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Historia del Parque Luro: el mayor caldenal y primer coto de caza del país

Un caldenal único en el mundo, en un predio que fue el primer coto de caza de Argentina, y un palacete estilo francés devenido en museo, son parte de la Reserva Provincial de Parque Luro, que alberga todos los ambientes de La Pampa y es otro aspirante a ser una de las 7 Maravillas argentinas.

Además de sus vestigios e historia precolombina y contemporánea que encierra, Parque Luro es escenario de un espectáculo natural único: la brama del ciervo colorado, cuando en época de reproducción los machos protegen y se disputan los harenes a fecundar y lanzan sus fuertes bramidos en el crepúsculo.

Asimismo cuenta con unas 1.600 hectáreas abiertas al público, con recorridos a instalaciones y por senderos para observación de flora y fauna, hay otras 6.000 de zona intangible o sólo para estudios científicos y ambientales, donde habita el emblemático puma, uno de los varios felinos de la reserva.

El acceso está 35 kilómetros al sur de Santa Rosa, en el departamento Toay, y desde la Ruta Nacional 35 se puede ver desde lejos el edificio blanco que sobresale en el mar de caldenes, junto a la laguna salitrosa Bajo Giuliani.

Se trata de la antigua casona que fue casco de la estancia original, un palacete de estilo externo y diseño interno dignos de la aristocracia europea, con blanquísimas paredes y techos verdes, llamado «El Castillo», que es ahora el museo del lugar.

Ese edificio es el centro del complejo que construyó Pedro Luro cuando instaló allí el primer coto de caza de Argentina, para lo que trajo ciervos colorados, jabalíes y faisanes de Europa.

Los animales llegaban por un ramal ferroviario propio, por el que también salía el caldén para leña de locomotoras con que pagaba a los ingleses de los ferrocarriles, lo que devastó gran parte del bosque.

Otras construcciones del complejo, total o parcialmente en pie, son la Casa de Servicio y Cocina, la Caldera, la Usina, la Pileta, el Ranario, el Jardín, el Tambo, el Museo San Huberto y el Tanque del Millón (de litros de agua).

La especie fundamental que se conserva en Parque Luro es el caldén, árbol identificatorio de nuestra provincia, que lo incluye en su escudo y allí es la mayor área protegida del planeta.
La naturaleza ofrece en el Parque los tres ambientes de La Pampa: bosque, laguna y medanal, en el marco del ecosistema del caldenal, que es único en el mundo y alberga una biodiversidad interrelacionada en estos ambientes naturales.
La arboleda cubre amplias superficies en forma tupida, en otras es más dispersa, con mayor espacio y claridad entre los caldenes, por lo que las copas son más amplias.

También hay zonas abiertas como sabanas, con pastizales amarillentos en otoño, entre los que se pueden ver ñandúes, zorros, vizcachas y zorrinos.
De la interminable variedad de aves, las de mayor presencia son lechuzas, perdices, monjitas, bracitas, teros, ventevos, tordos, patos, gallaretas y teros reales, más los caranchos que anidan en lo alto de los árboles.
Las cotorras están entre las más ruidosas y de mayor número, con nidos comunitarios cual gigantescas colmenas, y su canto es el sonido de fondo predominante entre los de otros pájaros.

En lo arqueológico, algunos senderos turísticos pasan por excavaciones con restos de culturas precolombinas, por el Museo del Caserío, con edificaciones de los últimos siglos, y El Matusalén, como bautizó Luro a un caldén varias veces centenario.

En otoño, el principal atractivo es la brama del ciervo colorado, un sonido único de llamado de los machos a las hembras en la época de celo, que al alba o al atardecer se impone sobre el coro de aves. (Télam)