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«Papá tenía a una menor secuestrada»

Los recuerdos que Stella Maris Martínez Cena (35) y su hermano Diego (39) tienen sobre su madre, Alicia Margarita Cena, son pocos pero elocuentes: una versión sospechosa de su padre, los recuerdos de una amiga de la familia y las escenas de brutal violencia a las que era sometida y que Diego presenciaba. Hace dos meses, Stella Maris fue al Registro Civil santarroseño en búsqueda de la partida de nacimiento de su progenitora, que murió cuando ella tenía tres años, y se encontró con un dato que la dejó impresionada: su madre figura como desaparecida de la dictadura.
«Nosotros teníamos sospechas. Mi mamá murió cuando yo tenía tres años y nunca tuve una sola foto de ella», le cuenta Stella a LA ARENA. «Mi papá nos trató con crueldad a nosotros y también a ella», agrega al tiempo que Diego, su hermano, recuerda: «Hace un tiempo hablé con ‘Beba’, que era la madre de una amiga de mi mamá, y me contó que ella se sabía escapar de mi padre y se iba con la amiga. Al rato mi papá iba con el arma reglamentaria y se metía en la casa a buscarla».
Con algunas dudas y la necesidad de hacer un trámite, Stella fue hace dos meses al Registro Civil, donde le indicaron que su madre, Alicia Margarita Cena, «no figuraba en el sistema, que el certificado de nacimiento era trucho y el original está en Capital Federal». Ahí le pidieron que vaya a la Secretaría de Derechos Humanos provincial, donde le confirmaron que su madre figuraba como desaparecida en una lista del Centro de Documentación e Investigaciones de la Cultura de lzquierda en Argentina (Cedinci), donde se inició un proceso para investigar su paradero y su historia.
Desde hace dos meses, Stella y Diego no paran de luchar por conocer los datos que les permitan reconstruir la historia de su madre y la verdadera identidad que los atraviesa.

Historia.
Según cuentan Diego y Stella Maris, su padre se llamaba Mario Ricardo Martínez y era oficial de la Seccional Primera de la Policía de La Pampa. «Nos enteramos que figuraba en el sistema como desaparecida desde los 16 años, aunque la versión que mi papá nos contaba era que la conoció porque ella se había escapado de su familia. La verdad es que mi papá tenía a una menor secuestrada», cuenta la mujer.
Alicia, su madre, nació en 1961 en Capital Federal. Recientemente se enteraron que en 1977 fue secuestrada por Martínez, quien la trajo a Santa Rosa y adulteró el acta de nacimiento en el Registro Civil. Cuatro años después nació Diego, en 1981, y en 1985 Stella Maris.
Dos años después de su nacimiento, en 1987, la familia se mudó a la localidad de Miguel Riglos.

«Siempre repetía lo mismo».
Durante la entrevista que realizó este diario, ambos aportaron una decena de datos relacionados al relato de terceros que tuvieron contacto con su madre. «Nos contaron que ella (Alicia) repetía siempre lo mismo, que quería ir con sus padres. Pero se escapaba y no sabía a donde ir porque tampoco sabía como había llegado», asegura Stella Maris.
«Mi abuela paterna contaba que cuando conoció a mi mamá la vio vestida con ropa así nomás, porque mi papá le había quemado todas las pertenencias que tenía cuando la encontró en Buenos Aires y la secuestró. Un día la llevó a comer a la casa y mi abuela nos contó que le preguntó de donde la había traído y el no decía nada», agrega.

Acta adulterada.
En relación al secuestro de su madre, los hermanos cuentan que Martínez le armó a Cena un acta «trucha» al que LA ARENA tuvo acceso. En el mismo está señalado el nombre, la fecha de nacimiento y el documento de Alicia, de profesión estudiante y un «sí» que asegura su capacidad para leer y escribir.
Además, detalla que en diciembre de 1977 vivía en el barrio General Savio, un complejo de monoblocks ubicado en el barrio porteño de Villa Lugano en el edificio 42 – P12. Más abajo también figuran datos de junio de 1983, donde se detalla que tenía domicilio en una casa de la calle Berutti, en Santa Rosa, y que su profesión era mucama.
Para los hermanos Martínez Cena, ese acta, que tiene la firma de Alicia Margarita Cena, es «trucho» y fue completado por ella bajo las indicaciones y la presión de Martínez, ya que «lo necesitaba para hacer trámites».

Muerte.
Al volver sobre la historia de su madre, Diego cuenta que unos pocos meses después que la familia se mudó a Miguel Riglos, en el año 1988, su madre murió.
«Recuerdo que el día que murió había cocinado milanesas con puré y que luego se acostó a dormir conmigo. Yo era muy, muy chiquita, pero me acuerdo que me desperté y ella no estaba, entonces me levanté, fui al baño y la vi tirada con mi papá zamarreándola», afirma Stella Maris. A su vez, asegura que «para mi, la mató», aunque en la clínica donde finalmente murió un día después figura un acta en el que «dejaron asentado que la muerte se produjo por falta de inyectables y medicación, porque era diabética».
Hace siete años que el policía retirado murió y se llevó todas las respuestas a la inmensa cantidad de preguntas que se plantean Diego y Stella, que ahora, con lo poco que tienen, luchan por reconstruir su historia y atar los múltiples cabos que están sueltos.

Denuncia.
El abogado de Stella Maris, Franco Catalani, anticipó a este diario que en las próximas semanas presentarán una denuncia en la justicia federal para que tome intervención en el caso, de esa manera intentarán apuntalar aún más la investigación para confirmar o descartar la posibilidad de que se trate de un secuestro.
«No hay datos en ningún registro oficial desde que la madre vino a La Pampa a través de un matrimonio muy forzado, tenemos que ver en qué circunstancias lo hizo. Pensamos profundizar la información del Cedinci», detalló Catalani.
Finalmente, contó que se comunicaron con la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación que los está asesorando respecto de los pasos a seguir y que también consultaron la información disponible en el Archivo Nacional de la Memoria donde «figuran personas del apellido Cena pero aparentemente no hay ningún parentesco».

Recuerdos dramáticos.
Escuchar el relato de los hermanos Martínez Cena es estremecedor, y en ningun momento de la entrevista deja de entreverse la profunda necesidad de ambos por saber quién era su madre, cómo vino y en qué circunstancias. Diego, por ser mayor, tiene algunos recuerdos de su madre con vida, todos atravesados por escenas de violencia. «Mi viejo no tenía un buen carácter, nos crió con bronca y golpes, cuenta sobre la relación con su padre, y añade: «Hace un tiempo fui a Miguel Riglos en moto y paré en la casa de una señora que conocía a mi mamá y me contó que le había enseñado a destrabar la persiana de la habitación para que se escape, porque mi papá la tenía encerrada». Luego de unos segundos en silencio, narra otra imagen que le quedó marcada con claridad en su memoria: «Un día la vi a mi mamá tirada en la cama con mi padre encima metiéndole el arma reglamentaria en la boca». El joven posee en su mano derecha una parálisis que lo acompaña desde su nacimiento. Ambos hermanos suponen con bastante seguridad que esa discapacidad fue ocasionada por los golpes que Mario Ricardo Martínez le propinó a Alicia durante el embarazo.