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Malvina, la mejor entre muchos hombres

No le fue fácil en un ambiente machista como el del fútbol hacerse un lugar. Pero con determinación y también con la aceptación de sus colegas -cabe admitirlo- llegó a ser la mejor árbitra de la Liga.
MARIO VEGA
La joven levantó su vista como buscando algo allá en lo alto y se concentró en lo que el locutor estaba diciendo… quizás la haya invadido un momento de ilusión, de preguntarse a sí misma -en silencio- por qué no… Claro, ¿por qué no?
Esa noche en un conocido restorán de la avenida Spinetto se celebraba una nueva edición de la Fiesta de La Pelota, el programa radial que de lunes a viernes se emite por Radio Noticias, llevándole a la audiencia toda la información del fútbol lugareño. Podría decirse un clásico de las tardes santarroseñas, y aún de otras localidades pampeanas.
En esa ocasión -a través de una encuesta de la que participan jugadores, árbitros, periodistas, entrenadores y hasta algún espectador- se eligen los mejores protagonistas del año anterior. El mejor equipo, el futbolista más destacado, los sobresalientes en las distintas posiciones que ocupan los jugadores en la cancha (arqueros, defensores, volantes y delanteros), se eligen los mejores directores técnicos, y también distingue a los árbitros/árbitras (y hay que prestar atención al género en este rubro).
Había en el cuarteto, del cual surgiría el ganador, otros destacados como Paolo Macchi -distinguido en las dos ediciones anteriores-, Cristian Rubiano, Leopoldo Gorosito… y ella.

Ella, la mejor.
Ella no es otra que Malvina Schiel, quien comenzó no hace tanto en el referato de primera división, y que de verdad tuvo un 2018 sumamente bueno. ¿Pero alcanzaría para obtener el reconocimiento mayoritario de la gente del fútbol?
No vamos a negar que el machismo, si bien ha retrocedido en nuestra sociedad -sólo un poco-, sigue teniendo un rol importante. Y por eso en este caso la elección no parecía fácil. ¿Se rendiría el ambiente futbolero a la presencia femenina en el arbitraje?
Cuando el periodista de La Pelota, Fabricio Coller -a la postre el animador de la fiesta-, dijo que la mejor árbitra (con «a» al final) era… ya no quedaban dudas: Malvina Schiel se consagraba con el voto de la mayoría de quienes participaron de la encuesta. Y allí sí, una amplísima sonrisa se dibujó en su rostro… después invitada a usar el micrófono tuvo algunas palabras de circunstancias, la explicación de lo difícil que le había resultado llegar hasta ese sitial, un ambiente dominado sempiternamente por los hombres. Y además, y nada menos, consagrándose como la mejor de la temporada.
Expresó su gratitud para quienes la ayudaron mucho, el agradecimiento a sus colegas, a Hugo Galván (ex árbitro e instructor) que siempre creyó en ella, y particularmente a su esposo – Germán Andrés Schamber -, que se bancó con grandeza y sin egoísmos que a Malvina se le ocurriera desarrollarse en un medio tan difícil y, claramente hostil, sobretodo para una mujer… Porque así somos, lamentablemente.

Los/las que no tienen hinchada.
Lo del tema arbitral, ya lo comentamos algunas veces, es complejo, difícil, espinoso si se quiere, porque se trata de impartir justicia entre 22 jugadores -más integrantes de todo un banco de suplentes y cuerpo técnico- que todo el tiempo quieren sacar ventaja. Y encima hay que aguantarse las pullas y los insultos de la tribuna que surgirán inmediatamente cuando los referís -y las referís debemos decir ahora- asomen por la boca del túnel. En una incomprensible y hasta se podría afirmar primitiva reacción lo primero que sobrevendrá -sin que la pelota haya entrado a rodar siquiera- es el insulto, el agravio, la frase soez expresada sin ton ni son… porque son los únicos/as que no tienen hinchada.

A la abogada le gusta el fútbol.
No todos saben que Malvina, y también su esposo Germán son oriundos de General Campos. Había pocas mujeres y en la escuela la entonces niña tenía que mezclarse con los chicos para jugar… al fútbol. «Siempre me gustó mucho, y en mi familia salvo mi papá a los demás no les gustaba, así que yo me metía en los picados de los demás pibes», rememora.
Ha contado que es hija de trabajadores rurales -Santos y Matilde, ambos fallecidos-, y tiene un único hermano al que el fútbol no le interesa, que se llama igual que el padre. «El que tenía pasión por River era papá… y pensé en él cuando miré hacia arriba antes de recibir el premio», cuenta ahora.
La primaria en una escuela de Colonia San Juan; el secundario en Guatraché, y más tarde la llegada a Santa Rosa para iniciar los estudios universitarios. «Vine a estudiar abogacía, y al principio vivía con una amiga en la residencia universitaria. Me recibí y ya trabajaba en el Poder Judicial, y allí sigo. Me gusta la abogacía… pero más me gusta el fútbol», confiesa sin pudores.

