Nando, genio y figura de Macachín

En cada pueblo de la provincia existe gente como Nando, referentes que merecen ser reconocidos. El Club Atlético Macachín le dio mucho, pero él le devolvió con creces con su compromiso y su esfuerzo.
MARIO VEGA
En los pueblos la vida suele ser muy distinta a como se vive en las ciudades más grandes. Se producen situaciones que terminan siendo bien diferentes, porque por un lado permanece en ellos ese estado a veces bucólico, sereno, apacible -una particularidad que raras veces se altera-, con vecinos que se conocen desde siempre y que van produciendo ataduras de amistad, de afectos y simpatías. Pero no solo eso, porque cabe admitir que también surgen animadversiones, posiciones encontradas y a veces hasta rencores.
Y por eso no siempre una persona que resulta muy apreciada por un sector de la población logra la misma adhesión en otros pobladores… por las circunstancias que sean (¡ni un monstruo como Messi logra unanimidad de juicios cuando se habla de él!). En algunos lugares la existencia de dos o más clubes, por ejemplo, puede ser motivo de segmentaciones que -vistas desde afuera- podrían aparecer hasta risueñas; y también la política suele jugar un papel determinante en esas divisiones.

Pasa en los pueblos.
El tema deportivo, la vinculación a uno u otro club de determinada localidad ha derivado muchas veces en episodios impensados y -se me ocurre- hasta risueños… En una población donde hay dos clubes -uno de ellos hoy gran protagonista de los torneos oficiales- hubo un tiempo en que cuando un equipo debía ir a jugar de visitante sus jugadores no querían usar los vestuarios de su clásico rival: preferían cambiarse en la caja de un camión jaula que algún simpatizante acercaba hasta el estadio. Créase o no…

Hombre de firmes convicciones.
Macachín -ubicado en el centro-este de La Pampa, a 100 kilómetros de la capital y a 30 del límite con la provincia de Buenos Aires-, es un bonito pueblo de alrededor de 6.000 habitantes. Con las características propias de las poblaciones de la zona, con mucha vinculación con el campo y las tareas rurales, y con una vida social y deportiva que gira en torno básicamente a una entidad (aunque también tiene mucha actividad en Macachín el club Vasco). Alguna vez fueron dos que hacían fútbol, pero finalmente quedaron fusionados en una sola entidad, este Atlético Macachín que, precisamente el año venidero, llegará a sus 100 años de vida. Nada menos.
Conozco a Nando por sus andanzas futboleras -fundamentalmente-, y advertí siempre en él una persona seria, respetuosa y de clara determinación -como buen vasco bien porfiado, claro que sí-, pero también un hombre con firmes convicciones que es capaz de sostener con argumentos y personalidad.

Nando y la familia.
Nacido y criado en Macachín, Fermín Fernando Garmedia (63) es de esas personas que ponen todo su esfuerzo y pasión en un club, que muchas veces no es otra cosa que ofrecer buena parte de su vida y sus acciones -al cabo- al servicio de una comunidad.
Hijo de Fermín -contratista rural en sus buenas épocas-, y de Hilda Furriol -ama de casa-, que transcurrieron su existencia siempre en el pueblo (ambos fallecidos); Nando tiene otros cinco hermanos: Hilda, Alfredo, María Nilda, y Katy, todos los que residen en Macachín. Sólo el menor, Alberto, buscó otro destino y lo encontró nada menos que en la lejana Suiza.
Le gusta conversar a Nando, y señala que su familia la componen su esposa María Luisa Fernández “con quien tuvimos dos hijos: Guillermina (26) que está terminando la licenciatura en Administración y trabaja en Bahía Blanca; y Martín (25) quien se fue a los 15 años a jugar al fútbol a Ferrocarril Oeste de Caballito, y que luego dejó para estudiar: hoy ejerce la abogacía en Capital Federal”.

Trabajar desde pibe.
Hizo la escuela primaria en una de las dos que en ese momento había, “la n° 82, con compañeros con los que hoy nos frecuentamos como Marta Rebollini, Oscar Teysseire, Pelusa Poeig y Adalberto Gordillo entre otros”, menciona.
“Me hubiera gustado hacer el secundario, pero por enfermedad de mi padre desde muy pequeño, tendría 8 ó 9 años, tuve que salir a trabajar para ayudar a la familia como vendedor de diarios, revistas y números de lotería, que llevaba a domicilio. A los 14 comencé como cadete en la agencia de Tractores Fiat, y ahí pude hacer un curso de Contabilidad; y ya a los 17 quedé como encargado de repuestos de la misma firma”.

