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Oleada solidaria tras incendio en carrito

UNA VECINA VICTORIQUENSE REABRIO EMPRENDIMIENTO DE COMIDAS CON AYUDA DE LA POBLACION

Profunda tristeza invadió a Claudia Ruiz cuando un foco ígneo quemó todos los artefactos de su carro gastronómico. La solidaridad de la comunidad en tiempo de crisis le devolvió su trabajo genuino. «Ahora soy yo la quiere tener gestos de gratitud», dijo.
El incendio en un tradicional carrito de comidas rápidas de Victorica provocó una oleada de solidaridad que permitió a su propietaria volver a trabajar una semana después del siniestro. La prioridad para ella era reponer los artefactos que se habían quemado. Pudo hacerlo gracias a la colaboración de la comunidad que se movilizó para ayudarla.
El «Carrito de Galera» desde hace ocho años tiene su puesto fijo a un costado de la plaza principal de esta localidad del oeste pampeano, en calle 14 entre 15 y 17. Es atendido por Claudia Ruiz, madre de cuatro mujeres y dos varones. La trabajadora además ejerce la docencia. Su marido falleció hace unos años.
El hecho que alteró su vida y la de su familia ocurrió el 1 de julio a la hora de la siesta. Uno de sus hijos se dirigía hacia el carro a llevar un canasto para la basura cuando observa que humo negro salía del interior de sus instalaciones. «El electricista nos dijo que el incendio supuestamente se originó por un desperfecto eléctrico en una heladera que tenía tres años de uso. El carro tenía disyuntor y térmicas, pero no evitaron la tragedia», contó Ruiz a LA ARENA.
Las pérdidas materiales fueron casi totales. «La estructura sirve y varias chapas también, el piso es ignífugo y eso evitó la propagación masiva. Los artefactos eléctricos se quemaron todos», recordó la emprendedora. El intenso calor consumió dos freidoras, una heladera exhibidora, un frigobar, un freezer, una vaporiera, un microondas, un televisor y equipos de música. El carrito constituye una fuente laboral genuina para la vecina. «Soy docente pero no podría sostener a toda mi familia sin ese emprendimiento», aseguró.

«En shock».
Enterada de lo sucedido, Ruiz entró «en estado de shock», pensó que «todo se terminaba» y la invadió una gran angustia. A medida que pasaban las horas muchas personas se contactaron con ella para ofrecerle ayuda y palabras de consuelo. Recibió innumerables llamadas telefónicas y mensajes de texto. «Toda la gente nos daba aliento para seguir adelante y eso nos movilizó para sacarnos de semejante tristeza que teníamos y mantenernos de pie», señaló.
En la misma sintonía confesó: «No me esperaba que iba a recibir tanto cariño del pueblo. Hubo gente que nos quiso donar heladeras y freezer y comercios que instalaron urnas. No pedimos esa ayuda pero la aceptamos. La respuesta superó todas nuestras expectativas. Esos gestos están muy guardados en mi corazón y en mi mente».
Ella tenía planeado invertir su sueldo y aguinaldo de maestra en reactivar el carro. Finalmente no se desprendió de todos sus ahorros. Con los fondos recaudados en la comunidad pudo reponer la mayoría de los artefactos que utiliza para elaborar alimentos. Asimismo «nos regalaron una freidora y comercios nos han vendido con importantes descuentos e incluso nos dieron fiado».
Ella es creyente. «Creo en la energía del universo y en Victorica es muy evidente que existe esa energía y fundamentalmente creo en Dios. Ante las mayores tribulaciones él te sostiene, ante los mayores desafíos él te acompaña y ante las grandes pérdidas él te acaricia la espalda», reflexionó.

Reapertura.
El domingo reabrió el carrito. Una y otra vez repite su agradecimiento al pueblo y lo exteriorizó con una publicación en Facebook en la que resaltó «la gran ayuda económica que recibimos, todo nos parece increíble y nos conmueve muchísimo, más aún con la situación que atravesamos como país y nos afecta a todos en cada uno de nuestros hogares».
«Ahora soy yo la que quiere tener gestos de gratitud hacia esas personas que tanto me dieron», dijo entusiasmada. Sus dos hijos varones viven con ella y la ayudan en la atención al público. Sus cuatro hijas son estudiantes universitarias y en época de vacaciones colaboran con su mamá.
«El carrito es un bien de familia», dijo la mujer que diariamente elabora hamburguesas, superpanchos y pebetes. Se siente reconfortada cuando los consumidores le dicen «muy rico lo que cocinaste». «Esa es la mayor alegría que te puede brindar el que come lo tuyo», finalizó.