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Olga Navarro, la reina del atletismo

Fue la indudable reina del atletismo provincial, y la primera dama que compartió las calles con los hombres en pruebas atléticas. Tenía gran talento y fue campeona argentina aún con una breve carrera.
MARIO VEGA
Cada tanto nos encontramos con gente a la que hemos frecuentado en otra etapa de nuestras vidas. Personas que alguna vez tuvieron una cierta exposición en función de la actividad que pudieran haber desarrollado, y que luego por mucho tiempo habíamos dejado de saber de ellas.
Fue uno de estos últimos sábados cuando sentado a la mesa de una céntrica confitería, en la vereda, un amigo saludó cálidamente a una mujer que pasó y detuvo brevemente su marcha.
El tapabocas, los lentes oscuros, tornaban casi imposible que -aunque la conociera- lograra identificarla de inmediato. Sí, no era otra que ella… la rubia hija del viento que lucía su talento años atrás en la pista del estadio municipal a la que -quienes la veíamos entrenar- admirábamos en silencio. Aunque ella nunca se hubiera enterado.

Magdalena, la gran sostén.

Nacida en Ataliva Roca, pero viviendo prácticamente toda su vida en Santa Rosa, Olga es la hija menor de Magdalena Boccasso y Antonio Navarro. «Mi padre era empleado de Vialidad Nacional, trabajaba en la zona del Durazno donde vivíamos… Cuando falleció yo tenía cinco años y nos vinimos con mi madre Magdalena y mis hermanos mayores Haydeé, René y Oscar a vivir a Santa Rosa en la Villa Santillán», recuerda.
Magdalena fue una madre ejemplar, que llevó adelante su familia con trabajo, honestidad y dignidad. «Tal cual, aprendimos de su fortaleza y espíritu de lucha para salir adelante en la vida. En casa había buenas costumbres… Teníamos una huerta, pollos, gallinas, conejos y de bebida…agua. En casa siempre había arroz con leche o maizena con leche, que tanto me gustaba con canela. Y ni hablar de las inolvidables tortas fritas, facturas de anís, y pasteles», se regocija en la evocación.

«Lo tuyo es el triunfo».

Olga repasa su infancia y adolescencia, y reconoce en su hermano Oscar a quien más la incentivó «para que estudie y practique atletismo. Estudiando y trabajando en General Pico me mandó una carta que aún conservo», señala. «Querida hermana, me enteré que ganaste dos competencias, ¡felicitaciones! Espero que sigas triunfando, porque lo tuyo es el triunfo. Son pocos los jóvenes provenientes de familias humildes que practican deportes. Y más, porque yo sé que la única camiseta que usarás será la de nuestro pueblo. Y así tiene que ser. No descuides los estudios y si precisás dinero para viajar avisame. Cuidá a la vieja. ¡Chau!, un abrazo para todos». Se conmueve la rubia muchacha -sí, eso seguís siendo Olga- mostrando la misiva un poco ajada entre fotos y recortes de diarios de esos tiempos. Oscar falleció cuando sólo tenía 55 años.

Buena estudiante.

«Hice la primaria en la escuela 74 Manuel Belgrano y el secundario en el colegio Comercial; y conservo de ambos inolvidables recuerdos… y muchos amigos. Todavía me conmueve que en 1973, ó 1974 cuando volví con el título de campeona argentina, en el saludo de entrada a clase la Directora pidió una felicitación para mí. Mis compañeros me dedicaron un largo aplauso y me emocioné muchísimo», sonríe con amplitud.
«¿Cómo estudiante? Me esforzaba… fui abanderada en la primaria, y en el secundario buscaba cada vez estar en el ‘cuadro de honor’ (entre los 10 mejores del colegio). Me gustan mucho las matemáticas, y también las Ciencias Biológicas», revela.
Debo decir que se acordó de todos, pero confieso me tomo el atrevimiento de consignar sólo algunos de quienes fueron sus compañeros de la Promoción ’76 en el Comercial: Horacio Rosales (ex presidente de Belgrano) que era un poco el líder; José Borredón, Miguel Montero, Nora Martín, Mirta Miró y Susana Beltramino entre otros. «Todavía hoy, cada tanto, nos seguimos juntando», apunta.

La familia y los nietos.

