Las Kahlo: mates con inspiración artística

Romina Gil hizo de su pasión por la pintura un emprendimiento que dio de lleno en la tradición argentina, el mate. Desde Toay, “Las Kahlo” vende productos tan originales como coloridos que ya tienen clientes en distintas provincias.
“Poné una cucharadita de azúcar en la base (si tomás dulce). Luego llená el mate con yerba húmeda usada. Agregar unas gotas de agua fría y dejarlo reposar 72 hs. Enjuagar y disfrutar!!!”.
La etiqueta que viene adentro es la explicación de un paso clave antes del estreno: cómo curarlo, cómo dejarlo listo para que ese símbolo gaucho que traspasa edades, condiciones sociales y costumbres culturales empiece a pasar de mano en mano o como compañía ideal para los momentos de soledad. Y en este caso la compañía diaria de millones de argentinos tiene en el arte, el color y el buen gusto un agregado que ya se ganó su lugar en una provincia bien matera.
“Empecé un poco por casualidad. Siempre me gustó el arte y me dediqué a la pintura de cuadros sobre madera. Un día tenía un mate en casa que estaba sin pintar y lo pinté. Me gustó cómo quedó y algunos familiares y amigos me dijeron que les gustaba mucho, que los querían, así que probé con pintar más y ofrecerlos. En poco tiempo, gracias a la demanda, se convirtió en un emprendimiento y hoy es algo que me encanta hacer”, cuenta Romina Gil (35 años), una santarroseña que desde su casa en Toay pinta y vende mates que se nutren de una inspiración inconfundible: la pintora mexicana Frida Kahlo.
“Las Kahlo” se nutre de mates de algarrobo que, cuando llegan a manos de Romina, se transforman en una paleta de colores que impactan a la vista. Diseños propios que cobran vida con la infusión más conocida en el campo y en la ciudad, en la puna, en los glaciares, en la Recoleta o en Chacharramendi.
“Empecé este año con el emprendimiento y los mates, en madera de algarrobo, los hace un chico de Buenos Aires. Estoy buscando a alguien de acá que me los haga porque mi idea es que sean de caldén, un producto cien por ciento pampeano y bien artesanal”, cuenta Romina sobre un producto que, en su caso, tiene un claro perfil femenino.
“El mate es algo clásico y mi idea es que tenga color o una onda distinta, por eso tienen flores y mucho color y siempre a partir de algo que es idea mía, que sale de mi imaginación. El mate que hago es femenino por los colores, pero no está dirigido a las mujeres porque las flores son algo de la naturaleza, de todas maneras la mayoría de las que compran son mujeres o bien hombres que le regalan a la novia, a la mamá, a la hermana”.
Feria de Emprendedores.
“Pasa mucho que le vendo alguien y después viene una amiga o conocida que los vio. Gracias a eso vendí a Santa Fe, a Buenos Aires, a Puerto Madryn, incluso gente de Chile que pasó y se llevó mates. Lo bueno es que estoy vendiendo a negocios de deco, es decir mayorista, así que la intención es crecer en cuanto a la producción”.
La otra vía que Romina descubrió para darse a conocer es en la Feria de Emprendedores. La que se realizó en Toay, por ejemplo, resultó una vidriera ideal para Las Kahlo. “Estuvo muy bueno ir a la Feria porque, más allá de mostrarme y vender, hice contactos con gente de otros lugares, gente que te conoce ahí y que vos vas conociendo. Incluso estuvo la gente del Ministerio de Desarrollo Territorial de la provincia y de la Municipalidad de Toay para comentarme sobre la posibilidad de un crédito que me permita crecer. Son todas cosas que te embalan porque quiero armar un catálogo para vender afuera, tener stock para regalos empresariales, sumar el equipo completo con azucarera, el frasco para la yerba, el bolso, distintas posibilidades porque el producto tiene muy buena llegada a la gente”.
Romina, que paradójicamente hasta hace un tiempo pertenecía al club “de los que no toman mate”, vende el tamaño tipo “huevito”, pero su idea es hacer diseños y medidas diferentes. Y es consciente de que Las Kahlo “rompe con lo tradicional, con lo gauchesco que es por ahí a lo que estamos más acostumbrados”.
Y es en ese punto donde el trabajo de Romina hace la diferencia. “Lo que hago generalmente es trabajar en serie, hago fondos, que serían los colores, y después voy pintando. Cuando los mates llegan, lo primero que hago es lijarlos, después les doy una capa de barniz, luego cuatro capas de pintura, algunos como el amarillo necesitan hasta seis, después pinto las flores y finalmente le aplico el barniz acrílico que es lo que le da la protección”.
¿Hacia dónde apuntás con el emprendimiento?
“Empecé hace poco y la verdad que superó todas mis expectativas, creo que tiene un gran potencial y tengo mucho para hacer. Ahora en las vacaciones voy a ir al sur y voy a llevarme stock para ir probando nuevos punto de venta. En cualquier lugar encontrás mates para la venta y todo el mundo los usa o los compra para regalar, en mi caso creo que se encuentran con algo muy original”.
Romina, que además de la pintura y los mates también hizo varios trabajos de restauración de muebles, acomoda sus pinceles y sus pinturas. En su casa-taller toayense abundan los cuadros con su firma y con el sello multicolor de esa mexicana que tanto inspira en todo el mundo, porque quién no quisiera tomarse unos verdes con Frida escuchando cómo hizo para, desde el sufrimiento físico que fue su vida, alumbrar una obra tan única. Una obra que desde México inspira a mates pintados con encanto pampeano.