miércoles, 27 octubre 2021
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Nelson Nicoletti: volver de las sombras

Fueron 30 mil desaparecidos, y algunos encarcelados sin causa ni proceso se salvaron sólo por azar. La tragedia de los argentinos tuvo una furia homicida que dejó profundas huellas en esta sociedad.

MARIO VEGA

Muchas veces me he preguntado cómo lograron seguir, cómo pudieron afrontar lo que vino -nada más ni nada menos que la vida de todos los días-, después de tanto horror, de tanto espanto y consternación. Y se puede concluir que encontraron fuerzas porque saben que tienen un legado que dejar para las generaciones que vienen: Nunca más. Nunca más!
La noche ominosa de la Dictadura más sangrienta que soportó nuestro país quedó atrás, y hoy en día los sobrevivientes de la tragedia argentina persisten en llevar adelante su lucha para decir «no nos han vencido. No pudieron vencernos».

Sin causa ni proceso.

En esta semana que se recuerdan aquellos hechos aciagos que signaron nuestro país entre 1976 y 1983, hemos visto por allí a Cristina Ércoli, Nelson Nicoletti, Miguel García, Miguel Maldonado… y evocamos a tantos otros que ya no están -como nuestro querido compañero de Redacción, Raulito D’Atri- que también sufrieron la cárcel sin causa ni proceso.
Extrañamente no advertí nunca en ellos un gesto de odio, sino que parecieron asumir lo que sufrieron como un precio por su militancia; y ciertamente su libertad -a la que accedieron después de tantas penurias- la llevan adelante con un compromiso inexcusable de seguir luchando por verdad y justicia, y por los valores democráticos que nos escamotearon en la noche más oscura que recuerde nuestra historia.

«Nunca más».

A 45 años del más cruento golpe militar en nuestro país, asistimos hace apenas horas al acto en el Parque Recreativo Don Tomás en el que Nelson se dirigió a los presentes en el Día de la Memoria… con la voz quebrada, con los ojos brillosos, con la emoción a flor de piel repitió esa consigna que es carne en la sociedad argentina: «¡Nunca más!»… «Nunca más».
Lo conozco desde antes del golpe militar -ya en el ’78 yo trabajaba en LA ARENA, y él era el Director del Diario La Capital, transformado en cooperativa-, y lo traté bastante más después reincorporado a la vida en democracia.
Ahora charlé con él, como lo hice antes con otros que soportaron la cárcel por el «delito» de pensar. Sólo eso… pensar en un país mejor, más justo, más igual.

Nogal con historia.

Me recibió en su casa de Téllez 56, muy linda, restaurada por el arquitecto Miguel García -otro que también pudo sobrevivir a la locura-, con amplios ventanales, con un amplio patio donde sobresale un nogal que tiene su historia… «Lo plantaron mis suegros (Osvaldo Jerónimo Piatti y Edelberta Valerdi) justo el día que a mí me trasladaban a Rawson. Sí, tiene 45 años y es testigo de toda la tragedia y lo que vino después», cuenta Nelson mientras «Chiquito» Erro -el fotógrafo- le pide que pose debajo del añoso árbol.

La familia.

Nelson Eduardo Nicoletti (70) es el octavo hijo, nacido en Santa Rosa, del matrimonio de Fidel y de Haydee Ramos. Sus abuelos paternos fueron fundadores de Ataliva Roca: «Papá era carnicero en el Parque Luro; y mi madre, jovencita y mucho menor que él, niñera de las hijas de las familias aristocráticas que venían al Castillo de vacaciones», rememora.
El padre falleció en 1956, «dos días antes que naciera mi hermano menor, José Jorge, con lo que mamá quedó viuda con 33 años, nueve hijos y algunos sobrinos para criar… Y un trabajo de serena en la Escuela Hogar n° 14, al que accedió porque papá había trabajado en su construcción. Al terminarse la obra y quedar sin trabajo podía proponer un familiar para ingresar al Estado», precisa.
En su militancia católica se iba a encontrar con Marta Piatti. «Nos casamos y es la madre de mis cinco hijos, quienes nos dieron hasta hoy 8 nietos: Ana Sol, Valentín, Alba y Francisca, hijos de Carolina y Alejandro Carril; Lorenzo, de Verónica y Arturo Silvestre; Agustina, hija de María Marta y Martín Morante; las más pequeñas Julia y Paz, de Juan Ignacio y María Victoria Riva, que viven en Junín; y a Dante, nuestro nieto del corazón hijo de Ana, la compañera de Pablo que residen en Capital Federal», puntualiza.