Le pido que me revele aspectos de su vida, y cuenta: «A los 22 años me casé con Carlitos, formamos una familia con nuestros hijos Andrés y Julieta. El varón estudió en Córdoba Kinesiología y Osteopatía y hoy vive en Villa de Soto junto a su compañera Anita y sus hijos, Simón, Elena y Benicio, divinos todos. Amante de los deportes, practicó desde niño natación, atletismo, básquet, bicicleta, siempre apoyado por nosotros. Julieta estudió Educación Física, también se quedó en Córdoba y con Matías tienen a la bella Amaranta. A ella siempre le gustó nadar, patinar y bailar», resume.
Olga agrega que está «orgullosa de lo que tengo, de mi familia, de lo que han logrado, de lo mucho que trabajan, de su solidaridad y alegría. Viví trece años en el Barrio Río Atuel, pero luego me volví a mi pago de Villa Santillán, que es mi lugar de toda la vida», completa.
En 1977 -concurso mediante- ingresó a trabajar en el Servicio Provincial de Salud, Nivel Central. «Todavía me acuerdo y soy amiga de la primera persona que me atendió, Susana Varas… rendimos el examen con las viejas máquinas Olivetti a las que se le trababan las letras… Estuve 30 años allí, y al final otros 5 en Contaduría General hasta que me jubilé», señala.

La llegada al atletismo.

La llegada de Olga al atletismo fue mediante una invitación de Susana Sánchez -destacada lanzadora-, y se integró a la recién formada Agrupación Juventud y Deportes.
A fines de 1971 «con sólo dos meses de práctica, en mi primer torneo provincial en General Pico gané los 400 metros y con récord provincial, 1minuto7s.5/10. Salí fuerte a ganar y lo logré con 70 metros de ventaja en pista de tierra… Recuerdo el festejo del equipo, la alegría y el asombro por el logro», rememora.
Fue en su corta trayectoria una verdadera campeona. Hubo logros increíbles en muy breve período, que ella trata de sintetizar: «En el Nacional de menores en Lomas de Zamora, fui tercera en 400 con una marca excelente de 1.4; medalla de plata en posta 4 por 200; obtuve el tercer puesto en 400, medalla de bronce con una excelente marca de 1.4; y fui segunda y medalla de plata en posta 4 por 200mts», puntualiza.

¡Una mujer!

Al año siguiente compitió en todos los torneos provinciales y nacionales, quedando siempre en los primeros puestos. «Fue inolvidable el torneo del sur Argentino en el Estadio Municipal, repleto de público. Gané con ventaja en los 800 metros con una fantástica hinchada local. Siempre me gusta mencionar que en 1973 el diario La Capital dijo: ‘Por primera vez en la historia del atletismo pampeano una mujer participará en una prueba de fondo (calle). Se trata de la recordista provincial Olga Navarro….Sin lugar a dudas su presencia en la competencia junto a los varones constituye un hecho poco común’. ¿A vos te parece? Bueno… Así era entonces», se conforma.
«Siempre corrí en pistas de tierra o de conchillas, en mi categoría y también en las superiores. «En el Club Gimnasia y Esgrima corrí por primera vez 1500 metros en una categoría superior. Salí cuarta atrás de grandes atletas nacionales entre ellas Iris Fernández y Ana María Nielsen… No entendía por qué me felicitaban hasta que escuché que había logrado el récord nacional juvenil con una marca de 4.59», sonríe.

La campeona argentina.

Un punto alto de su carrera sería en el torneo nacional de Salta. «Con mucho esfuerzo de la Federación Atlética Pampeana viajamos en un micro de la provincia. Por supuesto, sin aire acondicionado ni asientos reclinables, ni nada… tardamos un montón pero íbamos felices».
En la prueba de 800 metros logró el título de campeona argentina. Para la chiquilina pampa fue tocar el cielo con las manos. En el camino había quedado la anterior titular consagrada un año antes en Santa Fe.

Más logros.

Otro hito fue en 1973 en el Torneo del Sur Argentino, en Viedma. «Trajimos la copa Challenger, premios varios y me dieron la copa a la mejor atleta juvenil. Gané en 800; pero fue bárbaro imponerme en 400 sobre la que llamaban ‘la gacela patagónica’, Liliana Colla. En la recta final, con mucho viento en contra logré sobrepasarla. Y sí… esa vez lloré de emoción, y estaba tan pero tan feliz…».
Después en Buenos Aires marcó un registro de 2.19 en 800mts.; y en el Campeonato Nacional de mayores en Mar del Plata fue segunda (con edad de juvenil) en 800 y tercera en 1.500.
En 1974 iba a seguir encadenando éxitos, en torneos provinciales y nacionales, en el Evita, con las finales en Embalse Río III: ganó la final de 800 metros. Luego en Rosario se quedó con el preselectivo en los 800 metros; en Córdoba, en el Nacional juvenil, obtuvo en los 400 una marca de 1m01; y también ganó los 800 metros y la clasificación al Sudamericano de Perú.

