María Teresa Mariezcurrena es tatarabuela a los 76 años

Cuando llegó el cronista a la casa de la calle Pío XXII y Emilio Sola, estaban sentadas, esperando, las mujeres representantes de cada una de las cinco generaciones que componen esta imponente familia: todas alrededor de la mesa y en el centro, como un tesoro, la nueva integrante de apenas dos meses.
“Hay muchas noticias de asesinatos, robos, accidentes, cosas feas, cómo no vamos a festejar una noticia así”, inaugura la charla María Teresa Mariezcurrena, prácticamente la madre de todas ellas, la flamante tatarabuela.
Hubo una intención preliminar de seguir desarmando este formidable árbol genealógico, que ha echado raíces, pero mejor no. Se falló en el intento de seguirles el hilo.
Sólo vamos a decir que María Teresa, la madre de todas, tiene tres hijos. María Rosa Montero (presente en la charla) de 58 años es la segunda, tiene uno que es el mayor y le saca un año a su hermana, y otro que es el menor y vive en San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires. Sus tres hijos la coronaron abuela de 14 nietos, de los cuales se desprenden 22 vidas más. “¿Segura que no te olvidas de ninguno?”, le pregunta su nieta Claudia Ponce, de 42 años. “No, los tengo todos contaditos”, sentencia.
Entonces, una joven de los 22 bisnietos llamada Yamila Martínez (de 23 años y también presente en la casa) que es hija de Claudia Ponce y nieta de María Rosa Montero cuya madre es María Teresa Mariezcurrena, tuvo a Jazmín Calcavecchia hace dos meses. “Y por ahora nada más”, dice sonriendo la tatarabuela.
“Esto es una gran bendición, poder conocer mi tataranietita. Mi marido se murió joven y yo decía ‘Dios dejáme criar mis hijos, dejáme criar mis hijos'”, y Dios proveyó, o mejor dicho, se pasó con la bendición: hijos, nietos, bisnietos, y por ahora una tataranieta, “¿qué te parece?”, comenta orgullosa.

Familia longeva.
Vienen de una familia longeva. Claudia conoció a su tatarabuela, de 96 años, “pero la recuerdo como muy viejita, no la recuerdo mucho”, dice, y María Teresa escucha y parece que se jacta de su vitalidad.
Entonces se llegó al acuerdo de que si el cronista sigue estando en LA ARENA dentro de los próximos 15 años, irá al cumpleaños de Jazmín para hacerle una nota junto a su tatarabuela que tendrá nada más que 90 años. “Voy a estar hecha una diva”, dice.
María Teresa se casó a los 14 años con su marido que le sacaba 10 años; y para los 18 ya tenían sus tres hijos. Sin embargo, quedó viuda a los 31, crió a sus tres hijos hasta que María Rosa Montero a sus 16 años le dio la primera nieta que fue Claudia Ponce, la cual tuvo a Yamila a los 18 y ésta a Jazmín a los 23.
“¿Y todos fueron deseados?”, se les pregunta. “Sí, todos”, y Claudia afirma: “Yo estaba re contenta, aunque tampoco era tan consciente en ese momento”.
La tatarabuela es peluquera. Se enfermó y tuvo que dejar, pero ahora retomó. Su hija y nieta también son profesionales del corte de tarde, y de mañana trabajan en la Casa de Gobierno o en el Hospital. La tradición peluquera se cortó con Yamila, “pero ella va a ser la próxima”, advierten y señalan a la beba.

Reuniones familiares.
Las fechas donde se reúnen los integrantes de las familias para conmemorar o celebrar algo con bebida y con comida podrían llegar a ser un caos, pero las mujeres acá lo relativizan. “No las rebuscamos, sacamos mesas y tablones y más o menos entramos”, comentan. “Cuando nos juntamos somos más de 40, y siempre faltan los platos”, ríen.
“Y eso que los de Areco no vienen, o sea viene sólo mi hijo con su señora, sus hijos que están todos casados, todos con hijos no vienen”, dice María Teresa, quien advierte que “más que nada vienen para mi cumpleaños. A partir de que cumplí 70 empezaron a venir todos los años”.
Por último, la señora de la quinta generación, celebra: “Esta es la historia hermosa que quería contar, que una pueda vivir en la vida para conocer a mi tataranieta, y que tenga ganas de contarla, porque pude haber sido una tatarabuela sin ganas de hablar”.