Inicio La Pampa Miguel Ángel, un changarín todo terreno

Miguel Ángel, un changarín todo terreno

Su aspecto llama la atención a quien se lo pueda cruzar circunstancialmente en alguna calle de la ciudad… se asemeja a primera vista a uno de aquellos «viajeros» que aparecen de tanto en tanto, esos que van cubriendo distancias y caminos en marchas kilométricas que los llevan quién sabe dónde.
Una vetusta bicicleta, dos enormes tarros de plástico en el portaequipajes, algunas herramientas adosadas al caño de su vehículo de dos ruedas, una suerte de alforjas atadas adelante en la que transporta utensilios varios, y un modo de vestir particular: boina cubriendo su cabeza, una suerte de collar con una medalla con un motivo pampa en el cuello, bombachas de campo, rastra, botas y un cuchillo que sobresale en su cintura… «Me gusta vestirme así… es un poquito como honrar la tradición», explica brevemente.
«¿Qué hago? De todo un poquito, lo que venga… corto el pasto, arreglo jardines, limpio terrenos. Y lavo autos… para eso tengo los tarros para el agua, detergente, limpiavidrios, líquido para las gomas, un poco de aromatizante para limpiarlos por dentro. Ofrezco un buen servicio», se jacta.
Nacido en Bahía Blanca, Miguel Angel Vilois (58) supo vivir en la zona de Atreucó, cerca de Macachín, donde su padre -fallecido exactamente hace un año- hacía tareas rurales y trabajaba como tractorista. «Con él trabajé bastante tiempo, y después me vine para el lado de Santa Rosa… Ahora ando, de aquí para allá», cuenta.

Pernoctar, en cualquier lugar.
Duermo donde puedo, a veces en la terminal de ómnibus, o en cualquier lugar… y tempranito ya salgo a recorrer la ciudad a buscar alguna changuita, y siempre algo sale», dice el hombre que reconoce que «andar en la calle es duro… muy duro. Me gustaría si alguien me da una manito poder cuidar una quinta, trabajar ahí nada más que por el techo… Pueden confiar en mí porque nunca estuve preso, ni tengo antecedentes. Y salvo robar, eso nunca… sé hacer de todo», agrega.
En un momento quiere dejar su agradecimiento a alguna gente «que me ayuda, a los hermanos Leandro e Hipólito Altolaguirre; a Marcelo Fonzo (director de Espacios Verdes de la comuna); a Ariel Rauschenberger…»
En tanto muestra un papel extendido recientemente -1 de marzo de 2019- por las autoridades donde, efectivamente, consta que no tiene antecedentes policiales. «Si hasta Roberto (Ayala), el jefe de Policía me ha dado trabajo para cortar el pasto», dice como para dar confianza. «Me gustaría que si pueden saquen mi número de celular… y que alguien me llama: es el 2954 31 4892», precisa.
Tiene dos hijos, pero solo ve a Miguel Antonio, y cuenta que son cinco los nietos (Matías, Gastón, Juan Félix, Felipe y Sebastián), a los que tampoco puede ver.

Tradiciones campestres.
Vilois expresa que una de las cosas que más le gustan es «ir a las domas… ahí me siento bien, colaboro en lo que puedo y la paso bárbaro. Y por suerte casi todos los domingos me toca alguna», señala con ese decir de pocas palabras que lo caracteriza.
«¿El cuchillo en la cintura? Nada… de paisano nomás. Me gusta estar vestido para conservar la tradición, pero nada de peleas o algo por el estilo. Es como un adorno solamente», indica por si hiciera falta.
Para quien pueda verlo por allí; no es uno de aquellos viajeros que pasan en esas típicas excursiones uniendo pueblos y ciudades. Es sólo un laburante, un changarín, que lleva encima todo lo que tiene… sus tarros para el agua para lavar autos, un serrucho, la tijera para podar, y algunas otras cositas. Casi podría decirse que encima lleva todo lo que tiene… Sí, todo lo que tiene: su propia vida arriba de una bicicleta.