Pampeanos en Portezuelo

En Mendoza no todos están de acuerdo con la construcción de la represa Portezuelo del Viento. Por diferentes motivos, distintos sectores sociales anticipan que habrá más consecuencias negativas que positivas, tanto para algunos pobladores de Mendoza como para el resto de la cuenca. Por lo pronto, el gobierno mendocino ha sido muy efectivo en transmitir a la sociedad la premisa de que “el río Grande no se aprovecha” y que todo su caudal termina en el océano Atlántico sin uso alguno.
Entre el jueves 15 de noviembre y el martes 20, un equipo de la Universidad Nacional de La Pampa y de la Secretaría de Recursos Hídricos viajó al sur de Mendoza para hacer un reconocimiento de la zona donde esa provincia pretende construir el dique Portezuelo del Viento, visitar sus localidades cercanas y más alejadas, y establecer contacto con algunos pobladores.
El equipo de trabajo estuvo integrado por los docentes universitarios que conforman el equipo de trabajo convocado por la Unidad de Vinculación Tecnológica (UVT) de la UNLPam para realizar el peritaje técnico del Estudio de Impacto Ambiental Regional sobre el proyecto hidroeléctrico Portezuelo del Viento. Este peritaje fue contratado por el gobierno pampeano para contar con información actualizada y sólida sobre ese estudio, tanto en su desarrollo metodológico como en sus conclusiones.
En la segunda semana de noviembre las Universidades Nacionales del Litoral y de La Plata entregaron al Coirco, el comité de cuenca del río Colorado, el informe definitivo sobre la Evaluación de Impacto Ambiental Regional que hicieron respecto del proyecto Portezuelo del Viento. Este es el documento principal que los universitarios pampeanos deben cotejar.

Una estrechura en el valle
Una de las paradas principales del viaje fue el lugar donde Mendoza quiere levantar la pared del dique que dará lugar a un enorme embalse que, entre otras consecuencias, inundará todo su entorno y modificará drásticamente la dinámica del río Grande aguas abajo.
El paraje Portezuelo del Viento es uno de los tantos bellos paisajes que se recorren a medida que se transita por la ruta nacional 145 rumbo a Las Loicas, la localidad que quedará bajo el agua si algún día se construye la represa.
En este punto el valle se cierra y forma una estrechura que da nombre al lugar y que fuerza al viento a acelerar su velocidad. La brisa allí es prácticamente permanente.
Un terraplén que avanza hacia la mitad del cauce y las marcas con pintura en las laderas del macizo rocoso, evidencian algunos trabajos recientes con vistas a la elaboración del proyecto de obra. El terraplén fue levantado para estudiar la composición de sedimentos en el cauce del río, un dato fundamental a la hora de elaborar el proyecto ejecutivo del dique.
En las laderas de la montaña, las marcas realizadas cada 50 metros, partiendo desde la altura de 1.500 metros sobre el nivel del mar, revelan la enorme altura que se proyecta para el paredón de la represa.

A favor y en contra.
En el sur de Mendoza no todos están de acuerdo con Portezuelo del Viento. La visita del equipo pampeano permitió tomar contacto directo con la tensión social que genera el proyecto hidroeléctrico.
El gobierno mendocino ha sido muy efectivo con su discurso de que “el río Grande no se aprovecha” y con ello ha logrado convercer a una parte de su población de que es hora de empezar a aprovechar ese enorme recurso y de que la represa es el punto de partida.
Para ello ha contado con la invalorable ayuda de los medios de comunicación de esa provincia y de la propaganda del gobierno nacional, aliado incondicional de Mendoza en este proyecto.
Que “el río Grande o se aprovecha” es una verdad a media, que como todas las medias verdades está más cerca de una mentira que de un aserto. El río Grande tiene poco uso en la provincia de Mendoza, pero es un elemento fundamental e importantísimo para miles de personas y enormes superficies productivas ubicadas en los tramos medio e inferior de la cuenca.
Los que están de acuerdo con Portezuelo son mayormente las generaciones más jóvenes y quienes estiman que la represa traerá trabajo y prosperidad al lugar. Son principamente comerciantes de la zona que anticipan un flujo de trabajadores y de turistas que les permitirá multiplicar sus actividades.
La promesa de trabajo durante la construcción, junto con la bonanza que traería el aprovechamiento del perilago, inclinaron estas opiniones a favor del proyecto hidráulico.
El problema es que, según pudo apreciar la delegación pampeana, son muchos los que quieren apropiarse de una promesa de futuro que, hoy por hoy, está bastante lejos. La localidad de Las Loicas, que será reubicada junto al dique, junto con la localidad de Bardas Blancas, que se encuentra unos pocos kilómetros aguas debajo de la estrechura, y la ciudad de Malargüe, compiten por capitalizar los beneficios de la obra.
Es por eso que algunos pobladores y pequeños empresarios ya han planteado su oposición a que se autorice el desembarco de megaproyecto inmobiliarios, turísticos y hoteleros que se lleven los mejores resultados del proyecto y para ellos sobre queden migajas. Hasta ahora, nadie ha garantizado que ello vaya a ser así.

