miércoles, 19 febrero 2020
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Otra cumbre en el Aconcagua

FEDERICO SEVILLA LLEGO A LO MAS ALTO DE AMERICA

Es difícil imaginar -para aquellos que nunca lo intentaron- qué puede pasar por la mente de una persona que acaba de hacer cumbre en el techo de América. Sentir el viento que golpea en el rostro, el sol alumbrándolo todo, la nieve envolviendo los pies, las nubes «allá» abajo… la majestuosidad de una postal magnífica e insuperable… ¿Qué habrá experimentado Federico Sevilla al concretar, por segunda vez en un año, una verdadera hazaña?
Se podría deducir que -con seguridad- habrá sentido una enorme felicidad que le estallaba en el pecho, satisfacción por saber que había podido -una vez más-; pero también es probable que haya comprendido la verdadera dimensión del hombre. Esto es, caer en la cuenta de qué pequeño se puede ser ante la majestuosidad de semejante paisaje, frente a la increíble grandiosidad de la naturaleza.
Federico Sevilla (29) hizo cumbre por segunda vez en la montaña más alta de América el pasado 30 de enero. Un día que, cuenta, nunca olvidará por la gran cantidad de nieve que cayó. Fede explica que fue gracias a sus avezados guías -Eber, Martín e Iván-, que el grupo pudo superar las dificultades de la orientación, tanto en el ascenso como en el descenso. «Sin ellos hubiera sido imposible llegar», reconoció.

Con su padre.
Hace unos tres años -exactamente un 16 de enero, el día de su cumpleaños- había hecho cumbre esa vez en compañía de su padre José, en un ascenso que fue oportunamente reflejado en estas páginas.
Se conoce que el montañismo es una disciplina de alto riesgo que pocos pueden emprender, y quienes lo practican sienten que es un verdadero estilo de vida.
Hace poco más de un año, José Sevilla y su hijo Federico hicieron realidad aquella promesa que se habían realizado mutuamente. Fue precisamente el 16 de enero de 2019 que consiguieron el objetivo.
Para José fue un sueño hecho realidad, y sostuvo que sería su última vez… Pero Federico sabía que volvería a intentarlo.
Había comenzado en el montañismo cuando tenía sólo 14 años había estado en la base del Aconcagua, pero solo a conocer. Su edad no le permitía aún pensar en el asalto al cerro más alto de América. Pero allí se convenció que alguna vez lo haría.
Ahora puede decir que sí… que lo hizo y dos veces. Junto a su padre hizo dos intentos antes del primero -en 2012 y 2015-, pero debieron resignarse ante los factores climáticos adversos.
Hasta que lo consiguieron el año pasado…

El «Seven Summit».
Ahora, Federico integró como único argentino un grupo de diez personas (tres canadienses, un búlgaro, un italiano, dos franceses, y dos chilenos). Todos liderados por Heber Orona, el primer argentino en ascender al monte Everest (8.848 mts) la montaña más alta del mundo, sin la ayuda de oxígeno, además de ser protagonista de otras proezas como la de ser el primer argentino en conquistar el circuito «Seven Summit», es decir las montañas más altas de cada continente.
En esta expedición en la que estaba el chico santarroseño, de los diez aventureros, seis hicieron cumbre a las 14. Obviamente Federico volvió a llorar -tal vez recordando la proeza que habían conseguido con su padre tiempo atrás-, al recorrerlo todo nuevamente con su mirada desde el techo de América.

La expedición.
El ascenso lo iniciaron por el Valle de las Vacas, con destino a Plaza Argentina (cara Este) -una de las bases del cerro-, para continuar hasta la cumbre. El descenso fue por Plaza de Mulas, la cara oeste. La expedición -su trayecto- es conocida con el nombre de «360», debido a que se le da toda la vuelta a la inmensa montaña, a su enorme circunferencia.
En la memoria de Federico quedaron atesoradas las más variadas anécdotas, aunque quizás tenga un recuerdo especial para el modo en que los ciudadanos chinos que participaban de otro grupo, abandonaron precipitadamente el ascenso (ver aparte).
Pero también otro montón de circunstancias, como la obligada experiencia de tener que entablar largas conversaciones con su compañero de carpa, un canadiense que no hablaba nada de español. «Pude practicar mi inglés… y no en la mesa de un bar», se ríe Federico al recordarlo.
Pero obviamente también hubo espacio -y tiempo- para conversar con sus compañeros sobre temas que tienen que ver con nuestro país y la actualidad.

Amor por la montaña.
Federico no quiso dejar de destacar otra coincidencia: «Es llamativo, pero precisamente el 3 de febrero -hace un par de días- se cumplieron 20 años del primer ascenso de mi papá, El Negro Sevilla. Fue él quien me inculcó el amor por la montaña», reconoce.
Cabe decir, finalmente que el joven -al margen de su afición por el alpinismo-, en lo profesional es licenciado en Administración de Empresas; aunque hoy está abocado a una actividad que lo apasiona: la fotografía y la realización de videos institucionales.
Se supone, que en esta nueva experiencia, si algo no van a faltar como recuerdos de la hazaña, serán precisamente fotos… ¿O no?

Chinos en helicóptero
Una situación que no dejó de llamar la atención de los demás montañistas, fue la fulminante decisión de abandonar el cerro por parte de todos los alpinistas de origen chino. «El tema de la epidemia del coronavirus cobró fuerza en momentos en que ellos estaban en ascenso, sin que los expedicionarios tuvieran mayores detalles sobre el desenlace final», contó Sevilla. Lo cierto es que los asiáticos debieron partir; y muchos usaron el helicóptero que presta servicio diariamente para abastecimiento o evacuaciones extremas, debido al escaso tiempo que tenían para dejar el país y volver a China.