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«Ojalá salgamos un poco mejores»

EX MINISTRO DE SALUD OPINO SOBRE EL CORONAVIRUS Y CONTO SU PADECIMIENTO CON LA POLIO

Antes del coronavirus nuestro país a comienzos de 1956 -que afectó a unas 6.500 personas- sufrió una epidemia de poliomielitis, que tuvo un foco de contagiados en La Pampa en 1960. La enfermedad en Eduardo Castex dejó -entre otros- como saldo una joven fallecida y dos infectados con secuelas motoras.
«Tengo la posibilidad de atravesar dos pandemias y nací en el momento equivocado. Cuando era chico la poliomielitis afectaba a los niños y ahora esta pandemia del coronavirus afecta a los mayores. De la primera guerra salí con secuelas, y ahora estoy preparado para esta batalla donde espero salir con las menores lesiones posibles», relató el ex ministro de Salud de la provincia, Luis Ordoñez, actual secretario de Gobierno de Eduardo Castex.
«Quizás esta pandemia nos permita a todos salir un poco mejores y lograr aprendizajes para valorar algunas cosas que hasta el momento no veníamos apreciando», destacó el entrevistado.
El ex intendente castense, entre 1999 y 2007, trazó un paralelismo entre la epidemia de polio y el Covid-19. Aislamiento social porque la propagación se genera por contacto directo entre las personas, higiene personal y limpieza de superficies. «Las personas que sufrimos la polio nos teníamos que aislar porque tenía consecuencias severas», recordó. «En 1960 las clases recién comenzaron en mayo o junio», destacó.
El entrevistado considera que ahora deberíamos estar mejor preparados para enfrentar al coronavirus. «En aquel momento no existían los medios que hoy tenemos disponibles para transmitir a los ciudadanos que respeten este asilamiento social que nos están pidiendo las autoridades sanitarias», agregó.

Respiradores, fundamentales.
Luis Ordoñez tenía dos años cuando contrajo la Poliomielitis. También se contagiaron su tía Celina «Coca» Mauro y la prima Lidia Bruno, ambas de 15 años. Ordoñez y Mauro quedaron con secuelas motrices, mientras que Bruno falleció. En Eduardo Castex hubo un foco de poliomielitis.
En febrero de 1960 ingresaron más de 200 personas contagiadas en el Hospital Muñiz. Allí había 40 pulmotores. «A los tres pacientes -de Eduardo Castex- más afectados nos derivaron a Buenos Aires, porque ahí nos trataban y nos permitían mantener la respiración. La polio, entre otras cosas, afecta los músculos motores y también la mecánica respiratoria. No había alternativa de sobrevida si no tenías un pulmotor que te pueda asistir», explicó.
«En esos momentos había 40 pulmotores en el Hospital Muñiz. Ibamos de todas las provincias a Buenos Aires. Y no tenían ahí preparados, para que en el algún momento nos asistieran durante el tiempo posible, porque las personas afectadas íbamos rotando», relató. «Fuimos tres y regresamos dos con secuelas a la vista, que son las heridas de esa guerra. Y una no regresó, porque evidentemente la afección fue gravísima», detalló.
La polio, como el coronavirus, se propagaba por contacto social. «En nuestro caso lo indica la cercanía de los familiares (contagiados)», dijo.

-Ahora existen hasta «escraches» por coronavirus. ¿En aquel momento los contagiados de poliomielitis también sufrían estigmatización social?
-No sé, yo tenía dos años, no tengo recuerdos. Pero, he leído muchos diarios de esa época y encontré un relato de una mujer que quería salir con su hija en el pueblo, pero cuando la veían la gente se encerraba en las casas. Y muchos vecinos no le hablaron más, hasta varios años después. Como había recomendaciones de no tener contacto personal para evitar el contagio, seguramente la gente se aislaba. Aunque no se cómo habrá sido en Eduardo Castex. No tenemos que estigmatizar a la gente, pero sí mantener el aislamiento social de dos metros, porque es un arma fundamental para evitar la propagación del virus.

«No había análisis».
Ordoñez plantea que actualmente se deben seguir «a rajatabla» las indicaciones sanitarias para evitar la propagación del coronavirus. Aprovechar la posibilidad de contar con tecnología sanitaria y diversos medios de comunicación, para evitar las consecuencias que ya sufrieron en otros países y que también se afrontaron en décadas pasadas con otras enfermedades que pusieron en jaque a la sociedad.
En la década del 60 en La Pampa «no existían los análisis para detección de la polio, no había hisopados y solamente se podían hacer diagnósticos clínicos». El médico evaluaba al paciente que presentaba fiebre, si además tenía reflejos en sus extremidades, para determinar si estaba contagiado. «En mi caso no tenía reflejos en las piernas», dijo.
«No había distribución de vacunas -recordó- por eso hubo muchos afectados en La Pampa. Y cuando aparece este brote en Castex, coincide que se intensifica la vacunación y ese año en Argentina se distribuyeron 1,4 millones de dosis».
«Es muy difícil sacar una estadística general, pero si en ese febrero nos derivaron a tres personas a Buenos Aires, seguramente hubo 300 afectados en Eduardo Castex y de las cuales la mayoría se recupero sin diagnóstico completo», explicó. Y fundamentó esa teoría en las estadísticas de aquel momento donde cada 100 casos «el 80 por ciento de los afectados no tenían síntomas como ocurre con esta pandemia (de coronavirus), eran síntomas leves y no tenían afección motora; de las 10 restantes podían tener síntomas febriles con afección motoras pero se abortaba la parálisis y se recuperaban; y de las cuatro que quedaban dos revestían gravedad que llegaban a Buenos Aires y los otros fallecían».
«Hoy estamos mejor preparados para no tener consecuencias trágicas. Con la pandemia del coronavirus hasta el momento hemos tenido buenos resultados en La Pampa, pero tenemos que reforzar los tres parámetros fundamentales: distanciamiento social, higiene y desinfección de las superficies para defendernos de este amigo invisible», concluyó Ordoñez.

Vacuna milagrosa
La poliomielitis afectó al ex presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, por eso puso énfasis para tratar de encontrar una vacuna contra la enfermedad. En el siglo XIX la mayor eminencia sobre la polio fue Mary Putman, quien fue la primera mujer que se graduó como médica en París; y descubrió que la parálisis que provoca la enfermedad es incurable porque destruye las células nerviosas que controlan los músculos.
En 1907 hubo una gran epidemia de polio en Nueva York, que se esparció por el resto del país y llegó hasta Canadá. Ciudades enteras fueron puestas en cuarentena, con policías vigilando las calles. Y como ahora, se consideraba que los países con peores niveles sanitarios estaban más expuestos a enfermedades virales como la polio, pero en este caso la famosa pulcritud estadounidense jugó en contra. Resultó que en las naciones más desarrolladas los niños eran más vulnerables.
Roosvelt se recuperó de la polio y llegó al Salón Oval en 1933. Inmediatamente creó una comisión para la investigación de la parálisis infantil. Y en 1938 se convirtió en la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil (NFIP). En 1952 se produjo la mayor epidemia de polio en EEUU, y Jonas Salk desarrolló una vacuna a base de virus muertos, con financiación de la NFIP, y quiso probarlo en niños. Se decidió –como no podía ser de otra manera en el gigante del norte– usar como sujetos de prueba a niños de un instituto psiquiátrico de Pensilvania.
La vacuna era intramuscular y los resultados fueron exitosos. Después, el virólogo polaco nacionalizado estadounidense Albert Sabin desarrolló una vacuna vía oral que se suministraba a los niños en un terrón de azúcar, y comenzó a utilizarse en 1957.