Inicio La Pampa Monja llegó a Africa en una misión, y ya no volvió

Monja llegó a Africa en una misión, y ya no volvió

«Saben que hay un virus y que el mundo está sufriendo, pero las preocupaciones son otras», cuenta Gisela como si ese lugar estuviese justamente afuera del mundo. Y es que en la pequeña aldea de Lusito una de las preocupaciones mayores es el hambre, esa pandemia silenciosa que ataca cada día sin piedad.
Gisela Klundt Tura es argentina, pampeana y de Ataliva Roca, donde vivió su infancia y su adolescencia. La vocación religiosa fue el camino que eligió y el que hoy la encuentra en la lejana Zambia, una de las naciones africanas marcadas por la miseria, la escasez de alimentos para gran parte de la población, las enfermedades. Marcada por la postergación.
Gisela recorrió distintos países como Uruguay, Perú e Italia; siempre en misiones religiosas, hasta que el año pasado pidió ir a Zambia. En enero de 2020 la autorizaron y partió a ese país sin salida al mar y que recién declaró su independencia del Reino Unido en 1964. Según el último censo (de 2010), allí viven 13 millones de personas.
«Fui a realizar una misión por tres meses; sin embargo a consecuencia de la pandemia, se cerraron las fronteras y no pude regresar», contó Gisela en un nota realizada por la municipalidad de Ataliva Roca y que fue subida al perfil de Facebook de esa comuna, en una sección llamada «Atalivenses, aún en la distancia».
Durante ese año en Zambia, Gisela vivió una gran experiencia que la llevó a tomar la decisión de quedarse definitivamente. «La gente de Zambia me conquistó, primero mis sueños y ahora mi vida… mi corazón», afirmó.
Gisela vivió su infancia y adolescencia en Ataliva Roca. Estuvo siempre muy presente en la Capilla María Auxiliadora, en la cual había organizado un grupo misionero que llamó «Renacer».
Con 18 años, cuando terminó la secundaria en Darregueira y luego de rendir su última materia «Inglés», se fue de Ataliva Roca para entrar a una congregación religiosa de la que hoy es parte. Es hermana de la congregación de la iglesia católica llamada Virgen Niña y está «muy feliz» de pertenecer a ella.
«Si hay algo que siempre me hizo sentir muy bien y de lo que estoy muy agradecida es que cada vez que regresé a Ataliva a visitar a mi familia, mis vecinos, mi gente me esperaba, me sentí y me siento siempre acompañada por los amigos de allá», relató.

Hambre.
La pampeana vive en una típica aldea africana, en una comunidad donde la mayoría habla tonga -su lengua natal- y otros inglés; donde el agua se saca de pozos con una bomba manual y la electricidad no es segura: «va y viene».
«Internet… usan el famoso módem poniendo plata cada tanto. La comida es escasa, el principal alimento es la polenta blanca que allí le dicen ‘shyma’. En Zambia -dice Gisela-, no hay grandes problemas civiles o sociales de guerra o persecución religiosa como en alguna otra parte de Africa». Allí el problema más grande «es el hambre».
«Son agricultores pero las lluvias van de diciembre a febrero y esto dificulta para tener un ciclo de cultivos o alimentar el ganado, incluso para el agua de los animales. Las temperaturas son elevadas entre 30 y 45 grados», explicó.
En cuanto a la pandemia de la Covid 19, Gisela afirmó que allí se habla del tema, «que saben que hay un virus, que el mundo está sufriendo, que hay una preocupación grande, pero en las aldeas no se toman las medidas que para todo el mundo la OMS está pidiendo. Las razones son muy obvias, muchas de las casas son chozas y no tienen agua para la higiene diaria. Y el barbijo… es preferible hacer una remera o un pantalón».

Chistes.
«Gisela nos cuenta lo triste que es la realidad allí por la falta de recursos y que quienes están acompañando a estas comunidades tratan de asistir y educar ya que también hay otros virus como el HIV y en otras zonas de Africa, ébola, dengue», describió la comuna atalivense.
Cuando se le pregunta sobre qué es lo que más extraña de Ataliva, dice que por supuesto a la familia, «a la gente; pero también la limpieza, el orden y el silencio del pueblo. El compartir un mate, un rico asado, el dulce de leche, hablar en español y hacer chistes».
«La gente en Zambia es muy acogedora, alegre, danzan mucho… pero no entienden mis chistes», resaltó Gisela entre risas.