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Medidas de cuidado que no se cumplen

FRENTE A LA PANDEMIA

Los casos de Covid 19 que se siguen produciendo en nuestra provincia, alertan sobre la necesidad de un cuidado social que muchas veces aparece ausente. Es dable advertir cierto relajamiento en las medidas de prevención que la ciudadanía tendría que observar, porque en los paseos públicos los fines de semana se ocasionan las más diversas manifestaciones de indolencia y desaprensión.
En los espacios abiertos se puede ver a cantidad de personas reunidas en encuentros sociales donde -es evidente- no existe ningún tipo de cuidados. Están los que alegremente juegan un picadito de fútbol -cuando la actividad sigue vedada oficialmente para los clubes que participan en los torneos liguistas de la zona-, hasta los que en rondas de varias personas comparten el mate sin importarles si eso pudiera traerles consecuencias.
Estos encuentros se producen en muchos casos en el Parque Recreativo Don Tomás, pero además en otros lugares al aire libre, como pueden ser los terrenos del ferrocarril -en cercanías de la estación de trenes- que se viene mostrando también como sitio de encuentro de mucha gente.
Ni hablar de la Avenida San Martín y otros paseos, elegidos por los más jóvenes para pasar algún tiempo en compañía de amigos, con el mate compartido y, asombrosamente, sin el tapabocas que estaría siendo exigido como norma.
Pero no son los únicos casos, porque cualquiera que se de una vueltita por los locales gastronómicos podrá advertir que no se tiene el cuidado de solamente cuatro personas por mesa. Se da en algunos bares y confiterías, pero también en restoranes que los fines de semana aparecen con un cúmulo de personas que -por la cercanía de las mesas- cualquiera puede deducir no se atienen a las recomendaciones establecidas. Algunos de esos locales parecen trabajar como si la pandemia no existiera, tal vez en una intención de recuperar algo de lo que perdieron en tantos meses de inactividad.

Los controles.
Estaría claro -ante algunos escenarios dados- que tampoco se efectuarían las debidas inspecciones para corroborar que se están incumpliendo las normas establecidas.
Todas esas situaciones es evidente que atentan contra el principio de cuidarnos entre todos, que debería primar en estos tiempos tan complicados.
Así aparecen grietas en la responsabilidad social, aunque desde el área de Salud de la provincia se insiste en que los casos de infectados por el Covid-19 podrían aparecer en mayor medida, si se tiene en cuenta la realidad que aqueja a otras provincias cercanas.
Por eso resulta imprescindible que las autoridades municipales asuman su rol de control para impedir excesos; pero también otras áreas deben salir a pedir prudencia y sensatez, para no tener que lamentarnos después.
Hace unos días el propio gobernador Sergio Ziliotto se había aislado -debido a una situación que involucró a uno de los agentes de la Policía encargados de su custodia-, y antes en razón de un viaje también había adoptado una medida similar.
Pero por otra parte el propio ministro de Seguridad, Horacio Di Nápoli, al regresar de un viaje a Capital Federal realizado por cuestiones particulares, cumplió con apartarse por 14 días de todo contacto con otras personas.

No está demás.
Ante la imprudencia de muchos tal vez sería bueno regresar con una campaña comunicacional que alerte a la población del riesgo al que se está exponiendo.
Hace un par de meses -cuando el temor a lo desconocido, al modo en que se difundía el virus y sus consecuencias-, se veía una abundante difusión de medidas que debían adoptarse a modo de prevención. Incluso un auto con parlantes ubicados sobre su carrocería recorría la ciudad para manifestar la necesidad de cuidarnos.
¿No sería bueno que próximamente se disponga algo similar para insistir -ante la presencia de grupos juveniles, y no tanto- que no se debe compartir el mate; o que es absolutamente necesario que se utilicen los tapabocas?

Momento para cuidarse.
La pandemia que asusta con sus números crecientes no admite distracciones ni actos irresponsables. La ciudadanía debe hacer lo suyo con la declamada responsabilidad social; y los infractores deberían tener las sanciones que están establecidas por atentar -aunque lo hagan impensadamente- contra la salud de todos.
Alguien decía que las personas son buenas, pero si se lo controla son mejores. Y algo de eso debe haber.