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«Necesitamos saber quienes somos»

A LOS 46 AÑOS SE ENTERO QUE HABIA SIDO ADOPTADA

(General Pico) – «Necesitamos conocer nuestras raíces para cerrar nuestra historia, para saber quienes somos, nada más», manifestó Graciela Campanari, una vecina piquense desde hace diez años, busca a su madre biológica.

En diálogo con LA ARENA, la mujer nacida en Capital Federal, dio detalles de su historia. Dijo que fue anotada un registro civil como hija natural de sus padres de crianza y que a corta edad se radicó con su familia en General Pico.

«Estoy viviendo desde los cinco años en General Pico. En mi acta de nacimiento figura que nací en Capital Federal, en agosto de 1973. No digo fecha porque es incierta. Está asentado que nací en mi casa particular el 24 de agosto, pero mis padres siempre dijeron que nací el 17 de agosto. El médico de Buenos Aires que firmó el certificado, atestigua que mis padres son Aurelio Campanari y Elba Tébes, que nos son los reales, porque tengo una sustitución de identidad. Son mis padres de crianza», contó.

La historia de Graciela, es como de la tantos piquenses que buscan desde hace largo tiempo a sus madres biológicas. Se trata de casos llenos de irregularidades, dado que fueron inscriptos como hijos naturales de sus padres adoptivos, y en muchos casos, los días que el Registro Civil estaba cerrado. El caso de Graciela comparte varias similitudes con muchos casos ocurridos en esta ciudad, solo que el de ella, cambia de escenario.

Infancia.
Graciela vivió sus primeros años en Capital Federal y luego se mudaron a Ciudadela. Sin embargo, alertados por la búsqueda que estaba llevando a cabo su madre, decidieron regresar a La Pampa, de donde eran nativos sus padres.

«El médico les avisa a mis padres que mi madre biológica me estaba buscando, entonces deciden volverse a La Pampa porque eran de acá. Según me dijeron, mi madre biológica era muy joven y sus padres la obligaron a darme en adopción. Esa es la historia que tengo», dijo.

Recién hace una década atrás, a la edad de 46 años, Graciela se enteró que había sido adoptada. Esto fue «como un baldazo de agua fría», porque todo ese tiempo vivió con una historia que no había sido la suya.

«Me costó mucho. Hice tratamiento psicológico, traté de buscar terapias alternativas para serenarme y todo esto me llevó hasta que pasaron tres o cuatro años, que me decidí realizar mi búsqueda. Primero a través de las redes sociales, y hace tres años me hice un ADN ancestral, que se manda a los Estados Unidos. Yo tengo un millón de primos desparramados por todos lados, y todos participamos de distintos genes, pero siempre hemos llegado a una quinta generación y nos cuesta mucho armar nuestro árbol genealógico y llegar a nuestros padres», contó.

Búsqueda.
En una charla con este diario, la mujer piquense refirió que sus padres adoptivos le dieron un buen trato y una buena crianza, pero que nunca le revelaron nada acerca de su adopción. Tras conocer la historia verdadera, recorrió hospitales y registros civiles de Capital Federal.

«Pude dar con los registros de Capital Federal. Me llamaron y me dieron un listado de posibles madres y me dijeron que podría haber nacido en el Hospital Rivadavia. Me dieron datos de madres posibles, porque eran madres solteras, pero no llegué a poder avanzar con eso. Más tarde viajé a Añatuya (Santiago Del Estero) a conocer a una posible madre. Entablamos conversaciones y coincidía un poco la historia. La idea mía era que nos hiciéramos un ADN, pero cuando viajé a conocerla se negó a hacerlo y no pude avanzar más. De todas maneras, no me vi reflejada en nada y las dos desistimos», señaló.

En todo este proceso, Graciela se sumó a diferentes grupos de búsqueda, de Rosario, Mar Del Plata, La Pampa, incluso de España y de Chile. Además, unió a la búsqueda a una amiga y aliada estratégica: Andrea Langhoff, la creadora del grupo «Busco Madre Biológica La Pampa» y referente nacional en la materia.

Historia.
También, Graciela presentó su caso en la Defensoría de la Nación, que sigue una «una investigación más profunda para poder llegar a la persona y entrevistarla, cosa que yo de forma particular no lo puedo hacer porque no tenemos una ley nacional que nos ampare a quienes buscamos nuestra identidad biológica».

El año anterior, Graciela no pudo viajar a Buenos Aires a continuar con la búsqueda en el lugar en el que nació. Además, la pandemia de Covid-19, retrasó todos los trámites. Pese a ello, no baja los brazos y sigue detrás de su búsqueda, que tiene por objetivo, llegar a sus raíces, para completar su historia personal. Así de claro.

«No busco a mi familia biológica por un rédito. Pudo haber tenido sus motivos, pudo haber sido obligada, pudieron haberle mentido. No sé la historia. Necesitamos conocer nuestras raíces para cerrar nuestra historia, para saber quienes somos, nada más», finalizó.