la mañana… Jugaban tipos como Patricio Hernández, y para nosotros sabía venir ‘El Pato’ Mac Allister… se escapaba pero a su presencia le dábamos poca difusión porque era jugador de Estudiantes de La Plata. Pero cuando tenía un hueco se escapaba… una inconsciencia del ‘Pato’, pero cuando sos joven hacés ese tipo de cosas», admite.

Consiguiendo un cordero.

Y deja otra remembranza. «Cuando empecé como dirigente en el club éramos bastante chicos… con Edgardo Vicente, el ‘Nene’ Maceo y otros comíamos asados con el plantel… así que el asunto era cómo organizarlos: a veces se donaban algunos pollos, o un cordero. Pero en ocasiones había que conseguirlos… y allá íbamos…».
Se detiene y no sabe si contarlo, pero lo aliento y le digo que ya prescribió: «Y sí… era una travesura, pero cuando teníamos que conseguir el cordero lo robábamos. Una noche le sacamos uno a un chico muy entusiasta del club, ya fallecido, Mario Álvarez, que también participaba de los asados… Cuando terminó todo y él preguntó cuánto había que pagar le contestamos que nada, por supuesto. Allí Mario prometió que el próximo cordero lo ponía él… era una travesura, pero claro que igual no estaba bien», cierra.

No perpetuarse.

El próximo mes de mayo -si las condiciones sanitarias lo permiten- el Club Atlético Macachín llevará adelante dos asambleas que fueron postergadas por la pandemia en su momento. «Toda esta comisión directiva que integro se debe renovar. Renovamos el estatuto, lo actualizamos y estamos esperando el aporte de sangre nueva», sostuvo Luis Aguirrezabala.
Aseguró que «no tenemos la idea de perpetuarnos… estamos medio cansados, necesitamos que venga gente nueva, con ideas modernas. Nosotros vamos a estar para acompañar. Siempre nos quejamos de los políticos que están desde hace mucho tiempo y demás… Bueno, en este caso queremos dar un paso al costado y que venga gente nueva, y ojalá aparezca», expresó a modo de deseo.