Inicio La Pampa "Pasamos épocas difíciles, pero como ésta, ninguna"

«Pasamos épocas difíciles, pero como ésta, ninguna»

EL JOCKEY SE CONVIRTIO EN RESTAURANTE, PERO TUVO QUE CERRAR

La pandemia del coronavirus hizo que los dueños del boliche Jockey de Santa Rosa, en plena crisis económica, decidan montar un resto-bar con mesas y sillas sobre el mismo lugar en el que miles de personas bailaban cada fin de semana desde hace más de tres décadas. Pero a poco más de dos semanas de la apertura tuvieron que volver a cerrar sus puertas ante el brote en la provincia.
El mítico boliche santarroseño abrió sus puertas hace 34 años en los que, según cuenta uno de sus propietarios, Juan José Bessega, «atravesamos épocas de crisis, inflación, hiperinflación… pero como la que estamos pasando ninguna». Es que el local bailable lleva cerradas sus puertas desde hace cuatro meses, y el sostenimiento económico de la estructura cada vez es más complicado.
Por eso, después de aguantar más de cien días con las puertas completamente cerradas, el pasado 10 de julio el local fue autorizado para reabrir sus puertas pero no como boliche sino como restaurante. «Analizamos el panorama y viendo que era para largo nos animamos a abrir con todos los controles para que la gente venga a comer y por suerte nos acompañaron», agregaron en diálogo con LA ARENA durante una entrevista realizada antes de que, el pasado viernes, el gobernador Sergio Ziliotto anunciara la suspensión de los encuentros sociales y de la asistencia de público a locales gastronómicos. Eso puso una pausa impensada a la apuesta por la reinvención del local de la calle 9 de julio.

«No lo imaginamos».
«En 34 años de boliche jamás nos imaginamos esto, es lo peor que nos tocó en la vida», soltó con seriedad Eduardo Gregorio, el otro propietario del Jockey, al tiempo que manifestó que la decisión de poner mesas y sillas sobre la pista de baile fue muy pensada ya que, pese a que genera algo de movimiento económico, les resulta inviable.
«Pensamos mucho en si abrir o no porque los costos son muy altos y tenemos habilitación para 120 personas cuando en una noche normal de fin de semana entran mil personas a bailar. Eso se nota en la recaudación: estamos en un 10% de lo que podría ser un sábado a la noche y se complica para mantener la estructura», lamentó Gregorio apoyado detrás de la barra de su boliche.

«La gente responde».
A lo largo de su historia, por el escenario del Jockey pasaron bandas como Almafuerte, Las Pelotas, Viejas Locas, Rata Blanca, Guasones y un sinfín de exponentes del rock argentino. Y no sólo nacionales, porque también fue cuna de incipientes -y no tanto- grupos locales como Moloko, DM2, Questo-Quelotro o Indio Brujo, entre muchos otros.
Pero en la actualidad la pandemia hizo que los colores, la música y el clima cotidiano del boliche quede relegado temporalmente a un ambiente frío y oscuro con el sonido del eco permanente. Sin embargo, desde el 10 de julio los propietarios motivados por no dejar caer el lugar más que por lo económico decidieron poner mesas y recibir público.
«Tenemos varias mesas en la pista y también en lo que es 222, el bar que funciona como siempre. El menú que teníamos está bastante lindo, variado y con bajos precios», dice Bessega al tiempo que rescata que «el público responde bastante bien, incluso vienen muchos ‘jockeros’ viejos con sus hijos y les muestran el lugar».

Momento crítico.
Con las nuevas restricciones a raíz del brote de coronavirus que surgió la semana pasada, la reinvención del mítico boliche quedó pausada. Y sus propietarios aseguran que atraviesan una situación económica bastante compleja, común a todo el sector.
«Muchos bolicheros han tenido que cerrar, vender equipos o hasta pusieron una verdulería porque a esto no se le puede hacer más frente, el sector está en agonía y este es un año perdido», expresó Gregorio.
En el cierre, ambos destacan que la pandemia hizo que los distintos empresarios del sector se agruparan bajo Industria del Entretenimiento de Argentina (Idear), «y estamos debatiendo protocolos para ver cómo sigue esto y cuándo volvemos».