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La imaginación al frente

«¡Flaca!… ¡Vos estás re loca!», le dijo el esposo a Soraya cuando le dijo que iba a abrir un lavadero de autos, pero con una característica: el trabajo lo realizarían mujeres.
Lo cierto es que, hace 7 años de esto, el emprendimiento sigue su marcha, allí en Avenida Perón al 2535, y a ese lugar lo fuimos a visitar…
Cuando llegamos las chicas trabajaban afanosamente… eran las 4 de la tarde de un día soleado, pero muy frío. No obstante no desmayaban en lo que hacen… conscientes que en ese esfuerzo está implícita la recaudación del día, y con ello el cobro de su tarea.

Para lavar los autos.
Los lavaderos de autos tuvieron origen -en forma mecanizada- en Estados Unidos ya en el primer cuarto del siglo pasado, y por supuesto se multiplicaron más tarde en todo el mundo. Llegaron a todas partes, y funcionan desde hace muchos años. En la mayoría de los casos ofreciendo un servicio que se realiza con la utilización de maquinarias para hacer más fácil el trabajo.
Pero obviamente también se hace de manera manual. A veces por parte del mismo propietario/a del auto -hay mucha gente a la que le gusta hacer esa tarea- que le dedica varias horas a dejarlo impecable; pero también hay personas que llevan adelante una tarea artesanal por la que naturalmente se recibe una paga.

También los «trapitos».
Y ni qué decir de los «trapitos» o lavacoches que se han multiplicado en las ciudades -en Santa Rosa son cientos- que a baldazos de agua y paño de tela le dan una ligera limpieza a los vehículos y se ganan unos pesitos, que ayudan a la subsistencia familiar. Es más, aparecen incluso los que hacen la tarea a domicilio: «vamos a tu casa y te lavamos el auto», prometen.
El caso de Lavadero Avenida -ubicada sobre la Perón al 2535- tiene un distintivo… son mujeres las que se dedican a atenderlo y hacen una impecable tarea de aseo de los vehículos que llegan todos los días.

Una idea para concretar.
En Soraya Gatica la idea comenzó a germinar «hace 7 años, cuando mi hijo mayor Tomás había decidido estudiar Medicina en Bahía Blanca… me preocupaba saber cómo íbamos a hacer para sostenerlo allá, y aunque yo trabajaba y mi esposo Horacio (García), que es profe de Educación Física también, se nos haría cuesta arriba», empieza a contar. La familia la completan las hijas del matrimonio, Agostina (19) e Ignacio (15). «Tomás finalmente abandonó su idea de seguir Medicina y ahora trabaja en la provincia», completa.
Amable, conversadora, Soraya acepta contar de qué se trata su emprendimiento… «Es el primer lavadero que está manejado solamente por mujeres», nos dijo alguien que conocía el lugar para alentarnos a hacer esta nota.

Lavado por mujeres.
Las Gatica son tres hermanas, está Soraya -que es la del medio- y también Natalia y Andrea, y son hijas de Carlos «Pajarito» Gatica, ex trabajador de LA ARENA, y de Norma Suárez. «Fue precisamente el día del cumpleaños de mi mamá, el 19 de agosto, que abrimos por primera vez», recuerda.
«Pensaba y pensaba qué iba a hacer, y se me ocurrió que no había un lavadero de autos donde sólo trabajaran mujeres. Mi esposo es amigo de Eduardo Gutiérrez -es portero en la Escuela 219 donde Horacio es profe-, y le pedí si me alquilaba este lugar, y él accedió de buen gusto… ‘Sí hija, probá’, me dijo Eduardo. Accedió de buen gusto y sin firmar ningún papel… porque lo que vale es la palabra, y en eso estoy de acuerdo», narró Soraya.