Con la Selección en Lima.

Los atletas pampeanos Héctor Herrero en bala, Manuel Archanco en salto en largo y Olga Navarro en 800 metros, y Oscar De María como delegado, formaron parte del equipo argentino integrado por casi 50 atletas de distintas provincias.
«Llegamos allá en un momento delicado. Días antes hubo un terremoto importante; e incluso en nuestra estadía se producían réplicas del sismo. Pero más allá de eso fue una fiesta inolvidable que nunca más vi: 25.000 personas en el Estadio Nacional de Lima… Allí estábamos nosotros, llenos de orgullo, dispuestos a defender nuestra camiseta y llevar a nuestra tierra todas las medallas posibles; y finalmente estuvimos entre los primeros por equipo. En mi especialidad de 800 metros clasifiqué en la serie y en la final fui cuarta con un tiempo de 2.18.3».

Ganó el Caldén.

Como no podía ser de otra manera, en la Primera Fiesta del Caldén de Plata en 1974, del Círculo de Periodistas Deportivos, le dieron esa plaqueta que es uno de sus grandes orgullos. También la recibió Oscar De María como mejor dirigente.
Ya al año siguiente participó menos, y de alguna manera fue diciendo adiós a la competencia. Sus mejores registros en su trayectoria quedaron allí como excelentes marcas: en los 100 hizo 13 segundos; en 200 empleó 27; en 400 un tiempo de 1.01; en 800 logró 2.18.3; 4.53 en los 1500. Y atesora aún las medallas de los campeonatos nacionales: 5 doradas, 2 de plata y 5 de bronce; más las 6 preseas en los dos torneos del Sur Argentino.

Un repaso.

«La verdad es que me has hecho llorar…», me reprocha al decir que buscando entre sus premiaciones, recortes de diarios y fotos no pudo menos que repasar aquel período de su vida. Porque ciertamente remueve reminiscencias volver sobre un tiempo que fue hermoso… aunque el presente -por fortuna- la encuentra absolutamente plena y vital.
Vivió su juventud «a las corridas entre el colegio secundario, los entrenamientos fuertes en el estadio Municipal, torneos y viajes», y tiene de esa etapa sensaciones que no olvidará jamás.

Una época de oro.

Fue un período de oro del atletismo provincial. En el atletismo femenino, mientras aparecía Olga Navarro en su esplendor, hubo otras que también se lucían, como Elida Gino, Mary y Analía Cobos Alicia Coronel y Silvia Eberhardt. Y entre los varones del Estadio estaban Rubén Naval, los hermanos De Oro, Abel Faidutti, Daniel Albarracín, El Loro Aymal, Andrés Souto, Horacio Glusko, Eduardo Necol, Daniel Dubié… y muchos más.
De otras localidades llegaban además Eduardo López, Oscar Inchaurrondo, Manolo Archanco, Héctor Herrero, Omar Cardonatto, Norma Reucci, Nilda Sinc, Cinthia Benéitez…
«Me gusta recordar al abuelo José, que vivía en la casa de la esquina del estadio y que en las tardes de invierno me esperaba con una taza de mate cocido caliente cuando llegaba del Colegio», va hacia atrás en su mirada. «¿Los zapatos de clavos? Los traje porque son los primeros que tuve y me los compró la Federación… tienen casi», y los muestra como la reliquia que son. «Hasta ese momento corría con zapatillas comunes, las Pampero», rememora.

Sus actividades de hoy.

Olga Navarro sigue siendo una persona muy activa. «En 2011 estudié Yoga con Silvana Esteves; y en 2015 me recibí de profesora e instructora de Tai Chi, disciplina que practico y disfruto. También tomé cursos de pintura y fotografía, y actualmente salgo en bicicleta de mountain bike con mis amigos, y dos veces por semana recorremos entre 40 y 60 kilómetros. Me sumé al grupo de cicloturismo La Roseta, y es una oportunidad para conocer y hacer nuevas amistades», expresa.

El agradecimiento.

Y sigue: «El atletismo fue una etapa muy feliz… corta pero muy intensa y en la que siempre di lo mejor de mí. Tuve muchos amigos, que me brindaron su cariño y respeto; fui reconocida y aprendí cosas que aún valoro. Así que sólo me queda agradecer a mis queridos compañeros, amigos de entrenamientos y de viajes, por tantas alegrías, aunque alguna tristeza por supuesto hubo… Por el entusiasmo, por cuidarnos, por querernos, por las historias compartidas. Son experiencias inolvidables grabadas para siempre en mi corazón».
Olga compendia aquella etapa de cuando era muy joven, agradeciendo «a quienes me acompañaron. Me doy cuenta que nunca hubiera podido transitarla plenamente sin toda esta buena gente, y seguramente sin ellos no hubiera sido igual de feliz».