Cerca de la jugada.
Recuerdo haberla visto por primera vez en el Complejo Forestier, donde actuaba como jueza de línea. Pregunté por ella y me dieron sus datos. Después vendría el tiempo de la charla como para que contara cómo era eso de «meterse» en un mundo donde los hombres no admitimos demasiado la opinión de una mujer. Y esto, mal que nos pese, es rigurosamente así.
Desde aquel momento hasta hoy no ha pasado demasiado, pero sí cambió y bastante la consideración hacia Malvina como referí de fútbol. La vi en muchas oportunidades, y siempre me llamó la atención su condición física, su excelente preparación que le permite todo el tiempo estar cerca de la jugada. Tiene un estilo de dirigir que aparece como rígido, severa pero sin exagerar. Precisamente esa posibilidad de estar cerca de la jugada -corriendo de un punto a otro de la cancha-, le ha permitido lo que parece casi un récord: cobrar dos penales en apenas un par de minutos. «Sí, fue en el Mateo Calderón… penal para Atlético Santa Rosa, lo ataja Castaño y saca el pelotazo para el Ruso Wunderlich (Unión de Riglos) que se va para el otro arco y ahí lo derriban. Por suerte en las dos jugadas yo estaba ahí cerquita y cobré; y el de Riglos sí se trasuntó en gol», recuerda.

La vida de todos los días.
Como quedó dicho su novio Germán se transformaría en su esposo (ver aparte), aunque no se ven todo el tiempo porque Schamber es comisario y está a cargo de la dependencia de Colonia Barón. «Cómo es también árbitro y estamos en la misma agrupación (Independiente), a veces nos designan para que yo dirija y él vaya de línea… es una forma de estar un par de horas más juntos», se ríe Malvina.
Cuando están en su hogar no miran demasiada televisión -«salvo que haya fútbol, o alguna que otra serie»-, y después les gusta mucho salir a andar en moto por caminos de tierra donde haya «algunos charcos» para divertirse un poco.
Como pareja que son obviamente en algún momento pensaron en hijos, y por supuesto significaría un cambio muy importante en la vida de los dos: «Hace poquito lo hablábamos con Germán… pero todavía no hay nada planeado. Somos jóvenes y podemos esperar un tiempito», expresa Malvina.

El estilo de Malvina.
Sus días son agitados, porque se levanta muy temprano para ir a la Ciudad Judicial, y después viene el tiempo de un necesario y mínimo descanso y a entrenar, «entrenar mucho… porque el juego me lo exige. Todos los muchachos que arbitran son bastante más altos que yo, y llegan con más facilidad a cualquier jugada, por lo que tengo que estar preparada de la mejor manera para igualar esas zancadas que ellos pueden dar… y soy muy exigente conmigo mismo», se juzga.
No es de «tarjetear» demasiado, porque las amarillas condicionan no sólo al jugador, sino también al propio árbitro/a. Su estilo es el de la persuasión, siempre tratando de «usted», al jugador o a aquel protagonista al que hay que frenar en una determinada circunstancia: «¡Ernesto!, ¡Ernesto!», gritó en el inicio del campeonato a Susvielles -entrenador del El Elyon que jugaba con Deportivo Penales-, a quien todos conocemos por «El Panza». El gesto de Malvina fue elocuente: una mano pasando por su boca en el clásico gestó de «cállese. No hable más». «El Panza» lo entendió perfectamente.
«Mi estilo es de hablar para que se calmen y jueguen tranquilos, y si no entienden entonces sí, amarilla», cuenta sobre su manera de dirigir.

Si es penal, es penal.
Hay que agregar entre sus características que no tiene inhibiciones en eso de cobrar un penal, o si tiene que determinar una expulsión: «Alguno te trata de convencer para que lo dejes en la cancha, pero finalmente aceptan… y hasta está el que admite y se va dándote la mano», sonríe.
La joven trata de ser políticamente correcta cuando señala que se siente «bien», que sus colegas «son respetuosos con nosotras, y los jugadores nos respetan», pero quien conoce el ambiente sabe muy bien que habiendo nada menos que cinco agrupaciones arbitrales (ella hizo el curso en la Agrupación Culturalista en 2009, para pasar a la Agrupación Independiente, donde está hoy), siempre puede haber algún recelo, o un poco de envidia.
«¿Si me preguntan en el trabajo de la Justicia cómo me fue el fin de semana? Sí, pero por encima… no hablamos demasiado del tema. Y tampoco con mis amigas es un tema de conversación porque no les interesa, y cuando nos juntamos los fines de semana ya saben que tiene que ser después de las 6 de la tarde… por el fútbol, claro», se ríe.

Ojo con Malvina.
Al jugador o técnico que todavía no le haya tocado ser dirigido por Malvina Schiel tiene que tener alguna referencia que puede ser importante al momento de un partido: carita de piba, rubiecita, cuerpo menudo, más vale parca… pero que a nadie se le ocurra tomarla por débil o timorata.
Los números hablan por sí solos: 54 partidos arbitrados en la Liga Cultural, 25 penales cobrados y 38 expulsados, contando jugadores y árbitros. ¿Cómo para tenerlo en cuenta, no es cierto?