El fútbol y los amigos.
A los 25 años renunció para independizarse: “Abrí mi propio comercio de repuestos, que se llama ‘La casa del movimiento mecánico’, y en 1991 cuando dejé de jugar por lesión, con mi hermano Alfredo armamos un complejo de cancha de fútbol 5 y dos de bochas”.
Se remonta a su niñez y cuenta: “La verdad es que fueron tiempos difíciles porque de chiquito tuve que salir a trabajar para ayudar a la familia, pero éramos muy felices. Momento que disponía lo usaba para jugar el picadito en el medio de la calle como era corriente en esas épocas, y a la bolita, o a la figurita con los chicos del barrio: los hermanos Gordillo, Julio Loro Fernández, Pelusa Poeig, todos grandes amigos. En la calle hasta el anochecer… y en los baldíos hacíamos canchitas para jugar desafíos entre barrios al fútbol. En vacaciones se jugaban los torneos nocturnos comerciales; pero también hacía otras cosas, porque competía en las olimpiadas provinciales infantiles en salto y posta. Era una muy linda experiencia porque nos albergábamos varios días en Santa Rosa, y nos relacionábamos con chicos de otras localidades. Lástima que algunas cosas se perdieron por la evolución tecnológica, porque no se puede desconocer que hubo un cambio importante que hace que los chicos tengan otros entretenimientos”, reflexiona.

El arquero.
Rememora que a los 16 años comenzó “a jugar al fútbol en el equipo de reserva del Club Atlético Macachín como arquero. En los torneos de chico lo hacía de marcador de punta, pero por no tener condiciones me pasaron al arco, y gracias a Jorge Hernández me inicié al arco”, reconoce.
Le gusta repasar su rica historia futbolera -que es la rica historia de Atlético Macachín-: “En 1972 salimos campeones con la tercera división en la zona Centro Sur, y estuvimos dos años y tres meses sin perder un solo partido oficial. Todo gracias a un trabajo que hacía gente que llevaba los colores del club en el corazón, como Alfonso Sánchez, Quiñones y Jorge Hernández”.
Debutó en primera división en 1973 -el Club Belgrano hacía durante dos jornadas un torneo relámpago con equipos de todos lados-, Macachín resultó subcampeón y ganó Atlético Santa Rosa la final porque tenía más corner a favor (habían empatado). “El premio era en dinero, que nos repartimos, y así me pude pagar las vacaciones ese año”, se ríe.

Una larga carrera.
Y sigue: “Ese mismo año salimos campeones de la Zona Centro Sur, y algunos de los que jugaban eran Tito Suárez, Coco Raimundo, Horacio ‘Túcuta’ Costa, Eduardo Moreno, Mario Michelena, Luis Rojas, Pelusa Poeig, Adalberto Gordillo; y el técnico fue Jorge Hernández cuando el presidente era Bernardo Michelena. Alguna vez, como refuerzo para el Torneo Mayor defendió el arco de Deportivo Alpachiri; y en 1976 el de Salinas Grandes, saliendo campeones de la zona Centro Sur. Allí jugaban Eduardo Valverde, El Ruso Gallinger, Mercedes Páez y los hermanos Gordillo, entre otros, en tanto el técnico era Regino Petto. Cabe decir que en una oportunidad estuvo como refuerzo en uno de los grandes equipos de All Boys que disputaban los regionales.

Grandes equipos.
Trataremos de hacer una apretada síntesis de su carrera futbolística, porque Nando se entusiasma y quiere dejar datos que dan más para un libro (¿por qué no pensarlo Nando, Loro y algunos otros?). En 1977 retornó al club y al siguiente año salieron campeones de la Centro sur; en 1979 campeones de la Centro Sur de la mano del DT Cándido Mono Palavecino y también de la Liga Cultural con un gran equipo conformado entre otros por Nando y su hermano Alfredo, Mario Michelena, Luis Stefanazzi, Jorge Álvarez, Monteagudo, Beto Agüero, Cacho Ledesma, Magán, Ramos, Coco Raimundo, Rodolfo Gordillo, Antivero, Castañeda y Aldo Bafundo. El entrenador era Nelson Festa y la preparación física de Lorenzo Rodríguez.