El sacerdote que no fue.

«La religión y pertenencia a la Iglesia Católica fue una impronta que mi madre marcó en la familia, y de hecho tengo un hermano sacerdote. Orlando está en la parroquia de Santa Eufemia, Córdoba; y otro, Adolfo Luis, el mayor, es religioso salesiano hoy en Buenos Aires. En sus últimos años mi madre se incorporó al Monasterio de la Visitación, en Pilar, en mayo de 1987, haciendo su profesión perpetua en 1993 de Monja de Clausura, donde falleció en el 2011, a los noventa años», cuenta Nelson.
Precisa que él mismo fue becado «por el Obispo Jorge Mayer en el Seminario La Asunción, de Bahía Blanca, para estudiar para cura, pero no prosperó y no por mí. Porque me echaron y si bien hice reiterados intentos para que me recibieran otros seminarios mis antecedentes en Bahía no lo hicieron posible».

Curas del tercer mundo.

La experiencia del seminario terminó «cuando las repercusiones del Cordobazo nos atrapó en una manifestación en la Biblioteca de la Universidad del Sur y el Rectorado nos echó a unos cuantos aspirantes… Ese iba a ser mi primer acercamiento a la iglesia inscripta en la opción por los pobres y los curas del Tercer Mundo, que luego se haría presente en Santa Rosa, en nuestra militancia con los compañeros de toda la vida… entre otros Cristina Ércoli, Elsa Mendiola, Marta Piatti , Ana Gisper Sauch (religiosa laica española en misión por estas tierras), hoy en Perú con su compañero Eduardo Borrell, exquisito referente para la mirada cristiana progresista, y curas como el Padre Valentín de General San Martín, Juan de Castex, Ramón, Miguel y varios más», enumera.

La Iglesia del 76.

«Un desgarro infinito» le produjo la complicidad de la jerarquía católica con el genocidio de la dictadura del ’76, «porque al mismo tiempo enterrábamos a verdaderos mártires como Monseñor Angelelli y miles de curas entre los que cuento a mi propio hermano, que dieron verdadero testimonio de solidaridad con las víctimas del terrorismo. Orlando Nicoletti, en carta a Videla, se ofreció como rehén para ir preso a cambio de mi libertad alegando que yo era padre de dos criaturas… Le contestaron que la bronca era conmigo…», repasa ahora.
Y agrega: «El Obispo Alemán, que fuera respetado Rector del Colegio Domingo Savio de Santa Rosa, siendo titular de la Diócesis de Río Gallegos le respondió con una carta a mi esposa, que le había pedido por mi libertad, que era mejor que permaneciera preso… que al menos allí, blanqueado, estaba más seguro, porque en una reunión del Episcopado ya se comentaba que estaban haciendo desaparecer personas». Era el mes de octubre de1976.

Gestión por Oscar Di Dío.

Nicoletti narra que con su hermano ‘Pampi’ (ya fallecido, trabajaba en el Banco Hipotecario) «fuimos a ver a Monseñor Adolfo Arana para pedirle información sobre Oscarcito Di Dío, que también era bancario del Banco Pampa en Buenos Aires. No se sabía nada de él. Arana llamó al ministro Harguindeguy y nos hizo esperar un rato… Cuando volvió nos dijo que dejáramos de preguntar por ese tema y que nos cuidáramos nosotros. Nos fuimos muy angustiados, y todo eso mientras mi madre, una verdadera santa, construía su camino a la consagración religiosa de clausura», dice no sin dolor.