Difícil llegar.
No hace mucho tiempo Malvina firmó con la Asociación del Fútbol Argentino una pasantía que le permite ser designada como árbitra asistente en el Torneo Federal «A», y se le abrió un panorama auspicioso al recibir su título nacional porque le permitiría actuar como jueza principal en categorías superiores.
No obstante saber que ha dado pasos gigantescos desde aquel momento en que realizó el curso, y desde su debut el 8 de marzo de 2015 en ese partido de primera división entre Guardia del Monte y Deportivo Winifreda, Malvina tiene muy claro que lo que viene será aún mucho más arduo. Porque casi podría asegurarse que no se observa margen para que -algún día- una dama esté arbitrando en la máxima categoría del fútbol argentino, uno de esos partidos por la Superliga que vemos todo el tiempo por televisión.

Contra el sistema.
Tiene muy presente que la lucha contra el sistema está todavía en sus inicios, y que como en cualquier otro ámbito donde la mujer se desempeña los escollos son mayores que los que se les presentan a los hombres. Aunque se haya avanzado bastante, y la corriente discursiva siga pugnando por una igualdad de géneros que, todavía, está en pañales.
Se me ocurre que mientras miraba como buscando la complicidad de su papá desde allá arriba, por un instante puede haber imaginado que quizás sí… que por qué no… Y cuando el premio quedó en sus manos tal vez haya pensado que a su manera hizo su aporte a la lucha de estos tiempos. Aunque, también, tiene claro que es sólo el comienzo de una historia que recién comienza a escribirse… Por todo eso: felicitaciones, señora árbitra.

Entre insultos y algunos piropos.
Malvina Schiel se dio el gran gusto de dirigir una final complicada de la Liga Cultural. Si bien ese Independiente de Doblas-All Boys de fines del año anterior fue todo un reconocimiento, un gran desafío, quedan interrogantes y diferentes opiniones.
No son pocos los que todavía desconfían y prefieren que los «grandes» partidos sean dirigidos por hombres. Aunque Malvina lo hizo muy bien aquella vez.
Ha sucedido que en algunos encuentros jugadores y entrenadores pretendieron «ningunear» la actuación de una dama referí, y no dejaron de aparecer las faltas de respeto y el menoscabo.
Y hay ejemplos. En un partido en Perú, entre Deportivo San Martín y Alianza, un jugador fue expulsado por Silvia Reyes, quien después con un exacerbado machismo dijo lo suyo. «Las mujeres no deben dirigir en el fútbol masculino», y fue aún más grosero al referirse a Silvia: «No le dieron un buen polvo en la mañana. no sé por qué me expulsó», dijo.
Una vez una árbitra alemana, Bibiana Steinhaus, fue toqueteada por un jugador: un futbolista quiso darle una palmada en el hombro, pero al girar la mujer la mano del hombre terminó en uno de sus pechos.
Otro escándalo se produjo cuando la bellísima brasileña Ana Paula Oliveira posó sensual en una revista de hombres. La FIFA quiso sancionarla pero ella se defendió diciendo que en su país todos la apoyan, aunque aún el tema no está resuelto. Oliveira fue árbitro asistente en la Copa Libertadores de 2005 y forma parte de la campaña contra los prejuicios que sufren las mujeres en el trabajo y en el fútbol.
En otra ocasión un jugador amagó entregarle el balón a la referí, pero cuando pudo le estampó un beso: roja y a las duchas. ¡Por vivo!

«Dame el número de teléfono»..
Malvina relata algunas cosas que la hicieron sonreír para sus adentros: en la Copa Presidentes jugaban Santa Teresa-Quehué y uno me gritó ‘levantáme la bandera, mi amor’. Otro desde la tribuna en Elyon-Guardia del Monte me dijo ‘regaláme el banderín con tu número de teléfono’… algunas cosas nos dicen», cuenta.
Por supuesto no ha faltado desde la tribuna el clásico «¡andá a lavar los platos!» agrega, señalando que a veces las propias mujeres son más hirientes que los hombres con sus insultos.

Cuando el amor es más fuerte.
Ese día de marzo de 2015 se conmemoraba el Día Internacional de la Mujer y Malvina debutaba cómo referí de primera división. Cuando terminó el partido y llegaron las primeras felicitaciones la árbitra -tan severa y seria hasta minutos antes-, no pudo evitar que la más amplia sonrisa se dibujara en su rostro.
Es que Germán -su novio de toda la vida- había ingresado a la cancha y le iba a dar otra gran sorpresa: un gran ramo de flores, los anillos en la otra mano y el pedido formal de casamiento. En pleno campo de juego y frente a todos los jugadores.
Un gesto romántico que no olvidarán nunca pero que, no obstante, para Malvina
merece un mínimo reproche: «Siempre le digo a mi esposo que yo era la gran protagonista ese día con mi debut arbitral, pero él con su gesto me lo empañó un poquito: al otro día los diarios destacaban más el momento en que me pedía casamiento…», se ríe con ganas.