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«Me la mandé, me la mandé, la maté»

TESTIGOS CLAVE EN EL JUICIO POR EL HOMICIDIO DE FELISA ACEVEDO

Con las declaraciones de dos testigos considerados «clave», se desarrolló ayer la segunda jornada del juicio oral contra Pablo Daniel O’Lery y Melody Cecilia Martines, por el homicidio criminis causa, en concurso real con robo, de Felisa Acevedo, ocurrido el miércoles 31 de octubre de 2018. En ese marco, uno de ellos se desdijo de afirmaciones anteriores, y el otro agregó nuevos detalles a sus versiones iniciales.
El hecho que investiga la Audiencia de Juicio, conformada por los jueces Andrés Olié, Daniel Sáez Zamora y Gastón Boulenaz, se produjo en el departamento de la víctima, ubicado en el barrio Calfucurá. De acuerdo a la acusación, O’Lery (42 años) y Martines (29) golpearon a Acevedo, con una barreta en la cabeza, para robarle dinero y joyas y luego buscaron matarla para que no pudiera identificar a su agresora, quien había realizado tareas domésticas en la vivienda.
Una testigo no identificada, que actualmente mantiene la relación de amistad con Martines, afirmó que la imputada la llamó una noche llorando -cuando aún estaba en libertad- y le dijo que se «encontraba mal. Yo pensé que estaba enferma; por eso llamé a su familia, pero nadie me supo decir nada». A la mañana siguiente fue a verla adónde estaba, en la casa del padre de sus hijos.
– ¿Qué le dijo Martines textualmente en esa llamada?, preguntó Bon Dergham y la testigo contestó: «No recuerdo qué me dijo textualmente».
El fiscal le consultó si la acusada el había contado sobre el hecho, a lo que respondió que no. Sin embargo, Bon Dergham le recordó que «en una declaración anterior dijo que le había contado del robo».
«Estaba nerviosa, me sentí muy presionada, me decían que si no hablaba estaría implicada», fue su respuesta. «Entonces lo que dijo antes fue mentira», sostuvo el fiscal.
Bon Dergham le preguntó si sufrió presiones por ir a declarar, ante lo que la testigo afirmó: «Vinieron muchas veces a mi casa a entregarme citaciones… Quizá los vecinos… salió en los medios».
A su vez, afirmó que un día antes de ir a declarar ingresaron a su casa a robarle. «¿Fue Toto? (por Juan Edgardo Gómez, un próximo testigo)», sondeó el fiscal. «Sí», respondió la mujer y afirmó que sufrió amenazas por parte de este hombre «para que no declarara» sobre «lo que estaba pasando. La verdad es que yo de este caso no sé nada. Me citaron, me citaron y me citaron, y en realidad no sé nada».
En ese momento, Bon Dergham hizo una pausa y calificó a la mujer como «testigo hostil porque modificó la declaración» que había brindado anteriormente ante el Ministerio Público Fiscal. Por eso pidió que se exhibieran los mensajes y los audios telefónicos que mantuvo con Ríos del 4 de noviembre. «Me quiero morir, pero jamás voy a soltarle la mano; amo a mi amiga», expresó ella. Luego de oírse el diálogo, el fiscal insistió en preguntarle a la testigo si Martines había admitido el robo y ella lo negó.