El periodista.

Nelson, cabe reconocer, escribe muy bien. Supongo que es innato, pero además ha leído mucho y tiene una sólida formación, lo que le permite hacerlo en forma amena e informada sobre los temas en los que incursiona.
Tal vez ese haya sido el germen para el periodista que trascendería mayormente en el diario La Capital, aunque sus inicios fueron en La Reforma, donde en 1969 comenzó a abrazar la profesión que -confiesa- «se convirtió en arma de militancia». Seguramente la única arma que alguna vez esgrimió… peligrosa precisamente porque para usarla se necesitaba, naturalmente, pensar…
Después José Matilla, director del diario piquense lo envió a la corresponsalía de Santa Rosa. Y sería Eduardo Pérez, fotógrafo de La Capital que lo haría ingresar a este diario.

Épica periodística.

«Allí me mezclé con periodistas como Guille Gazia, Poroto Arballo, Horacio Viglizzo y el director Juan Carlos Scagliotti… pero sobre todo con los trabajadores gráficos, fuertemente peronistas como Domínguez, Toro Jaime, Tico Vargas, Laurnagaray, Justo Godoy, Gaucho Ortiz… Y con otros colegas como Ricardo Di Nápoli, Lito Maldonado, Pinky Pumilla, Jorge Roo, Raulito D’ Atri, el propio Saúl Santesteban que achicaba con su bonhomía su propia jerarquía… Creo que fue una época gloriosa del periodismo local, cuando si te equivocabas algo tan simple como tomar nota en la estación del Ferrocarril el registro de la lluvia te hacías acreedor a una sanción… Para todos ellos decir la verdad era una obsesión por entonces y enfrentar a las autoridades de facto fue una reiterada característica. Fueron tiempos en que la militancia en el periodismo adquirió relieves épicos, que determinó cárcel para varios periodistas», rememoró.

Nace el sindicato.

Nelson se entusiasma para explicar que en ese contexto de una Argentina movilizada «por el peronismo y las fuerzas democráticas de izquierda, en la década del ’70, hubo entre nosotros múltiples expresiones. Junto con Pinky Pumilla, Raulito D’ Atri, Jorge Roo, Arturo Rodríguez de La Reforma de General Pico y otros, fundamos el Sindicato de Prensa de La Pampa, consiguiendo sentar en una mesa paritaria a la patronal de los diarios y de LU33, a través de un gremio con un perfil de lucha y compromiso».

La Cooperativa La Capital.

Corría 1974 cuando los propietarios de La Capital avisaban que cerrarían el diario: «Los trabajadores decidimos cargarnos al hombro la quiebra, y constituimos la cooperativa de trabajo y lo compramos. Con recursos propios, algunos pagarés a levantar por mes durante un año, y esencialmente, vendiendo nuestra renuncia a la empresa aliviándola de más de cuarenta liquidaciones e indemnizaciones con un promedio de veinte años de antigüedad… Toda una fortuna, con lo que de paso tapamos la estafa federal porque nunca nos habían depositado los aportes previsionales».
Nelson señala que «la compra del diario en lo personal me trajo complicaciones en los ‘interrogatorios’ cuando estuve preso. No me creían que fue una compra limpia y me acusaban de aprietes a la patronal… Y no era cierto, si hasta el propio abogado de la empresa nos felicitó por la seriedad de la transacción».

Y vino el golpe.