Breve y fantástica.

Debo decir que, a la distancia, tenía como una certeza de que la carrera de Olga Navarro se había extendido mucho tiempo… al menos una decena de años. Pero no. Sólo fueron tres temporadas en las que deslumbró a todos. Porque fue la primera y más destacada dama del atletismo provincial, pero además porque era muy buena de verdad. Alguna vez Félix Daniel Frascara -ilustre periodista de El Gráfico- acuñó una frase (quizás adoptada del tango de Enrique Cadícamo) que definía fantásticamente una situación… «Como la luz de un fósforo», expresaba refiriendo a un reconocido deportista. Y es esa frase, exactamente esa, la que le cabe de maravillas a Olga Navarro y a su carrera deportiva: Sí, fue corta y brillante… como la luz de un fósforo…

«Era toda una revelación»

«Olga fue una grande… despertó el atletismo femenino entre nosotros, en momentos en que había algunas chicas compitiendo. Pero ella fue distinta. Sí, una fenómeno». El que la definió de esa manera a la blonda deportista -de ninguna manera se la podría llamar «ex» a alguien que lleva tanta pasión en el alma- fue Dardo Pacheco. Él, también atleta en su momento, y luego como profesor instructor de la disciplina, conoce a Olga Navarro como pocos: «Si hasta es de Ataliva Roca, como yo», sonríe Dardo al preguntársele sobre la extraordinaria medio fondista de los años ’70.
Y sigue Dardo: «Fueron momentos fantásticos, con un grupo de grandes compañeros. Me acuerdo que por ahí salíamos a correr para entrenar y ella tenía un ritmo que la llevaba a estar siempre adelante, y un poco la teníamos que frenar… ‘¡Qué te pensás, que sos Olga Navarro!», le gritábamos», rememora Pacheco.

La primera mujer.

Y es otro entrenador -hoy jubilado- el que dice lo suyo: «En ese tiempo Olga era toda una revelación, porque era la primera mujer en pruebas pedestres. Una atracción aquí, y aparte a nivel nacional una de las mejores medio fondistas que hubo», expresa Raúl Risso.
Todos integraban un grupo muy unido, y «Olga es muy buena persona. Excelente. En ese momento estaban Horacio Glusko, Eduardo Necol, Susana Sánchez, Jorge y Luis Varela, Guillermo Di Liscia. Y como dirigente Juan Carlos Vega, que era el que manejaba la actividad», rememoró.
Y hay una opinión más: «Lejos la mejor atleta pampeana. Completa… Lo suyo eran las pruebas de 400, 800 y 1.500… Con el entrenamiento de hoy, con una pista de sintético seguiría siendo de primerísimo nivel». Rubén Naval, destacadísimo deportista de ese tiempo -velocista, pero además jugador de básquet y de fútbol-, no tiene dudas sobre las condiciones de Olga Navarro. «Fue buena de verdad… si hasta digo que en 800 metros, entrenando como se entrena ahora más de un varón le vería el número de la espalda a Olga corriendo», asegura. «En ese espacio de carrera fue lejos la mejor…», reafirma Naval.
«Me acuerdo que siempre me pareció muy callada, y que el de alguna forma la guió mucho fue Juan Carlos Vega», cierra.

Una atleta «distinta»

Olga Navarro era atracción por un porte y una manera de desplazarse que atraía la mirada de todos. La carrera pisando firme y contundente, la potencia y su pelo rubio al viento la convertían en figura. Aunque su humildad nunca la dejó ponerse en ese lugar.
Además hay que pensar que en ese tiempo -no sucedería hoy- por ser mujer en un ámbito en el que predominaban los varones la veían con cierta curiosidad.
«Me daba cierto pudor eso, porque incluso los diarios destacaban como una novedad que ‘iba a competir una mujer’. Pero me acostumbré», cuenta.
«¡Amo el Estadio Municipal!», dice mientras trepa esas tribunas alguna vez desbordantes de público en fervorosas pruebas atléticas. Y esto también es rigurosamente cierto. Lo curioso es que cambió tanto que esta vez no había varones haciendo deportes… Sí un montón de chiquilinas practicando fútbol. Sí, todo cambió. Evidentemente.