“No es fácil hablar y que te crean”

RELATO DE LA MAMA DE UNA NENA, VICTIMA DE ABUSO SEXUAL

El pasado jueves 13 la Justicia pampeana condenó a José Luis Kin (55) a cuatro años de prisión de efectivo cumplimiento por haber sido hallado autor del delito de “Abuso sexual simple” en perjuicio de tres menores de edad; una de ellas hija de su entonces pareja.
La condena fue impuesta por el juez de audiencia de Santa Rosa, Andrés Aníbal Olié, quien dejó sentado que todos los hechos ocurrieron en la vivienda que el imputado compartía con ella. El primero de los hechos comenzó en el año 2012 y los abusos, comprendidos por manoseos y tocamientos, se extendieron hasta que las víctimas tomaron coraje y decidieron confesarle a una de sus madres el calvario que habían vivido.
Ese mismo día, Norma Casas, madre de una de las menores y pareja del acusado, decidió enfrentarlo cara a cara y lo denunció luego de conocer el horror que se vivía dentro de su casa. Kin quedó detenido esa misma noche y pocos días después fue acusado formalmente, pero quedó libre porque no tenía antecedentes. Es decir, hasta ese momento era inocente hasta que se demostrara lo contrario, que fue lo que pasó el jueves 6 de septiembre último, en la ronda de alegatos. Finalmente el jueves 13 se firmó la sentencia.
El desarrollo formal de la causa llevó poco más de un año y medio y en ese lapso de tiempo las familias de las víctimas atravesaron muchísimos momentos, la mayoría horribles. Ahora, con la condena impuesta por el magistrado, Norma decidió contar lo vivido y aseguró estar “muy conforme” con la condena impuesta, al mismo tiempo que recordó su experiencia personal de cómo superaron juntos -con su hija y las familias de las otras dos víctimas- el calvario. También se refirió a esos “mensajes” que las víctimas de abuso pueden expresar hacia su entorno a través de comportamientos diarios; de porqué las niñas temían contar lo que estaban atravesando y de cómo es posible superar esta situación.

Relato.
El día posterior a que se haga pública la condena, Norma contó a LA ARENA que el condenado “va a apelar -es su derecho-, eso llevará tiempo y mientras tanto todo sigue igual, va a seguir trabajando, hará su vida tranquila como hasta ahora. Estoy contenta por lo que se logró, pero quiero que la condena se haga efectiva”.
Durante el diálogo la mujer recordó que tomó conocimiento de lo que ocurrió dentro de su vivienda el 3 de diciembre de 2016. “Ese mismo día lo denuncié y quedó detenido. Tres o cuatro días después fue acusado formalmente”, relató. En ese entonces su hija tenía 14 años, la misma edad que tenían las otras dos chicas -amigas de ella- cuando contaron juntas que habían sido víctimas de manoseos por parte de José Kin.
Casas convivió durante diez años con el acusado y aseguró que “tenía una vida planificada a futuro, había idealizado muchas cosas con él… Esas cuestiones que uno sueña como familia, y él no era mala persona con nosotros, pero tenía una maña”, sostuvo.
En cuanto a los hechos, la mujer contó: “yo creía que estas cosas no pasaban acá y las chicas tardaron en contar lo que ocurría. Supongo que fue así porque no es fácil hablar de estas cosas y que te crean. Y ahora me pregunto ¿Por qué tardaron tanto? -cuestionó- Quizá se cuidaban de no destruirme la vida, porque nosotros estábamos bien”.

Negación.
De acuerdo a lo planteado por Norma, en los casos de abuso intrafamiliar existen ciertos denominadores comunes. Uno es la negación: ‘no puede ser cierto que haya hecho lo que hizo’, expresó la mujer, y aseguró que eso fue lo primero que se le cruzó por la cabeza cuando las chicas contaron lo ocurrido. “Obviamente que a mi hija le decía ‘mi amor yo te apoyo’, pero en mi interior no lo podía creer”.
Quizá, de acuerdo con lo que le explicaron profesionales en psicología, “es porque una tiene una parte madre y la otra parte mujer”. “Yo lloraba mucho y ella venía y me abrazaba, entonces le preguntaba ‘¡¿Hija no me mentís?!’ Y me aseguraba que no, que me decía la verdad”, confió la entrevistada y agregó también que “la noticia fue una bomba. Lo peor es que me dije que ‘no salgo de ésta’, pero quiero que la gente sepa que se puede salir. ¡Se sale! Además hay que contar la experiencia personal porque nunca se sabe si habrán otras víctimas”, expresó con convicción.

-¿Su hija tenía actitudes que demostraran la existencia de abuso?
-Cuando comenzó todo ella era chiquita, no se manifestaba. Pero con el tiempo noté que pasaba mucho tiempo en su habitación, siempre estaba vestida de negro. Quizá fueron insinuaciones de ella para manifestarme lo que ocurría. Recuerdo que supo tener -durante mucho tiempo- malas reacciones, contestaciones… actitudes que creíamos que eran ‘de la edad’. Tiraba cosas; se escapó del colegio tres días seguidos. Ella llevaba tiempo aguantando, quizá años y nunca lo supe. Nunca me di cuenta.

Vergüenza.
Conocido todo lo ocurrido y, con el ahora condenado y acusado formalmente por la Justicia, hubo intentos de hacer públicos los tres casos. Sin embargo las niñas se negaron. “Ellas no querían que se haga público”, señaló Casas.
Aquí aparece otra característica que comparten las víctimas de abuso: la vergüenza. “No querían que la gente sepa, pero se tenía que hacer público. Una de ellas ni siquiera lo habla actualmente con su mamá. Tenían mucha vergüenza incluso de que se supiera en el colegio”, sostuvo Casas.

-¿Cómo logró enfrentar a su ex pareja?
-Una de mis amigas (madre de una víctima) fue la que se enteró primero de lo que pasaba. Supo sobre los tres casos. Después me enteré yo, porque mi hija mayor me lo contó. Las nenas hablaron con ella y me lo comunicó a mí. Esa misma noche lo esperé en casa. Hice que se sentara y le dije lo que contaron las nenas, obviamente negó las acusaciones. Me sentí horrible, pero nunca perdí la calma. Lo enfrenté con tranquilidad, le dije que iba a llamar a la Policía. En ese momento, que él negaba todo, mi nena apareció -estaba escuchando- y empezó a decirle las cosas que le había hecho. ‘Tenía la cabeza tonta (sic)’, y no me daba cuenta de lo que me hacías'”.

Tiempos de la Justicia.
Una pregunta que resuena muy fuerte en la cabeza de Norma es “¿por qué no va preso, si tiene una condena de efectivo cumplimiento?”. Sin dudas el condenado va a apelar. Y desde el jueves 13, cuando salió la sentencia, tiene diez días hábiles para presentar su apelación. Después dependerá de la Justicia y -de acuerdo con la mujer- “los tiempos de la Justicia no entienden del sufrimiento de la familia”. “Ahí es cuando te dicen ‘tenemos que esperar’, pero no saben lo que es pasar por esta situación”.