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«Me miró y me emocioné»

ARIEL SALAZAR, EL FAMILIAR QUE ENCONTRO A ESIDERIO

El joven dijo que fue fundamental que él sabía que las chivas pastaban cerca del brazo del río Salado. El tío le contó que se descompuso y «se quedó sin fuerzas». También que la pasó muy mal, «lo rondaron los jabalíes», aseguró.

SANTA ISABEL – Se llama Ariel Salazar, pero para la familia y toda Santa Isabel es simplemente «Tintín». Tiene 25 años, trabaja «de lo que salga» (molinero, actividad rural, albañil), y es quien rescató a su tío abuelo Esiderio Cabral, el puestero de 80 años que estuvo perdido dos días en un campo ubicado en la zona de Colonia Emilio Mitre. «Temíamos lo peor, cuando lo encontré, y vi que me miraba, no sé lo que sentí, algo muy lindo, una emoción bárbara», le contó ayer a LA ARENA.
El joven reveló que el martes, aproximadamente a las seis de la tarde un tío le confirmó que su pariente estaba perdido. «Ahí no más decidimos ir a buscarlo y nos fuimos al campo. Cuando llegamos ya estaban los bomberos y la policía buscándolo. Anduvimos con lluvia, barro y viento, hasta parte de la noche. Tuvimos que dejar porque era imposible andar», indicó.
«Me fui a dormir pensando en que el ‘Chileno’ -como le dicen al tío- estaba en algún lado del campo con temperatura bajo cero. Con decirte que yo dormí en el puesto y no alcanzaban las cobijas», graficó.

Búsqueda.
«Tintín» le dijo a este diario que fue vital para ubicar a Esiderio que él conociera el lugar y las costumbres lugareñas. «El miércoles se reinició la búsqueda, se armó el rastrillaje. Yo conozco bien el campo porque voy seguido, sabía que las cabras y ovejas se meten hasta la costa de un brazo del río Salado que está dentro de la Estancia Ventrencó -que son un lote de 16 leguas-. Así que se me ocurrió caminar unos dos mil metros hasta la costa del río y empecé a subirlo», explicó «Tintín».
«Caminé por la costa. Hoy por el río corre agua y hay unos tres metros de espacio. Hice un buen trecho y nada, y pensé, bueno, camino un poco más y me vuelvo. En ese momento llegué a un codo y cuando doblé lo ví al tío a unos diez metros del cauce. Corrí y él abrió los ojos y me miró, ahí recién entendí que estaba vivo. No sé bien lo que sentí, me emocioné mucho», confesó.

El rescate.
El joven santaisabelino dio detalles de cómo se desarrolló el tramo más importante del rescate. «Empecé a los gritos pero se ve que me había ido muy lejos y nadie contestaba. Ahí supe que me las tenía que arreglar solo. Él estaba muy débil, no me podía ayudar en nada. Lo levanté como pude y empecé a caminar. Lo llevé en los hombros, subido en la espalda, alzado, como podía. Encima el piso estaba resbaladizo, pero sabía que ni loco lo dejaba ahí».
En medio de la situación hubo otro momento de emoción familiar. «Cuando íbamos llegando a la picada, en medio de un pastizal, justo nos encontramos con Domínguez, su hermano. Lo bajé y nos abrazamos llorando. Lo que es la vida, fue el primero que encontramos en el camino de vuelta. Después vinieron todos y se inició la tarea de asistirlo y llevarlo al hospital de Santa Isabel».

Una enramada.
En un momento de la charla, Ariel, detalló cómo fue el momento del hallazgo. «Cuando hice un codo del río lo vi. Estaba debajo de unos matorrales donde había hecho un refugio. Cortó jarillas a mano, y con otros pastos había armado una chozita», reveló.
El anciano tampoco pudo encender fuego porque estaba todo tan mojado como él. «En el piso había rastros de sus manos que había intentado pararse, pero estaba sin fuerzas. Realmente creo que lo encontramos justo, estaba en las últimas. Estaba empapado y aterido de frío. No podía hablar, solo movía los ojos», señaló.
El joven ayer a la mañana fue a visitar a su tío abuelo. «Hoy -por ayer- fui a verlo al hospital, estaba sentado y totalmente lúcido. Me agradeció y me dijo que estaba vivo gracias a mí, que se la veía venir, que creía que no zafaba».
Le preguntó que le había pasado. «Me contó que se sintió mal y se bajó del caballo y se descompuso, después ya no lo pudo subir porque se quedó sin fuerzas. Así que lo único a que atinó fue a hacer un refugio».
«Es fuerte Esiderio, no sé como soportó el frío todo mojado. Y también me dijo que varias veces anduvieron rondándolo los jabalíes y que los pudo espantar a gritos. Estaba al límite de su resistencia. Ahora está compensado y cuando pueda va a ir a Victorica a la casa de unos familiares», concluyó «Tintín» Salazar.