Inicio La Pampa No hay que tirar, sino ayudar

No hay que tirar, sino ayudar

«Es algo que les genera fascinación, mucha curiosidad», cuenta Daniela mientras Virgina muestra fotos de algunos chicos y chicas con distintos «robots» o inventos que cobran vida justamente con aquello que, en apariencia, ya no la tiene. O que en realidad no se usa. Por eso desde la Escuela de Apoyo a la Inclusión Nº 2 de Santa Rosa llevan adelante una campaña para recibir donaciones de artefactos tecnológicos inutilizados.
«Arrancamos el año pasado pero la pandemia nos jugó una mala pasada y nos costó concretar bien la campaña, así que este año, en marzo, arrancamos de nuevo y ya han traído un montón de cosas, pero necesitamos más», describe Daniela Massolo, quien está a cargo del proyecto de robótica y que cuenta con el apoyo de los docentes Marcos Pidone y Matías Flores y de la directora del establecimiento educativo, María Virginia Rubio Mondragón.
«El objetivo es trabajar el lenguaje computacional vinculado a la robótica, y como necesitamos material a veces acceder a ello es bastante caro, entonces por eso hacemos la coleta. Recibimos celulares rotos, joysticks que no se usan, motores de impresoras, luces leds, parlantes, engranajes y correas para poder trabajarlos. Imaginamos y diseñamos inventos con esos objetos», contó Massolo en una entrevista con LA ARENA.
«Vibradores de celulares que pronto se convertirán en curiosos bichos», dice el afiche que invita a la campaña para realizar las clases en las que participan unos 20 chicos y chicas de diferentes edades y con distinta discapacidad.
«Hoy no tenemos presencialidad pero esperamos recibir lo que acerquen cuando la situación cambie, así que podrán traer los objetos porque aquí estaremos. A los chicos les encanta llevarse las cosas para hacer y se fascinan cuando ven que algo que hacen cobra vida, el movimiento de un objeto es lo que más los atrae», resalta Virginia.
Massolo agrega que en los últimos meses recibieron impresoras, y hasta una fotocopiadora. Y destaca la importancia de reutilizar esos objetos electrónicos, que de otra forma irían a la basura.
«Nosotros no necesitamos un kit completo de robótica y por ahí con el mismo dinero podemos trabajar con muchos más chicos y hacerlo de esta manera, que ellos puedan ver otra manera de trabajar además de que se reutilizan los materiales. Un robot no es solo lo que uno imagina, esa imagen de un mecanismo que puede hacer de todo, hay otras cosas y una licuadora tiene componentes de robótica, el lavarropas de la casa también, hay muchas cosas de la tecnología de todos los días que no se conocen y las vamos trabajando acorde a cada estudiantes, a sus habilidades y a su lenguaje computacional», indicó la docente.

Paso a paso.
Los elementos en desuso se reciben en la Escuela, que funciona en la calle 9 de Julio 555 de esta ciudad, y según Massolo también son necesarios elementos de aluminio y cobre, «como por ejemplo bandejas de aluminio en desuso, eso nos sirve mucho».
«Hacer un robot y programarlo necesita de ciertas habilidades, necesita un pensamiento computacional, y desglosar una actividad cotidiana en sus más pequeños pasos está muy bueno porque nos damos cuenta que muchas cosas las hacemos de manera automatizada, y cuando tenemos que enviarle una indicación a otras personas omitimos un montón de pasos y ahí vienen los errores de comunicación. Entonces la idea es trabajar paso a paso sin omitir nada. Trabajar engranajes, poleas, conceptos de mecánicas, motores, circuitos eléctricos. Son contenidos curriculares también y, de paso, armás un proyecto», expresó Massolo.
«Y los chicos fascinados, por ejemplo armamos un frasco de shampoo con un motorcito y una hélice y eso gustó mucho, generar algo animado despierta mucha curiosidad», agrega Rubio sobre una iniciativa que justamente apunta a usar lo que ya no se usa.