Siempre el laburo.
Y la relación es tal con el dueño del lugar que «cuando se dio esto de la pandemia Eduardo me dijo que me aguantaba con el alquiler, pero yo no quise y por suerte pude juntar el dinero para pagarle», dice satisfecha.
Hasta ese momento Soraya trabajaba en distintas casas de familias… «y mucho: tenía cinco trabajos. Lo hacía por hora, por día, por quincena y por mes… Era bastante sacrificado, pero había que ayudar en la casa. Eso fue hasta que surgió la idea del lavadero de autos de mujeres…», dice con una sonrisa que se le adivina bajo el tapabocas. Protector que -a regañadientes- accede a quitarse por un instante para una foto distanciamiento mediante.

Por el boca a boca.
Así fue que adquirió una aspiradora, una hidrolavadora industrial, rejillas y gamuzas, y comenzó a utilizar shampo con siliconas «para que el auto quede de la mejor manera», pasa la publicidad.
«¿Qué pasó cuando abrimos? La verdad es que al principio fue un poquito de decepción porque los primeros días no entraba nadie. Hasta que llegó Diego con su camioneta… «Llegaba al fin nuestro primer cliente… y se ve que lo atendimos bien porque hace siete años de eso y sigue viniendo». A partir de allí todo comenzó a marchar de la mejor manera: «El boca a boca fue nuestra propaganda, y así llegaron muchos otros que confiaron en nuestro trabajo», dice sin alardes.
Los primeros días fueron dos sobrinos -Hernán y Lucio- quienes colaboraban, pero ahora la «ayudante» es Yessica, y antes estuvieron Yamila y Jennifer pero dejaron de trabajar hace algún tiempo. En estas horas se sumó Carlos, el muchacho que es el que se encarga de «mover» los autos en el lugar.

«No me quejo».
«Aquí no había casi nada, y de a poquito fuimos juntando e hicimos el piso alisado de cemento… mejoramos un poco las instalaciones, y la verdad no nos podemos quejar», admite Soraya.
Se la ve feliz a Soraya yendo y viniendo entre los autos, dándole los últimos retoques a un flamante vehículo que -después del lavado- luce realmente impecable.
«Sí… no me puedo quejar, y menos en estos tiempos. Los clientes vienen y se van conformes con el trabajo que hacemos… esa es nuestra idea: lavar los autos con esmero y tratar a todos con respeto… porque eso es lo que nos han enseñado en nuestras casas», sostiene.
El Lavadero «Avenida» trabaja todos los días -menos los domingos- de 9 de la mañana a las 18. «Estamos incluso los feriados…», reafirma.
«Lavamos autos, camionetas, motos, UTV (vehículos areneros). De todo… y algo más: para nosotros es igual, ponemos el mismo esmero para un Renault 12 antiguo que con un auto con caja automática», expresa.
Ciertamente un emprendimiento original… lavadero artesanal de autos manejado por mujeres… Una muy buena idea, sin dudas.
Y cierra Soraya: «Por favor… quiero agradecer: a mi esposo Horacio que me apoyó desde el inicio; a Eduardo; a los clientes que confían en nosotros… Siento que hay mucha gente que nos apoya en lo que hacemos. Gracias a todos».

Una idea nacida en 1924
Dicen los que dicen saber que ya en 1924 los coches se lavaban en la ciudad de Chicago. En aquellos tiempos los autos -más bien escasos- compartían las calles con carruajes tirados por caballos.
Obviamente los animales dejaban a su paso excrementos que eran pisados por los automotores y claro, a las pocas horas los vehículos quedaban en un estado lamentable, y con un aroma que mejor permanecer lejos de ellos.
¿Cómo solucionarlo? Como siempre estuvo el que advirtió a tiempo cual era el negocio. No eran aquellos tiempos donde se pensara en mangueras a presión, ni nada por el estilo. ¿Entonces? La idea fue apelar al autolavado, que se realizaba inundando una plaza con agua, en la que los vehículos daban vuelta a unos 20 kilómetros por hora para que el estiércol se desprendiera de las ruedas.
Desde ese momento hasta hoy se fue mejorando todo y aparecieron modernos lavaderos industriales y, además, como quedó dicho, los lavaderos artesanales.