Nelson Festa, un maestro.
Y dice Nando: “Un párrafo aparte para Nelson Festa, por lo que me dejo como arquero fue muy importante en mi carrera; y para el club fue un cambio en cuanto organización y trabajo: me acuerdo que antes que llegara se trabajaba con dos pelotas, y lo primero que pidió fueron 25. Y no me quiero olvidar de mi amigo Pedrito Domínguez, el masajista del equipo que aprendió de Nelson y luego fue mi entrenador como arquero”, completa.
En 1980 se repiten los campeonatos -Centro sur y Liga Cultural-, y recuerda Garmendia que los diarios titularon “Macachín y Costa al Futbol Grande”. En ese momento para el Torneo Regional de la AFA llegaron como refuerzos jugadores de gran nivel “como el querido y recordado Miguel Gambier, y el Turco Alí de Pellegrini, Oscar Cerenignana, Parrala Díaz, Tito Servetto, Juan Carlos Aymú, Alonso, Sangiorgio y Bauer. Una vez a la semana entrenábamos en la cancha de All Boys, porque era donde hacíamos de locales. Tuvimos muy buen comienzo, pero al ser un torneo largo y tener un equipo corto por lesiones, expulsiones fuimos decayendo”, rememora. “El último partido en cancha de All Boys contra Costa Brava Nelson Festa me puso a jugar de delantero en el segundo tiempo… el primero había atajado, y fui arriba después con Gambier y Alí”. Toda una curiosidad.

De Doblas se llevó un premio.
“Era emocionante ver la gente como seguía el equipo, ya que viajamos a otras provincias, y parecía que siempre éramos locales, porque también se sumaban de Santa Rosa y pueblos vecinos. Jugamos con equipos como Independiente Rivadavia, Arizu de Villa Atuel y Andes de General Alvear todos de Mendoza, y también de Cutralcó y Zapala”
En 1981 fue otra vez campeón de la Liga Cultural, y en 1983 Nando y su hermano Alfredo jugaron para Independiente de Doblas. “Contribuí para un campeonato de la Centro Sur, pero me traje el mejor premio: mi señora, compañera de todas mis horas y madre de mis hijos”, reconoce.
“Desde 1984 y hasta 1991 que me retiré por una lesión, jugué en el club que me vio crecer, y que tantas alegrías y satisfacciones me dio. Tiempo después me llamó Julio Pérez para participar de una selección señor, y jugamos un argentino en Mendoza. Me acuerdo que en una charla técnica me quedé dormido y empecé a roncar… Me volvieron loco Luis Santillán, Caio Valcarcel, Horacio Zalabardo y Estergidio Pérez, entre otros”, se ríe con ganas.

La fe para luchar por su salud.
Desde hace un tiempo Nando empezó a tener dificultades de movimiento. “En junio del 2014 fui operado de un tumor en la pelvis detectado a comienzos de ese año. Me dejó poca movilidad en mi pierna izquierda, y si bien al principio podía llegar hasta el club (era el presidente) todo era con ayuda absoluta de mis compañeros de la comisión. En 2015 y 2017 fui intervenido quirúrgicamente, lo que motivó mi alejamiento. Tuve que renunciar”, dice sobre un momento complicado de su vida.
Muchas cosas pasaron por su cabeza después que conoció su problema: “Pasé por los más diversos estados… enojo, impotencia, hasta que lo vas asumiendo. Pero la peleo, y tengo fe, muchísima fe en Dios”, resalta.
Y desde entonces ha recibido múltiples muestras de afecto, y de solidaridad. Y como para muestra basta un botón cuenta: “Un día aparece en casa Coco Raimundo y me dice: ‘Nandito’, el sábado me voy a ir caminando hasta Rolón… allí hay una virgencita y fue a pedir por mí. Hay más de 20 kilómetros, era un día de mucho calor y allá fue… Son de ese tipo de gestos que lo reconfortan a uno”, menciona.
Dice Nando que está yendo “cada vez más seguido por controles a Buenos Aires, y tengo que hacer otras terapias para tratar de controlar la enfermedad y el dolor… Pero por ahora sigo en casa, estoy jubilado y tengo el apoyo de toda la familia, de mis amigos, y especialmente de mi señora y mis hijos. Y tengo fe, mucha fe…”.