El golpe de Videla, Massera y Agosti, el 24 de marzo del ’76, produjo un verdadero genocidio con la imposición del terrorismo de Estado, que también se ensañó con La Pampa. «Siempre dije que no comprendí nunca la tremenda desproporción entre nuestra escasa población y la cantidad de detenidos, perseguidos, desaparecidos y víctimas de esa represión… cuando por otra parte los tres hechos terroristas conocidos por aquel tiempo fueron cometidos por fuerzas irregulares de la derecha: la bomba en ATE, o la que pusieron en la casa de las chicas cristianas militantes en el antiguo Boulevar Roca, o la bomba en LA ARENA…».

Detenido en el diario.

Esa misma noche del 24 de marzo un operativo policíaco-militar tomó el diario La Capital, en la calle Pellegrini: «Me llevaron no sin antes golpear a algunos compañeros y encapucharme. En la Unidad 4 llenamos pronto el pabellón para ‘detenidos especiales’, entre Hermes Accátoli, Miguel Maldonado, ‘Cholo’ Covella, Saúl Santesteban, Néstor Bossio, José Regazzoli, Roberto Gil y Hugo Ferrari, de General Pico, y también el Cabezón Héctor Suárez, hoy en San Luis… Una larga lista que por algunos días incluyó a Carlos Aragonés, a Pepe Brinatti, y a históricos dirigentes peronistas, muchos reincidentes por el plan Conintes de Arturo Frondizi», relata.
«Esto pasa, como siempre… serán unos días nos dijo Don José Regazzoli que estaba en su celda, y se dio vuelta en la cucheta y siguió durmiendo».
Pero no fue así esa vez. Había un plan distinto: eliminar a las fuerzas populares, aquí en Argentina con el Proceso de Reorganización Nacional y en el Continente con el Plan Cóndor. Imposición a sangre y fuego del más salvaje capitalismo posible, cuyas consecuencias aún hoy seguimos pagando, especialmente por el intento del macrismo de resucitar aquellos postulados económicos.

A Rawson.

En septiembre fue «seleccionado» con otros pampeanos que fueron destinados a la cárcel de máxima seguridad de Rawson. «Allí en 1972 habían sido asesinados los que llamamos «héroes de Trelew’. Ahí fue que nos tocó conocer una cárcel preparada para guerrilleros y éramos tratados como tales… con rutinas de amedrentamiento y locura capaces de terminar con cualquier idea que no fuera sobrevivir cada día, llegar a la noche y conseguir formar fila a la mañana siguiente», dice y pareciera que repasa cada momento en aquella prisión.

La providencia.

Nelson Nicoletti expresa que tuvo «el tristísimo privilegio de ser el primer preso que salió con vida de ese pabellón desde el momento que lo ocupamos… Porque los que salieron antes, compañeros de Bahía Blanca y del sur, jamás llegaron a sus casas. Pero en mi caso hubo una serie de coincidencias… la providencia diría mi madre, que incluyó a un juez federal que había estado en Santa Rosa y admitió un hábeas corpus para que mi salida del Penal se produjera al mediodía y no a la medianoche… que era, y sigue siendo creo, el momento aprovechado para fusilar en el camino a los que salían presuntamente en libertad… De hecho ya habían firmado el papel de salida del penal, aunque después no pudieran hacerlo. Ese papel firmado les mostraban a los familiares cuando reclamaban porque esos detenidos nunca llegaron a sus casas… ¡Una perversidad increíble!».

Que pidan perdón.

En un momento le pregunté si se da cuenta que es «un sobreviviente». Y contesta: «Es algo que cada 24 de marzo también me pregunto… y creo que es por mero azar, como decía mi madre… y que tenemos la misión de dar testimonio de aquella barbarie y reclamar por los muertos, exigir justicia y trabajar por la memoria y la verdad… ¿Por qué otro motivo sino?», reflexiona.
«¿Sabés qué es lo último que quiero decir? Le quiero pedir a Baraldini y los otros represores que están sentados en el banquillo de los acusados que tengan un gesto de humanidad… Un último gesto: que no se mueran sin pedir perdón… Sólo eso».

Marín, el líder; Delfor, el amigo.