Transhumantes.
En la vereda de enfrente se encuentran grupos sociales con escasa visibilidad social y menor llegada a medios de prensa y sectores de poder. Se trata de los puesteros transhumantes que viven junto al río y que deberán buscar nuevas tierras si algún día el embalse empieza a llenarse. Son los que más resisten el cambio y también los que más desinformados están. La falta de precisiones sobre su futuro causa gran estrés y mucha incertidumbre.
La mayoría de estos pobladores practican la “veranada”, que significa llevar sus rebaños a la cordillera en verano para que allí se alimenten. Es la transhumancia, un estilo de vida que está en vías de desaparición y que el dique afectará aún más.
No son los únicos que resisten la obra. También grupos ambientalistas y aquellos que promueven la causa “ríos libres” están de su lado.
Otro foco de resistencia está en la localidad de Las Loicas, donde algunos pobladores ya han anticipado que no abandonarán sus hogares. El rechazo total se refleja en los grafitis con la leyenda “no al dique” que algunos de ellos ha pintado en la parte posterior de los carteles de la ruta 145, y también en uno de los pilares del puente sobre el río Grande que lleva al paso Planchón Vergara. “Bárbaros, no destruyan la belleza natural. No al dique Portezuelo del Viento”, reza la pintada.
Un común denominador que recabó la delegación pampeana fue la falta de información genuina y directa sobre el proyecto que el gobierno cuyano ha bajado a los pobladores que serán afectados directamente por la obra. Lo que saben llega por los medios de comunicación y por algún taller realizado en la localidad de Las Loicas. Pero la mayoría, está en el aire.
Una joven malargüina que dialogó con el equipo de la UNLPam sintetizó el pensamiento de quienes confrontan el discurso oficial: Con lágrimas en los ojos la joven afirmó: “Soy hija y nieta de crianceros, y no quiero ese dique”. Los meses venideros mostrarán si la balanza se inclina a favor de su historia personal, o el discurso de que el río no se aprovecha, termina por prevalecer.

Un pueblo que desaparecerá
Las Loicas es una localidad pequeña y muy pintoresca ubicada entre los coloridos cerros de la Precordillera mendocina. Allí están las oficinas de Aduanas y de Migraciones donde se deben realizar los trámites para pasar a Chile a través del paso Pehuenche, que se encuentra a pocos kilómetros. Cerca está otro posible paso a Chile, es el paso Planchón Vergara, ubicado un poco más al norte y por camino de ripio.
La localidad está emplazada en la confluencia del río Chico con el río Grande. Es un vergel de una belleza paisajística enorme, con grandes arboledas y terrenos prolijamente delimitados. A las 3 de la tarde, cuando la comitiva pampeana llegó al lugar, todo era tranquilidad y paz, sin signos de actividad, ni vehículos que llegaran de Chile o circularan hacia la frontera.
La inactividad es consecuencia de que Aduana y Migraciones permanecen cerrados entre las 14.00 y las 16.00. ¿El motivo? La localidad no está conectada a la red eléctrica y debe proveerse con una pequeña central térmica que funciona entre las 8.00 y las 14.00, y las 16.00 y la medianoche.
Cuando la energia vuelve a circular por la localidad, las oficinas reabren sus puertas y los vehículos vuelven a circular por la zona, en ambos sentidos.

Participantes del reconocimiento
En grupo que viajó a Mendoza estuvo integrado por José Gobbi, coordinador del equipo, y los docentes Beatriz Dillon, Beatriz Lucero, Mónica Castro, Omar Del Ponti y Fernando Tourn. Fueron acompañados y guiados por el delegado alterno de La Pampa en el Coirco, Juan Greco, y Hugo Bonnet, un empleado de Secretaría de Recursos Hídricos de La Pampa con un gran conocimiento de la zona. El equipo universitario se completa con los docentes Sergio Abascal y Darío Aimar.