«Me la mandé, la maté…»
El joven Ríos, con su relato, incriminó directamente a Martines como autora material del homicidio. ¿Qué dijo? «El lunes (29) Melody me invitó a almorzar y me contrató para cuidar a sus hijos. Ese día en la casa también estaba Pablo (O’Lery). Ellos, en un momento, se fueron al dormitorio a hablar en privado. Ella me contó que a la tarde iría a la casa de una abuela, de nombre Felisa, a limpiarle, porque había conseguido trabajo. Pablo la llevó en una camioneta Ford F-100 y yo me quedé a cuidar a sus hijos entre las 18.30 y las 21. Cuando volvieron, Pablo no quiso quedarse a cenar. A esa hora Toto también estaba en la casa, así que armamos una ‘comilona'».
«El miércoles (31) Melody me llamó y volvió a pedirme que le cuidara a los chicos porque iría a lo de la abuela nuevamente. A eso de las 19 fui para su casa con Toto y antes de llegar los cruzamos a ella y a Pablo en la camioneta. A eso de las 21 volvieron en la camioneta a alta velocidad. Melody se bajó llorando y ensangrentada y el vehículo arrancó al palo (sic). ¿Qué te pasó?, le pregunté. ‘Me la mandé, me la mandé, la maté, la maté…’, me contestó», continuó.
«Yo no entendía nada -expresó Ríos-. Pensé que había tenido un accidente. Estaba llena de sangre. De la cabeza a los pies. Ahí me contó que había ido a la casa (de Acevedo) con la intención de robarle y que llevaba una barreta escondida en la manga. La señorita (por la víctima) la hizo pasar, ella le pidió un vaso de agua y al darse vuelta, le dio fierrazo (sic). Como la mujer le gritaba ‘asesina, asesina, la vas a pagar’, y no se callaba, continuó pegándole. No sé cuántos fierrazos le dio. También me dijo que le pegó con una tostadora, que estaba llena de sangre y Pablo se la llevó».
Ofreciendo detalles precisos, Rios siguió reproduciendo lo que, según él, le manifestó Martines. «Melody le abrió la puerta a Pablo y ambos buscaron plata y joyas. Pablo tenía el dato, por una chica que había trabajado en la casa, que la señorita guardaba alrededor de 300.000 pesos. Melody reconoció que la situación se les fue de las manos».
Ríos añadió que «entre los dos revisaron el lugar. En un momento, sonó una especie de alarma, se desesperaron y salieron con una bolsa negra conteniendo dinero y alhajas. Esa bolsa, según Melody, la escondió cerca del departamento, en un lugar que ella solo sabe».
El testigo sostuvo que Toto también escuchó esas palabras de boca de Martines porque regresó cinco minutos después que la imputada llegara ensangrentada. De hecho Ríos manifestó que, como ese día Melody no le pagó por el cuidado de los chicos, se enojó y se fue de la casa de la acusado junto a Toto.
El relato cronológico y detallado de los dichos de Martines sorprendió a los presentes, especialmente a los defensores. Por eso Gómez habló de «un falso testimonio sumamente visible» y pidió que se reprodujera la declaración del joven ante un juez de control en la etapa de investigación. Aseguró que «dio una versión ante la policía, otra frente al juez de control y ahora una tercera» y le preguntó por sus contradicciones. Fundamentalmente porqué nunca había revelado la virtual confesión de Martines y tampoco que Toto oyó a la acusada aquella noche.

La pericia a las zapatillas
En la jornada de ayer se presentó Alberto Emanuel Morales, quien es técnico en criminalística, secretario de la Procuración General y se desempeña en la Agencia de Investigación Científica. Él ingresó al departamento en los primeros minutos del sábado 3 de noviembre, horas después de que encontraran a la víctima. Estimó que el hecho se habría producido entre uno y cuatro días antes.
El punto central de su testimonio fueron las pericias que practicó, especialmente sobre unas huellas de calzado. Específicamente sobre un par de zapatillas marca Topper que O´Lery habría usado ese día y que Morales reconoció cuando se las mostraron durante la audiencia.
«Del cotejo de huellas surgieron doce particularidades, cuando nosotros aceptamos 10 por la importancia del caso y mundialmente alcanza con cinco. Además mi dictamen lo firmó otro perito porque llegó a la misma conclusión. Por lo tanto, es improbable que en el mundo exista otro par de zapatillas con esas particularidades», aseveró.
Gómez, a sabiendas que la propia hija de la víctima dijo que tiempo después encontraron una suma muy importante de dinero en el placard, le preguntó a Morales como no lo advirtieron si es que varios policías revisaron el inmueble.
Cuando el testigo dijo que habían entrado a robar, el defensor le preguntó qué objetos faltaron, ya que su teoría es que no existió un intento de robo ni fueron los acusados quienes ingresaron a la vivienda. «No sé…pero fue evidente que algo faltó porque todo estaba revuelto», respondió Morales.