Nicoletti siente una profunda admiración por Rubén Hugo Marín. «Es cierto que de entrada tenía alguna aprehensión por su condición de piquense, donde residía el peronismo más ortodoxo y sindical -confiesa-, pero enseguida me impactó su profunda sensibilidad, inteligencia, amplitud de mente y sobretodo su peronismo innato aprendido en la calle».
Compartió con él cosas importantes, «como ser parte de un gobierno popular para mejorar la calidad de vida de los pampeanos… o como acompañarlo a Cuba y tener larguísimas charlas con Fidel Castro. Rubén, su familia, su esposa ‘Cachu’ me hicieron un lugar en sus afectos que agradezco», expresa.
Nelson ocupó diversos cargos. Fue director de Prensa de la Legislatura una vez recuperada la democracia; «cuando en el edificio no había un solo mueble», evoca.
Más tarde con Manuel Baladrón intendente pasó a la Municipalidad; luego ocupó la Dirección de Radio Nacional Santa Rosa, que estaba literalmente cerrada. «No había ni luz… la reequipamos un poco y pusimos una programación pampeana».
En la década del ’90 fue subsecretario de Información Pública y director de Canal 3. Cuando Marín asumió como senador lo acompañó a Capital Federal en un mandato que coincidió con la votación de la Ley de Medios Audiovisuales: Gabriel Mariotto lo designó responsable del Afsca en la provincia.
Ya en 2015, «Verna y Marín me incluyeron en la boleta como candidato a diputado del Parlasur», banca que aún ocupa con prórroga de mandato.

Delfor, el amigo.

Delfor Sombra, asilado en México hace muchos años, es uno de sus grandes amigos, y Nelson lo tiene siempre presente: «Delfor no se casó el mismo día que yo para poder cantarme en la Catedral de Santa Rosa ‘Gracias a la vida’… Una osadía en aquellos tiempos, pero a su vez una hermosa travesura. Se casó con Elsa Mendiola, hermana del alma de Marta (su esposa), pocos días después», agrega.
Fue una relación «forjada en las noches del ‘Temple del Diablo’, compartidas con Bustriazo, Edgar, Tucho Rodríguez, Oscar García, Lalo Molina, Roberto Ramonda, los Santajuliana y tantos…».
La amistad con Delfor «se hizo cada vez más profunda y necesaria por los martillazos de la vida. Una vez estando en Telén le escribí una carta a México contándole nuestras penurias. La despaché en el Correo donde me atendió don Catín Vargas… A la noche el hombre vino a decirme: ‘Yo la envío, pero la tengo que pasar al Comando en Jefe, a Campo de Mayo… Pero si querés te la devuelvo y la rompés’. Lo cuento ahora y aún me conmueve. ¡Qué calidad de persona, qué criterio! Y era sólo un cartero de pueblo. Pero gente de bien, honrada y honesta…».
Y agrega: «Con Delfor y Elsa compartimos muchas cosas con Marta y mi familia… incluido aquel intento de repatriación a La Pampa que finalmente resultó fallido. En fin… nada que no puedan arreglar algunos vinos y canciones», concluye.

Libertad vigilada,

Cuando lo dejaron en libertad, Nicoletti consiguió que el Comando Militar le permitiera vivir en Telén, y que no se exilie en el exterior. «Allí estaba mi madre, y me mandaron al pueblo porque no querían subversivos caminando por Santa Rosa y mucho menos que volviera al diario, del que era dueño. En libertad vigilada estuve casi hasta la guerra de las Malvinas, presentándome regularmente a Inteligencia del Ejército, donde monitoreaban mi evolución (¡!!). Sobre el final de la Dictadura volvió al diario, «y en ese momento lo vendimos a dirigentes del Mofepa. Lo cierto es que no querían trabajadores gestionando un diario, y pese a todos los esfuerzos dimos por terminada la experiencia cooperativa», resume.