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«Me quedé en la calle con mis hijos»

Una joven de 28 años, con tres niños a cargo, está viviendo una pesadilla desde que en febrero su propia hermana la dejó en la calle. Mercedes vivía con sus dos hijos de 9 y 12 años y su beba de 1 año en una casa de la calle Médici, en el Plan 3000 del barrio Matadero. Luego de ingresar en forma irregular, había conseguido que el IPAV le hiciera un contrato de comodato y pudo establecerse allí.
Gracias a su trabajo en una casa de comidas y a la venta de panificados y otros alimentos caseros que ella hace por su cuenta, pudo refaccionar el inmueble y convertirlo en una verdadera casa para ella y sus hijos. Contó además con la solidaridad de vecinos que le dieron una mano.
Su pesadilla comenzó a principios de este año. Ya en noviembre de 2020, Mercedes había alojado en su casa a uno de sus hermanos y en enero recibió a una hermana, con su hija, a quienes dio alojamiento hasta tanto le entregaran la casa social que espera. El objetivo era ayudarla para que ahorre el dinero del alquiler y pudiera ir comprando los muebles para su futuro nuevo hogar.
Con lágrimas en los ojos, Mercedes explicó que los consumos problemáticos de su hermana y de su hermano complicaron todo. «Un día regresé del trabajo antes de tiempo, porque me había olvidado la libreta de salud de la beba y la fui a buscar porque la tenía que llevar al médico. Entonces me encontré a mi hermana y unos hombres con droga en casa. Entonces me enojé mucho y le dije que esa era la casa de mis hijos y que no podía haber droga ahí, así que le dije que, si seguía en eso, se tenía que ir», recordó.
Cuando quiso regresar ese mismo día a su casa, ya no pudo. Su hermana la había denunciado penalmente por agresiones y le habían impuesto una restricción de acercamiento. «Me quedé en la calle con mis hijos, con lo puesto, porque no pude sacar nada», dijo. Mercedes explicó que a partir de ese día anda deambulando con sus niños en las casas de quienes le dan una mano.
«Mi hijo más grande se fue como todos los eneros a la casa de sus abuelos, en San Luis, y les tuve que pedir a ellos que lo tengan allá por más tiempo, porque no quiero que venga para acá, porque estoy en la calle», explicó. Durante casi todo el tiempo que charló con este diario, la joven no pudo contener el llanto.

Otro golpe.
Si algo faltaba para que las cosas se tornaran aún peores, su hijo de 9 años sufrió un grave accidente en su bicicleta días atrás, cuando estaba en la casa de sus abuelos, en esta ciudad. El niño iba a la despensa y cayó pesadamente de cabeza al piso. La mala fortuna hizo que no pudiera siquiera amortiguar el golpe con el brazo o el hombro. Golpeó su cabeza contra el suelo, con todo el peso de su cuerpo encima. «Tiene fractura de cráneo y un sangrado en el cerebro. Lo tengo acá porque en el hospital Molas prefirieron no internarlo, por el peligro a que se contagie de coronavirus», explicó.
Con el corazón en la boca, Mercedes debe llamar a los médicos cada vez que los calmantes no le aplacan el dolor. Una ambulancia se acerca y le pasan la medicación con suero. En unos días, el niño debe realizarse un nuevo estudio y si el sangrado no se redujo, lo más probable es que deban realizarse una operación.
Mercedes asegura que recién en marzo le tomaron la denuncia que ella presentó en la Policía y que los pedidos que realizó al IPAV no han sido atendidos todavía.