“Nos contaban que las picaneaban”

UNA EMPLEADA POLICIAL DECLARO EN EL JUICIO DE LA CAUSA SUBZONA 14 II

Mirta Alzamendi de Antonio, una ex empleada policial que prestó servicio como celadora en la Seccional Primera de Santa Rosa, a los 19 años, explicó ayer que su tarea era “atender y custodiar a las detenidas”, que eran divididas en presos comunes, del juzgado federal y del Comando Militar Subzona 14.
La mujer declaró en el Colegio de Abogados de esta capital y ante el Tribunal Oral Federal, en el marco del juicio de la causa Subzona 14 II en la que hay un grupo de ex militares y ex policías acusados por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar en la provincia.
La testigo comentó que los integrantes del grupo de tareas Subzona 14 eran “de las fuerzas armadas” y que las detenidas por ellos “tenían el mismo régimen de detención y estaban registradas”.
Su tarea era cuidar a las detenidas y en varias ocasiones tuvo que llevar a las víctimas hasta la escalera que daba con la Unidad Regional, que funcionaba en la planta alta de la Primera como centro clandestino de detención, y luego las recibía después de recibir golpes y torturas.
El querellante Franco Catalani le preguntó sobre la arquitecta Ana María Martínez Roca, quien fue detenida junto a su pareja Hugo Chumbita y Esteban Tancoff en diciembre de 1975 en Buenos Aires, y luego trasladada a la Primera de Santa Rosa. “La noche que ella ingresó a la Primera fue una de las personas más complicadas que me tocó, desde la salud, estaba en estado deplorable, anímica y físicamente”, comentó.

“Estaba mal”.
Además, recordó que aquella noche “no la revisó ningún médico”, aunque estimó que luego sí debió ser atendida en sanidad policial, donde estaban, según dijo la testigo ayer, los médicos Máximo Pérez Oneto, uno de los acusados, y Savioli.
Martínez Roca fue golpeada y torturada y perdió un embarazo en curso, en ese momento. “Cuando vino ni hablaba ni caminaba, de a poco se fue recuperando, pasaron cuatro meses. Estaba mal”, indicó, y desconoció que estaba embarazada.
Por otro lado, la testigo señaló que en su turno la víctima no fue trasladada al hospital “Lucio Molas” y que cuando la trasladaron desde Buenos Aires, “la agarré como si fuera un bebé, estaba esposada y vendada, era como un bulto. Primero la senté en una silla y después la llevé a un pabellón sola, me dieron la orden”.
Alzamendi de Antonio contó que la sacaban “todos los días a un patio interno para que caminara” y reconoció que trasladaban a las detenidas “arriba” de la Primera, donde funcionó un centro clandestino de detención, de secuestro y torturas.
-¿Durante los turnos de la noche se hacían interrogatorios en la planta alta de la Primera?, preguntó la querella.
-Sí, porque se escuchaban gritos.
-¿Cómo salían físicamente las personas cuando las iba a buscar?
-Había que cuidarlas, tenerlas unas horas aisladas, que no tomaran agua. Era una orden.
-¿Por qué no podían tomar agua?
-Porque habían sido picaneadas, golpeadas, algo. Entregábamos la persona en la escalera, no subíamos.
-¿Las víctimas que les decían a usted, después?
-Bueno, contaban que las picaneaban, golpeaban, que los lastimaban con puchos.
-¿Qué personal trabajaba en la planta alta?
-Eran muchos.

Una cena de madrugada.
Por videoconferencia desde Victorica, Emilia Haydeé Haita fue la primera en prestar declaración ayer y recordó que el 23 de mayo de 1978 a la 1 de la madrugada, la directora de la escuela hogar de Pasos de los Algarrobos la despertó, algo que no era común, para que prepare una cena. “No me dijo para quién era”, contó.
“Al otro día no vi a la señorita”, agregó en referencia a la docente Zulema Arizo, que fue secuestrada -por tres meses, estando embarazada- durante esa madrugada, y señaló que en el patio de la escuela vio un coche, pero “al otro día ya no había nada”.
La directora de la escuela rural era hermana del represor Robert Fiorucci, que quedó afuera del juicio del juicio por cuestiones de salud. El represor, que en 2010 fue condenado a 20 años de prisión por delitos de lesa humanidad, fue mencionado por Haita como integrante de aquel operativo en Paso de los Algarrobos, en su anterior testimonio.
Arizo era acusada de guerrillera, por la directora justamente, según se desprende de la lectura de la declaración que Haita brindó en el primer juicio de la Subzona 14 y que el Tribunal Oral Federal de Santa Rosa, leyó ayer por pedido de la fiscalía.
Por otro lado, ante la falta de precisiones, el fiscal José Nebbia le preguntó a la mujer si tenía miedo de declarar, a lo que la testigo dio su negativa y aclaró: “Mucho no recuerdo”.

“Sufrí hambre, sed y frío”
Félix Ramón Hurtado fue detenido a los 37 años, el 19 de abril de 1976, por policías de Santa Rosa, entre ellos el ex comisario Roberto Fiorucci, cuando estaba trabajando en el campo del militar Phillipoux, en el oeste pampeano. “No lo encontraron a él, entonces me llevaron a mí”, contó el testigo-víctima.
Durante la audiencia del juicio de la causa Subzona 14 II, fue trasladado al calabozo de una comisaría de Santa Isabel, donde estuvo dos días. Allí, el mismo Fiorucci le preguntaba por su “patrón” y qué vínculo tenían. Luego, lo llevaron, incomunicado, a la Primera y declaró ante un juez, en dos oportunidades.
El 29 de abril a la noche fue liberado, algo que le comunicó el ex policía Fiorucci, según dijo Hurtado ayer, aclarando que no le pegaron. Y sobre su patrón, recordó: “Creo que no le pasó nada, porque él era militar y en ese tiempo estaban los militares, pero no sé…”.
El testigo-víctima comentó que sufrió “hambre, sed y frío” en el calabozo y en los 10 días en los que estuvo detenido vio en una celda enfrente a Mireya Regazzoli. Además, contó que por la noche se escuchaba “gente que se quejaba de los golpes” por las torturas.
Después de ser liberado, regresó a trabajar con Phillipoux al campo, el 5 de mayo de ese año, explicó.