“Orgullo y emoción”.
El entusiasmo por el fútbol, por los colores de un club, todo lo puede. En 2002 un grupo de padres de Macachín se reunió para organizar las divisiones infantiles y participar con clubes de Santa Rosa y General Acha. “Fue una decisión importante pero a la vez difícil por los costos: me acuerdo que cuando llegamos a la reunión de la Liga nos dijeron que estábamos locos por los gastos, que íbamos a recibir goleadas. Con el tiempo les empezamos a jugar de igual a igual, y participamos de torneos en otras provincias, en Rosario, en Córdoba, con buenos resultados; y además muchos de nuestros jugadores fueran convocados en varias oportunidades para participar de la selección de la Liga Cultural”, evoca Nando.
En un momento dado se produjo la quiebra de Atlético Macachín, ocasionada por malas administraciones. “El 7 de octubre de 2011 no me lo olvidaré jamás porque no fue un día cualquiera para Atlético Macachín -rememora-, porque los interventores entregaron la entidad a la nueva comisión (después que se salvara la difícil situación patrimonial) y tuve el orgullo de ser designado presidente… me tuvieron en cuenta por haber estado al frente del fútbol infantil tanto tiempo. Ese día dije que me sentía orgulloso porque era el acto de traspaso y fue emocionante para todo el pueblo. Lo conseguimos con el apoyo de toda la gente que nos acompañó”.
En esos años que Fernando Garmendia estuvo al frente del club se pudo comprar el colectivo para trasladar los equipos, se hizo el riego en la cancha, se refaccionó totalmente el gimnasio, se hicieron baños, la iluminación de la cancha auxiliar y múltiples obras. “Todo con el acompañamiento de una comisión formada por socios como Oscar Teysseire, Marta Rebollini, que habían sido mis compañeros de la primaria -acota Nando-, de Marcela Marrero quien me acompaño desde los comienzos, Alberto Stefanazzi , Rodolfo y Dorian Lucci, Dani Barbosa, Carlos San Martín y Horacio Carrascal. Y tuvimos el apoyo incondicional de la Municipalidad al frente de Jorge Cabak y también del gobierno provincial”, reconoce.
“Presidí la institución hasta 2017, cuando por razones de enfermedad decidí dejar. Me crié en el club, fui jugador, hincha, y dirigente… ¡Qué más puedo pedir! Cierto Nando. ¡Qué más se puede pedir!

Una gran y querible persona.
Sus padres lo bautizaron como Fernando Fermín, pero para todos es simplemente Nando. Es un muchacho de pueblo, humilde, simple, afectuoso, amiguero, buen esposo y mejor padre. Es de esos tipos que suman siempre. Es de los que si puede dará una mano. El que si alguien tiene un problema estará ahí. En definitiva es una gran y querible persona.
Y sí además se es buen jugador de fútbol se transformará en un poblador ideal para Macachín, un pueblo que respira y transpira ése maravilloso deporte, para muchos el más lindo del mundo.
Para el Club Atlético Macachín los Garmendia -porque también hay que sumar a Alfredo, su hermano menor-, representan la flor y nata de esa gran familia futbolística que orgullosamente hace cien años se viste de rojo y enciende los campeonatos pampeanos. En la memoria colectiva de los macachinenses cuando se habla del CAM remite directamente a éstos gladiadores modernos.
La “Casa del Movimiento Mecánico” es su negocio de repuestos. Y ésa ha sido desde siempre una suerte de filial barrial del Atlético Macachín. Allí, en su trastienda, siempre hubo locales y visitantes que protagonizaban inflamadas tribunas de la fecha pasada y de la que vendría. Y, obvio, de ahí salían las más disímiles elucubraciones que también alcanzaban al fútbol nacional.
Y siempre fue así, desde que los Garmendia asomaron como referentes futbolísticos. Fueron imprescindibles personajes que estuvieron en las más gloriosas épocas. Genios y figuras. Campeones en el deporte y en la vida.

Dicky Paghouapé (Periodista, ex jugador, ex corresponsal de La Arena en Macachín)