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Madre e hija pampeanas pasan la cuarentena en el límite entre Bolivia y Perú

Dejar todo y largarse. Suena lindo y simple, pero aunque muchas personas lo piensen en alguna circunstancia de sus vidas, no todas se animan. Una madre y su hija, que vivían en Toay, se animaron a correr esa aventura.

«Somos Maite y Luisina, madre e hija pampeanas, y en el 2020 le vamos a dar un giro de 180º a nuestras vidas. Decidimos cambiar nuestro moderno auto por una Mitsubishi L300 modelo 2000, nuestra casa con pileta por un monoambiente rodante pero con un gran patio, nuestra estabilidad económica por ser dueñas de nuestro tiempo. No tenemos todo resuelto, no estamos seguras de muchas cosas, pero tenemos muchas ganas de hacerlo y estamos convencidas que éste es el momento. No pretendemos que todos lo entiendan, solo que nos deseen buen camino». Así se presentaron y anunciaron su decisión las dos mujeres el pasado 17 de diciembre a través de la cuenta de Instagram «Viajar. Correr. Amar».

Unos días después subieron fotos de La Pachorra, la camioneta que adquirieron en Córdoba a mediados del año pasado. El vehículo posee cocina/comedor, un dormitorio y amplias butacas. Recibió ese nombre debido a su velocidad crucero de 80 km/h, aunque sus dueñas prefieren definirla como «velocidad paisaje».

El 11 de enero finalmente salieron de Toay, donde dejaron alquilada su casa. Maite López Fernández, de 37 años, dejó atrás 10 años trabajando como enfermera en el hospital Lucio Molas de Santa Rosa. Luisina, de 18, alcanzó a terminar el secundario e, inevitablemente, postergó su ingreso universitario.

«Lo que nos motivó a emprender el viaje fue salir del sistema, vivir con lo básico, sin comodidades ni servicios. Buscamos darle valor a las cosas sencillas, como una comida, una ducha caliente o un momento compartido», le contó Maite a LA ARENA.

Desde La Pampa agarraron rumbo noroeste. Pasaron por Tafí del Valle, en la provincia de Tucumán, atravesaron la Quebrada de las Conchas, en cercanías de Cafayate y llegaron hasta Salta capital. Allí se quedaron varios días descansando en la casa de los padres de Maite y luego cruzaron la frontera hacia Bolivia. 

Sin embargo, el camino siempre desafía con situaciones que tiempo después se convierten en anécdotas. Algunas graciosas y otras no tanto. 

«Una vez, en el Parque Provincial Potrero de Yala en Jujuy, un toro se comió nuestros trajes de baño que estaban colgados en el tender. Esas eran nuestras únicas mallas, y lo siguen siendo hasta hoy», confió la entrevistada, que aseguró que las lucen «orgullosas con las marcas que dejó el toro».

Otro momento de riesgo lo experimentaron también en Jujuy, sobre la ruta nacional 9 (en el tramo que une las localidades de Huacalera y Uquía). «Atravesamos un alud con la camioneta. Íbamos en ruta, llovía y de repente la montaña se desarmó frente a nosotras y la ruta se convirtió en un río de barro. Salimos ilesas, pero temblequeando», describió Maite. 

Una vez en Bolivia, las dos pampeanas pudieron conocer el salar de Uyuni y la ciudad de La Paz, hasta que arribaron a Copacabana (en el límite con Perú), donde las agarró la cuarentena y siguen hasta el día de hoy. A orillas del lago Titicaca, con uno de los paisajes más bellos del continente.

Además de viajar con su hija, a Maite le apasiona correr. Ese hábito lo sigue practicando en cada lugar que puede. De hecho, relató que ayer sábado corrió 71 vueltas (20 kilómetros) alrededor de una cancha de fútbol. No quiere perder su estado para seguir compitiendo en cada oportunidad que se le cruce por enfrente. La última carrera en la que pudo participar fue el 14 de marzo, en el marco del evento deportivo llamado Cordillera Real, que es una competencia de skyrunning que se corre en el cerro Chacaltaya, donde se llega a estar a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar.

«Desde hace más de dos meses estamos en Bolivia. A pesar de que el país está militarizado y hay mucho control en las calles, aquí se vive muy relajada la pandemia. No es considerado un país de riesgo por la escasa cantidad de casos de Covid-19. El trato con nosotros, tanto de los vecinos, como de la Armada y la Policía, es excelente», aseguró Maite.

Madre e hija están esperando que pase la pandemia porque ya tienen decidido que continuarán con su viaje. El objetivo es recorrer latinoamérica. Su sustento económico era la fabricación y venta de orgonitas, que son unas piedras energéticas hechas con resina cristal de cuarzo, espiral de cobre y viruta de aluminio.  

Por motivos obvio, no están pudiendo desarrollar esa actividad entonces escribieron un libro virtual, titulado «L.N.U. Libro de Necesidad y Urgencia», que reúne relatos sobre su viaje, anécdotas, reflexiones y recetas viajeras. Lo están vendiendo de manera online y el precio es a voluntad de cada persona, que lo puede abonar mediante depósito o transferencia bancaria, por Mercado Pago, PayPal o Mercado Libre. Los interesados se pueden informar con mayor detalle en el Instagram «Viajar.Correr.Amar».

Ambas rescatan de su travesía que se ríen mucho, todo el tiempo, y la pasan muy bien juntas. «Nos termina doliendo la panza de la tentación de risa. Ha mejorado mucho nuestra relación», reconoció la deportista y madre, quien también resaltó «la generosidad del pueblo boliviano, que te comparte la comida y se ofrece a brindarte ayuda». 

Las dos seguirán viajando, dejándose sorprender diariamente, conociendo nuevas personas y lugares; y amando todo lo que les depare el camino: la montaña, los animales, la familia y, como revelan en su Instagram, «amarnos también a nosotros mismos para decidir cómo queremos vivir el resto de nuestras vidas».